TURISMO Y CULTURA
Solar Histórico de Sarmiento, el rancho donde comenzó la luz
En San Francisco del Monte de Oro, el sitio guarda la memoria de un adolescente que decidió enseñar. Casi dos siglos después, se convierte en un símbolo vivo de la educación en el Día del Maestro.

En San Francisco del Monte de Oro, entre las sierras, el silencio parece detenerse frente a un pequeño rancho de adobe. Sus paredes guardan la memoria de un tiempo en que los caminos eran de tierra, los libros escasos y enseñar podía ser, antes que una profesión, un acto de voluntad y de esperanza.
Allí, en 1826, un adolescente de apenas 15 años comenzó a enseñar, su nombre era Domingo Faustino Sarmiento. Mucho antes de convertirse en Presidente de la Nación y en el ‘Maestro de América’, Sarmiento fue ese joven que llegó a San Luis y abrió una escuela en un humilde rancho de adobe y techo de paja. Casi dos siglos después, aquel espacio permanece como una cápsula de la memoria. El Solar Histórico de Sarmiento, declarado Monumento Nacional, es hoy uno de los lugares donde la historia educativa argentina puede tocarse, recorrerse y contemplarse.
Cada 11 de septiembre, cuando el calendario vuelve a señalar el Día del Maestro, ese pequeño rincón de San Luis adquiere un significado especial, porque allí comenzó una historia que no terminó nunca, cuando enseñar era encender una luz.
Sarmiento tenía apenas 15 años cuando comenzó aquella experiencia, el rancho era humilde, la idea enorme. Hoy, ese rancho de adobe puede visitarse de lunes a domingos y feriados, de 9:00 a 19:00, con entrada libre y gratuita.

Educadores por excelencia
En San Luis, enseñar nunca fue solamente transmitir contenidos. Para muchos maestros significó también interpretar un territorio, conocer sus voces, escuchar sus relatos, rescatar sus costumbres, comprender la vida de los pueblos, esa mirada permitió que la educación se convirtiera en una herramienta para preservar la identidad.
Entre los nombres que forman parte de esa larga tradición aparece Rosenda Quiroga, nacida precisamente en San Francisco del Monte de Oro. Educadora y escritora, fue una pionera de la pedagogía rural y vinculó sus métodos y textos con la realidad de los pueblos serranos. Su memoria permanece en la Casa Museo que lleva su nombre.

Berta Vidal de Battini, maestra, investigadora y escritora, recorrió caminos y comunidades para recoger cuentos, leyendas, mitos y relatos de la tradición oral. Mientras otros buscaban la historia en documentos y archivos, ella también la buscó en las voces, en las conversaciones, en las memorias familiares, en esas historias que pasan de abuelos a nietos y que pueden desaparecer si nadie las escucha.
Otro nombre que se suma a este mapa de la educación en San Luis, es Jesús Liberato Tobares. Maestro rural y poeta, hizo de la enseñanza y de la literatura dos caminos que se cruzaban constantemente, en sus palabras aparecía el mundo campesino, la memoria de los pueblos y la fuerza de las raíces. Porque enseñar también puede ser decirle a un niño: esto que ves alrededor tuyo tiene valor, el paisaje tiene una historia, el campo tiene una voz, las costumbres tienen una memoria.

Para Dora Ochoa de Masramón, investigar también fue enseñar, y permanece como uno de los grandes símbolos de la cultura provincial. Docente, escritora e investigadora, transitó disciplinas tan diversas como la antropología, la ornitología y el folclore.
Escribió literatura lírica, narrativa, dramática e infantil, además de desarrollar investigaciones vinculadas con el patrimonio, su mirada tenía algo de exploradora; observar, registrar, comprender y conservar.
Durante su vida fue reconocida como ‘Tesoro Viviente de la Cultura Sanluiseña’, hoy, el museo provincial que lleva su nombre mantiene viva esa memoria.
Desde Villa Mercedes llega también la memoria de Olga Agüero, maestra normalista y referente del compromiso con la educación pública y la formación docente durante el siglo XX. Su historia representa a tantas maestras que hicieron de la escuela un espacio de encuentro y crecimiento.
