En 2010, el poeta y escritor se inspiró en uno de los hitos naturales que hoy se puede apreciar desde el mirador, ubicado en el Salón de la Puntanidad, en Terrazas del Portezuelo.

El pasado 9 de julio, quedó inaugurado el Salón de la Puntanidad, un espacio que dentro de diversas opciones permite acceder al mirador del Río San Luis, en el sector ubicado frente al Dique Chico.

En diálogo con el poeta y escritor puntano, Gustavo Romero Borri, describió los hechos que lo inspiraron para escribir “Letanía y elogio al río fundador”, un homenaje al histórico hito natural.

“Transité varias veces por las márgenes del Río San Luis en el verano del 2010, año del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Fueron muchos itinerarios porque quise caminarlo en su totalidad hasta que se hunde en la tierra. El Bicentenario fue una efeméride propicia para rememorar y conmemorar sucesos ocurridos en la larga historia.  En ese marco pensé en el Río San Luis como un hito natural, testigo de la historia, no tocado por la poesía”, expresó Romero Borri, quien además recuerda que cuando era niño su madre les prohibía a los hermanos mayores visitar ese lugar porque era peligroso.

“Crecí con esa idea oída de chico. Decidí visitarlo en lentas y pensativas recorridas impulsado por la curiosidad de su olvido y para escuchar lo que ese río ‘podría decirme’”, agregó el escritor, quien concluye su resumen sobre el nacimiento del poema: “Fruto de esas caminatas fueron naciendo las palabras que lo componen. Fue mi modo de nombrar, desde la poesía, la historia silenciosa de su discurrir en los bordes de la ciudad antigua”.

Letanía y elogio al río fundador

Un cauce quebradizo deja que tu agua humilde

Discurra inadvertida en su certeza de agua.

Huraña es tu corriente como un dios alejado

Rozando, memoriosa, tus orillas agrestes.

Tu cauce es un tatuaje grabado en la intemperie,

Un tajo que divide la ciudad donde habitas.

Ajeno a los progresos solamente te alienta

Atender, obstinado, tu destino de río.

Te ha lastimado el viento en los crueles inviernos

Y el abrazo quemante del sol en los veranos.

Te parieron sequías tan duras como piedras

Pero tus aguas buenas perseveran, airosas.

 

Berta Elena se apiada de tu alcurnia sufrida

Y Agüero en su inventario de ríos ni te nombra.

El Dique Chico embalsa tu caudal para darle

Magnitud a ese hilo de frescura que arrastras.

Por años fuiste un triste confín de desperdicios,

Una frontera en ruinas hacia lo no querido.

Ni una leyenda cuenta tu presencia de siglos;

Tus aguas –en voz baja- maldicen ese olvido.

Testigo insobornable de la ciudad crecida

Que en las noches te olvida y en los días te ignora.

Allá en los tiempos idos te nombraron Río Seco

Fundando la rutina de dejarte de lado.

Pero también guardabas un nombre soterrado

Unido a la ciudad que nació a tu costado.

Río San Luis exacto fervor desatendido,

Mensajero de un tiempo anterior a los relojes.

Río desconocido por un cielo que finge acariciarte

Con su amplitud de estrellas o su luz borroneada.

Tu orgullo es el orgullo de quien no necesita

Mendigar por su sed en los viejos desiertos.

Tu rumor es tan hosco como si un desacuerdo

Entre el cielo y la tierra te hubiera bautizado.

 

Si hablaras, tu argumento lo entendería el viento.

 

En tu silencio gritan su nombre los olvidos.

Tus aguas pensativas resguardan una pena:

La inolvidable ausencia del venado primero.

Desde tu lecho rudo se avistan, casi azules,

Las sierras donde nacen las auroras puntuales.

Inalcanzablemente tu pasado se acerca:

Leyenda y sentimiento, porvenir, cosa cierta.

 

Río San Luis, fundante pensamiento perdido

Que tímido persiste, como si la fragancia

De una flor extinguida perdurara en el aire.

Tus aguas conmemoran la memoria del agua

El altivo regreso del sol sobre tus pastos.

En todos tus ayeres están nuestras mañanas

Y el intacto mañana que nos hace puntanos.

 

Nota y foto: Prensa Programa Cultura.