SISTEMA PÚBLICO DE SALUD

Marianela ‘Tori’ Burgos y su doble rol: trabajadora y paciente del Hospital ‘Dr. Ramón Carrillo’


La profesional riojana, que desde 2024 brinda su aporte al centro de salud, se enfrentó a vicisitudes inesperadas. Su historia de vida trajo enseñanzas, empatía y solidaridad gracias al aliento de sus vínculos afectivos y la asistencia de la salud pública.

“Que salga el sol, un arcoíris, poder levantarse, tomar un vaso de agua solo, ir al baño, lavarte los dientes, respirar, levantarte y que no te duela nada. Eso es un montón”, apreció.

Marianela Burgos tiene 43 años, dos hijos, un marido cardiólogo y un apodo que la sigue desde la infancia: Tori. Se lo pusieron sus padres porque de chiquita usaba andador y andaba chocando todo, como un torito. Actualmente, ese nombre dice más de ella de lo que cualquier presentación podría resumir.

Llegó a San Luis hace dos años con un camión de mudanza lleno de ilusiones. Venía de La Rioja, dejaba atrás a su familia y su tierra. Pero dos meses antes de partir, había dejado también algo que no se elige dejar: su hermana más chica murió de cáncer.

Fue, paradójicamente, ese dolor tan enorme el que le hizo más liviano el desarraigo. “Digo: me vengo, pero los tengo a mis viejos y a mis sobrinos; los tengo vivos. Puedo llamar, nos podemos ver. En cambio con mi hermana, no”, cuenta y en esa frase cabe todo.

San Luis la recibió bien. El Hospital ‘Dr. Ramón Carrillo’, al que ella llama ‘el shopping de la salud’ con una sonrisa, la abrumó al principio por su tamaño, pero la envolvió enseguida con su calidez.

Entró con su currículum, pasó por distintas áreas y terminó siendo secretaria del tercer nivel de Cardiología: cirugía cardiovascular, hemodinamia y electrofisiología. Casada con Pablo Cabrera, cardiólogo de la UCO del mismo hospital, ‘Tori’ conocía ese mundo desde adentro. Sabía de procedimientos, diagnósticos y riesgos. Había estudiado Medicina hasta 5° año, le faltaban solo tres materias para recibirse. Sabía, en definitiva, demasiado como para no entender lo que vino después.

Las llaves del auto y una ecografía

Fue un martes 23 de setiembre. Uno de esos días normales en que el tiempo pasa sin avisar. ‘Tori’ fue al consultorio de su marido a buscar las llaves del auto, nada más que eso. En ese momento, sin saber bien porqué, le pidió que le hiciera una ecografía. Así, al pasar. “¿En serio querés que te la haga?”, le preguntó Pablo. “Sí, en serio, haceme que me tengo que ir a trabajar”, respondió ella.

Llevaban 17 años casados. Nunca, en todo ese tiempo, ella le había pedido algo así. Pablo le hizo la ecografía, la miró y le dijo, con una calma que era en realidad otra cosa: “Hay algo que está mal. Lo vamos a solucionar, pero hay algo que está mal”. ‘Tori’ no tenía ningún síntoma. Nunca se había sentido mal.

Entró la doctora Benavidez, la miró y dijo: “Opino lo mismo que vos”. Después vino el consultorio con el doctor Farez y ahí se supo: tenía un aneurisma muy grande en la aorta ascendente e insuficiencia de la válvula aórtica. El riesgo de rotura era altísimo. El de mortalidad, también.

En quince días la operaron.

Del otro lado del mostrador

“Estar tan cerca de la muerte es intransferible”, dice ‘Tori’, y lo dice con la precisión de quien sabe exactamente lo que significa cada palabra. Ella, que programaba las cirugías de otros, que acompañaba a los pacientes desde el lado administrativo, que conocía los pasillos y los protocolos, de repente era la paciente.

Emocionalmente fue muy duro, pero eligió enfocarse en el día a día. Un estudio. Un trámite. Un paso. Reforzó su terapia psicológica. Llamó a sus padres, que viajaron a los tres días y se quedaron tres meses y medio. Ellos, aún golpeados por la muerte de la hija más chica, acompañando a esta otra hija que se había asomado al borde.

“Sabemos que pasa”, expresa ‘Tori’ al recordar ese momento. En su familia ya se sabía lo que ocurría. Aún así, había que seguir. “Yo no quería morirme, y puse todo de mí para que eso no suceda”, afirmó.

Su marido Pablo estaba ahí, pero shockeado. Era su compañero y su pilar, aunque en ese momento no podía ser su médico. “Lo necesitaba como compañero, no como médico”, dice ‘Tori’, y en eso también hay una sabiduría enorme. Eligió que otro cardiólogo fuera su médico de cabecera, ya que hay cosas que el amor no puede hacer, y mezclar tanto lo emocional con algo tan difícil no le hacía bien a ninguno.

Dos veces el quirófano

La primera cirugía fue la del aneurisma y la válvula. No obstante, la historia no terminó ahí. Dentro del quirófano, ‘Tori’ tuvo un infarto. Le hicieron un bypass y, una semana después, volvió a entrar al quirófano.

Dos veces.

Su mamá, mirando todo eso, encontró las palabras que quizás nadie más podría haber dicho: “Fijate, fijate: tu hermana perdió la batalla y vos no. Son las dos caras de la misma moneda.”

Lo que quedó después

La recuperación fue dura. ‘Tori’ perdió la autonomía completa. No podía higienizarse sola ni tampoco comer. Había que ayudarla con todo. “Hay que tener mucha paciencia. Uno y los que te cuidan también”, dice sin dramatismo, con la lucidez de quien lo vivió de verdad.

En enero volvió a trabajar en el mismo hospital, en los mismos pasillos. Programó las cirugías de otros pacientes que, quizás, sienten exactamente lo que ella sintió. Sin embargo, sostiene que volver le da tranquilidad y que el Carrillo le genera paz, como volver a casa.

Antes de su operación, 37 personas donaron sangre para ella. Compañeros, conocidos y gente de la institución. “Las palabras no alcanzan”, repite ‘Tori’. Se le nota que es cierto y que no es una frase hecha, realmente siente que lo que recibió no tiene nombre.

Lo que aprendió

‘Tori’ habla de Dios, que nada sucede en vano y que algo tenía que aprender de todo esto. Lo que aprendió no es abstracto ni grandilocuente. Es concreto, pequeño y, por eso mismo, enorme.

“Que salga el sol, un arcoíris, poder levantarse, tomar un vaso de agua solo, ir al baño, lavarte los dientes, respirar, levantarte y que no te duela nada. Eso es un montón”, sostiene.

Marianela dice que hay cosas mundanas detrás de las que uno corre (el auto, la casa, el viaje) y que, mientras tanto, no se disfruta lo que realmente importa. Cuando los pacientes llegan al hospital hay que tratarlos bien, según ella. ‘Tori’ estuvo del otro lado y sabe lo que significa que alguien te trate bien cuando tenés miedo.

De acuerdo a su visión, los afectos son lo más importante. Sus hijos Santiago y Lucas, de 16 y 9 años, su marido, sus sobrinos, sus padres, su hermana Fabi y sus compañeros.

Burgos tiene una sola pregunta que todavía ronda en su mente, que quizás nunca tenga respuesta y que le despierta intriga: ¿Qué fue lo que la impulsó ese martes de octubre a pedir esa ecografía, sin síntomas, sin razón aparente, al pasar, mientras buscaba las llaves del auto?

Diecisiete años casada con un cardiólogo. Nunca se lo había pedido.

Ese día, sí.



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