AÑO DE LA EDUCACIÓN
“Para ser docente hay que llevarlo en el alma”
Gabriela García, de la Escuela N°357 ‘Máximo Camargo’ de La Toma, fue reconocida con el premio al Mérito Docente en representación de la Región V. El pasado 11 de septiembre recibió la distinción en el Solar Histórico de San Francisco del Monte de Oro, junto a otros nueve educadores de toda la provincia.

Hace 10 años que es docente y durante su trayectoria continuó formándose en Trastornos Emocionales Severos y luego comenzó la Licenciatura en Psicopedagogía, de la que se recibió hace dos años. “Esa formación es mi pilar diario para acompañar a mis alumnos”, contó.
El reconocimiento la tomó por sorpresa, ya que jamás imaginó que podía recibirlo. Antes de la selección final del Ejecutivo provincial, había sido elegida por votación de sus compañeras para representar a la institución, algo que para ella ya significaba un gran logro y que le generó mucha emoción.
“Dedico mucho tiempo, ganas, creatividad y formación profesional constante y ser elegida y que valoren lo que uno hace con el alma y amor es inexplicable”, expresó. Para Gabriela, la iniciativa del Gobierno provincial fue “una caricia al alma”. También consideró que la formación continua es clave para sentirse más segura al momento de dar clases y acompañar mejor la trayectoria escolar de los estudiantes. En su caso, la psicopedagogía le brinda herramientas para comprenderlos y acompañarlos más allá del aprendizaje.

La distinción incluyó un certificado, una estatuilla institucional y un voucher para participar del Congreso de Innovación Educativa, que se realizará en Montevideo, Uruguay, del 17 al 20 de noviembre. Para la educadora, representar a la Región V también significó representar a su escuela y a toda la localidad de La Toma. En ese sentido, destacó a los docentes urbanos y rurales que cada día llegan a las aulas con amor y compromiso para dar lo mejor de cada uno.
En ese camino también recordó sus comienzos, cuando viajaba todos los días 83 kilómetros de ida y vuelta para cursar en el Instituto de Formación Docente Continua San Luis. Su familia y, especialmente, sus hijos fueron y siguen siendo su gran motor.

Después de una década frente al aula, aseguró que lo que más la sigue motivando es el amor y esas “miradas únicas que se dan cuando el vínculo con los alumnos sucede”. Para ella, enseñar también significa convertirse muchas veces en un lugar seguro. “Como siempre digo, para ser docente hay que llevarlo en el alma, hay que ser conscientes que quienes están frente a nosotros son niños; nosotros somos ese amor, esa contención, ese abrazo y la confianza plena”, afirmó.
En lo cotidiano, disfruta de poder convertirse en la docente que alguna vez tuvo y que también quisiera para sus hijos. Se define como una maestra multifacética, que encuentra en la música, la expresión corporal, la escucha y las sonrisas distintas maneras de acompañar a sus alumnos. “Si no disfrutas de lo que haces, difícilmente puedas transmitirlo”, sostuvo.
Por último, la docente contó que vive cada clase con sus altos y bajos, pero sin olvidar que frente a ella están los pequeños que serán el futuro del país, pero que hoy “son maravillosamente niños”, concluyó.

