CONEXIÓN SAN LUIS
El otoño en las sierras: historia, colores, aire puro y paisajes inolvidables
Recorrer el circuito Sierras Doradas en otoño es dejarse envolver por una postal cambiante. El trayecto asciende hasta los 1.800 metros sobre el nivel del mar y regala vistas imponentes de los cordones serranos, el cerro Tomolasta y los cerros Mellizos.

En el corazón de las Sierras Centrales, el otoño parece haber encontrado uno de sus escenarios más perfectos. Entre tonos ocres, aromas serranos y caminos que serpentean entre montañas, el circuito de las Sierras Doradas invita a descubrir uno de los recorridos más fascinantes de la provincia: el histórico Camino del Oro. Son apenas 34 kilómetros los que separan a La Carolina de San Francisco del Monte de Oro, pero en ese trayecto el tiempo parece expandirse. Cada curva de la ruta provincial Nº9 guarda relatos de mineros, viajeros y buscadores de fortuna que, siglos atrás, atravesaban estas sierras transportando oro y sueños.
Aquel antiguo corredor minero se transformó en una de las rutas escénicas más cautivantes de San Luis, ideal para una escapada de fin de semana en otoño, cuando el paisaje adquiere una belleza especial y el clima templado invita a recorrer sin apuro.
Los ‘caracoles’ del camino suman emoción a una travesía donde abundan miradores naturales, arroyos cristalinos y vegetación autóctona teñida por los colores de la estación. El aire fresco, la tranquilidad y el silencio de las sierras convierten el recorrido en una experiencia ideal para quienes buscan desconexión y contacto con la naturaleza.
En cada parada aparecen opciones para disfrutar del entorno; senderismo, cabalgatas, excursiones serranas, camping y baños en ríos y cascadas forman parte de una propuesta turística que combina aventura y descanso.

Un camino que cuenta historias
El llamado ‘Camino del Oro’ conserva intacta la esencia de los antiguos pueblos mineros. La historia se respira en cada rincón de La Carolina, fundada en 1792 por el Marqués Rafael de Sobremonte en honor al rey Carlos III, luego del hallazgo de oro realizado por Tomás Lucero en la región.
Durante los siglos XVIII y XIX, miles de personas llegaron atraídas por la fiebre minera. Las sierras se llenaron de túneles, galerías y campamentos improvisados. Desde aquí partían cargamentos hacia otros centros de procesamiento, incluso hasta la Casa de Moneda de Santiago de Chile.
Ese legado aún permanece vivo en las calles empedradas, las casas de piedra y las antiguas minas que hoy forman parte del atractivo turístico. Entre ellas sobresale la histórica mina Esperanza, donde los visitantes pueden adentrarse en las entrañas de la montaña y conocer cómo era la vida de los mineros de la época.
Muy cerca, el río Amarillo sorprende con sus tonalidades doradas, un fenómeno natural asociado a la presencia de minerales y que parece mantener intacta la memoria del oro que alguna vez marcó el destino de la región.

Cultura viva entre poesía y tradiciones
Además del valor paisajístico, el Camino del Oro conserva una profunda riqueza cultural. En San Francisco del Monte de Oro, la historia educativa y rural del pueblo sigue presente en su emblemática escuela fundacional y en la identidad tranquila de un valle que mantiene intactas muchas de sus tradiciones.
En La Carolina, el patrimonio también se expresa a través del arte y la literatura. Allí se encuentra el Museo de la Poesía ‘Juan Crisóstomo Lafinur’, un espacio que une cultura, memoria e identidad puntana.
La experiencia se completa con la gastronomía regional: guisos mineros, chivo, cordero, productos artesanales y cerveza elaborada en la zona acompañan el viaje con sabores auténticos y serranos.

Uno de los pueblos más lindos del mundo
La belleza y autenticidad de La Carolina trascendieron fronteras en 2023, cuando la Organización Mundial del Turismo la distinguió como uno de los ‘Best Tourism Villages’, reconocimiento internacional que destaca a los pueblos que preservan su patrimonio cultural y natural.
Ese espíritu es precisamente el que atraviesa todo el Camino del Oro, una mezcla de historia, naturaleza y tradición que convierte al circuito Sierras Doradas en una experiencia distinta, capaz de conectar pasado y presente en medio de paisajes imponentes.
Para quienes buscan una escapada otoñal con aire serrano, caminos escénicos y pueblos llenos de identidad, este rincón de San Luis es una invitación permanente, difícil de resistir.
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