El gobernador de la Provincia, CPN Claudio Poggi, acompañó un nuevo aniversario de la tragedia automovilística de Zanjitas donde murieron seis alumnas del Colegio “Santa María”, de la capital puntana. La celebración religiosa, que fue oficiada por el obispo de San Luis, Pedro Martínez, recordó el cuarto año de la fatalidad que conmovió a un pueblo y a toda la provincia. Las niñas viajaban en un colectivo, cuando al pasar el ingreso de la localidad un tren arrasó el vehículo y causó además la muerte de dos docentes. La misa se realizó en la Escuela “Antártida Argentina”, ubicada a unos 500 metros del cruce donde se produjo la tragedia, y comenzó a las 11:00 en medio de un clima de recuerdos y emoción. El primer mandatario estuvo acompañado por los ministros de Gobierno, Justicia y Culto, Eduardo D’Onofrío; de Educación, Marcelo Sosa; y de Turismo y Las Culturas, Liliana Bartolucci. Además asistieron el vicerrector de la Universidad Católica de Cuyo, Alejandro Guzmán; y la senadora provincial, María Angélica Torrontegui.

El gobernador de la Provincia, Claudio Poggi estuvo presente en el recuerdo y homenaje a las víctimas de la tragedia de Zanjitas al cumplirse cuatro años.

El gobernador de la Provincia, Claudio Poggi, estuvo presente en el recuerdo y homenaje a las víctimas de la tragedia de Zanjitas al cumplirse cuatro años.

La misa fue para recordar y pedir por el eterno descanso de las almas de Paula Lucía, Luz María, Salomé, Iara, Daira y Julieta; María Virginia y Yesica, alumnas y docentes que encontraron la muerte cuando se dirigían a una acción solidaria, el mismo día que la Iglesia recuerda el Día de los Difuntos. Murieron ahí, a más de 60 kilómetros de sus casas; ahí donde hoy son ángeles.

La misa se llenó de alumnos, grandes y chicos; de maestras con los rostros conmovidos y llenos de lágrimas; de vecinos que rezaron fuerte y de bomberos voluntarios que asistieron en el accidente. “Hoy conmemoramos a las nenas que un día pasando por aquí se despertaron en la vida eterna; en un hecho que ha marcado a San Luis y a Zanjitas, como ejemplo de que dejaron su solidaridad y que siempre quisieron estar presentes, como hoy, para acompañar como integrantes de esta sociedad. Pidamos por los fieles difuntos, por las niñas y docentes fallecidas, para que ese momento sea primero en beneficio de sus familias; que su sacrificio no sea en vano”, dijo monseñor Martínez durante la misa que duró 40 minutos.

En la ceremonia religiosa se bendijeron copias de la “Virgen de Zanjitas”, que posteriormente se repartieron entre los presentes; y un jardín con rosas que la comunidad educativa plantó en la puerta de la escuela con una placa de homenaje.

Afuera, el cielo lloraba y estaba fresco. Pero el ritual de llegar hasta las vías que atraviesan el ingreso al pueblo no se suspendió. El 2 de noviembre dejó de ser un día cualquiera para los habitantes de un lugar que parece convivir con los recuerdos del rescate y los gritos de la muerte; y cada vez que llega la fecha se unen en un homenaje.

En la ceremonia se bendijeron un jardín con rosas que la comunidad educativa plantó en la puerta de la escuela con una placa de homenaje.

En la ceremonia se bendijo un jardín con rosas que la comunidad educativa plantó en la puerta de la escuela con una placa de homenaje.

El jefe del cuerpo de Bomberos Voluntarios de la ciudad de San Luis, Juan Ramírez, repitió la visita que hace cada año. La diferencia con los efectivos que lo acompañaron es que él es el único que asistió en la emergencia, aquel 2 de noviembre de 2011: “Los que vinieron conmigo quedaron tan mal anímicamente que no pudieron seguir con esta vocación. Nosotros sabemos que cada vez que salimos a una emergencia podemos encontrarnos con lo peor, pero nunca imaginé el panorama cuando llegamos unos minutos después del accidente”. Tampoco imaginó que una de las nenas que viajaba en el colectivo era pariente directo de su esposa. “Esto no se olvida nunca, principalmente porque todos somos padres. Venir acá es acordarse de todo”, agregó con la emoción que le provoca cada aniversario.

A un costado de las vías permanece el pequeño santuario, cargado de rosarios, ositos de peluche y muñecas castigadas por el sol y el agua; de flores y de velas; de cruces blancas, de fotos, de algunas vírgenes y santos. Visitarlo y recorrer la vía es, para gran parte de ese pueblo, el único modo para no olvidar y homenajear.

Nota: Catalina Ysaguirre.

Foto: Luciano Grangetto.

Video: Guillermo Ramón.

Corrección: Mariano Pennisi.

Contenidista: Jorge Scivetti.