TURISMO DE FE
Balcarce, donde San Roque reúne la memoria de un pueblo entre las sierras
El 16 de agosto, auspiciarán la Fiesta Patronal de San Roque en torno a la capilla que nació del esfuerzo de los vecinos. Se trata de una celebración que representa una oportunidad para descubrir Balcarce, un antiguo paraje de historias, paisajes y tradiciones donde la fe se entrelaza con la memoria rural de San Luis.

Balcarce es un rincón sanluiseño donde el paisaje guarda historias detrás de cada árbol, cada arroyo y cada camino que se interna entre las sierras. Entre Cortaderas y Villa Larca, este antiguo paraje conserva las huellas de una población que supo construir su identidad alrededor de la escuela, los almacenes de ramos generales, las quintas, los bailes, el trabajo rural y, puntualmente, la fe.
Cada mes de agosto, esa historia vuelve a hacerse presente con la Fiesta Patronal en honor a San Roque. Por unos días, la festividad transforma la tranquilidad habitual de Balcarce y convoca a vecinos, familias y visitantes alrededor de la pequeña capilla que lleva el nombre del santo.
La fiesta constituye un acontecimiento religioso y una experiencia cultural que acerca a las raíces de la comunidad serrana. Posibilita comprender cómo las tradiciones pueden sobrevivir al paso del tiempo incluso cuando los pueblos cambian, se despueblan y vuelven a reinventarse.
Este año, las actividades comenzaron el viernes 7 de agosto, a las 17:00, en la capilla San Roque con el santo rosario y la novena. El sábado 15 de agosto, a las 18:00, se celebrará la Santa Misa y, a las 18:30, tendrá lugar la tradicional procesión de antorchas.
El domingo 16 será el día central. A las 11:00 se celebrará la Misa y a las 11:30 comenzará la procesión con San Roque, que recorrerá el paraje en una expresión de fe única.
Desde las 13:00, la jornada tendrá su gran cierre con la presentación de Herencia Chamamecera. La propuesta invita a llevar reposera y disfrutar, ya que en Balcarce la fiesta también se vive alrededor de una mesa, compartiendo una comida, escuchando música y conversando mientras las sierras dibujan el horizonte.

Una postal profundamente serrana
Visitar el paraje Balcarce es internarse en una geografía donde las sierras, los pequeños cursos de agua, los árboles y los caminos rurales construyen una postal profundamente serrana.
La historia del paraje se remonta a comienzos del siglo XX. Hacia 1911 era conocido como Pozo de la Oveja, en referencia a un pozo utilizado por los animales para beber. Fue por iniciativa de Brígida Juárez Aguirre, directora de la escuela local, que el lugar comenzó a ser denominado Balcarce.
La vida social comenzó a consolidarse alrededor de los almacenes de ramos generales, las quintas y la escuela. Las quintas producían duraznos, nueces, frutas secas y otros productos que inclusive eran comercializados con habitantes de localidades vecinas. La carne, la herrería y la carpintería completaban una pequeña economía rural, que permitió al paraje sostener una vida activa.
La educación fue otro de los pilares de Balcarce. El 6 de noviembre de 1909 se creó la Escuela Nacional Nº49, que abrió sus puertas el 21 de julio de 1910. Inicialmente, funcionó en un edificio cedido gratuitamente por Cleofe Lucero, quien además donó dos hectáreas destinadas a la construcción de la futura escuela. Décadas después, el establecimiento tendría edificio propio y, en 1991, al pasar a la órbita provincial, adoptaría su actual denominación: Escuela Nº186 ‘Granadero Juan M. Alcaraz’.

Cuando Polo Godoy Rojo llegó a Balcarce
El escritor Policarpo Segundo Godoy Rojo, conocido como Polo Godoy Rojo, lo describió con particular sensibilidad cuando recordó su llegada al paraje en 1937. Arribó como un joven maestro que, con el tiempo, se convertiría en uno de los grandes escritores de San Luis, quien se involucró con la sociedad de aquella época.
El autor visitó familias, incentivó que los chicos asistieran a clases y convirtió la educación en una herramienta de transformación social. Su recuerdo permanece como uno de los capítulos más valiosos de la historia cultural de Balcarce, un docente que entendió que enseñar también era conocer el lugar, caminar sus caminos y acercarse a su gente.
Habló de los caminos, las sierras cautivantes por sus colores, los huertos, los arroyitos y los pájaros. En esas palabras, aparece una de las grandes riquezas turísticas de Balcarce: su capacidad para ofrecer una experiencia de naturaleza serena, lejos de las multitudes y del ritmo acelerado de los destinos tradicionales.

La capilla que nació de la comunidad
La historia de San Roque está íntimamente ligada a la voluntad de sus habitantes. El 6 de febrero de 1942, se conformó la Comisión Pro Oratorio, integrada por vecinos que comenzaron a trabajar para concretar un espacio destinado al culto.
Meses después, el 20 de octubre de 1942, Francisco Lucero donó un terreno de 5.625 metros cuadrados al Obispado de San Luis para la construcción de una capilla. La piedra fundamental fue bendecida el 21 de marzo de 1943 por el sacerdote Pacífico Albero, en representación del obispo monseñor Pedro Dionisio Tibiletti.
Cuatro años después, finalizó la construcción de un oratorio y, durante la década de 1950, se levantó la actual capilla bajo la dirección de Cosme Nievas, con la colaboración de numerosos vecinos. La comunidad también aportó los elementos que acompañarían la vida religiosa del templo: una imagen de San Roque, otra del Niño Jesús, un crucifijo, las cruces del Vía Crucis, una campana y bancos.
San Roque es reconocido por la tradición cristiana como protector frente a las epidemias y como patrono de los perros. Su figura está profundamente arraigada en numerosas comunidades rurales argentinas. En Balcarce, su presencia adquiere un significado particular: está vinculada directamente con la historia de la capilla y con el esfuerzo de aquellos vecinos que, hace más de ocho décadas, decidieron levantar un lugar de encuentro para la comunidad.
Se trata de un viaje imperdible para quienes visitan Cortaderas y la Costa de los Comechingones. Hace 28 años, la capilla fue uno de los escenarios donde José Sacristán, Federico Luppi, Hugo Arana, Leonor Benedetto, Lito Cruz y Cecilia Roth compartían la filmación de ‘Un lugar en el mundo’, una película que resultó ganador del premio ‘Goya’. Aquellos días de rodaje quedaron para siempre en el recuerdo de los vecinos, que además participaron como extras.
La visita puede complementarse con los atractivos naturales y culturales de Cortaderas, como asimismo de localidades aledañas, disfrutando de paisajes serranos, arroyos y caminos rurales.

