El consagrado 10º Dan Hanshi disertó para 85 karatecas que llegaron hasta el Campus Abierto ULP desde Costa Rica, Chile y 8 provincias argentinas.

Oscar Higa tiene 72 años, es 10° Dan de karate y brindó un seminario internacional.

Oscar Higa tiene 72 años, es 10° Dan Hanshi de karate, descendiente de Samurái (guerreros del antiguo Japón que gobernaron el país durante cientos de años) y estuvo en el Campus Abierto ULP para brindar un seminario internacional, que organizó la Asociación Sanluiseña de Karate Do y Kobudo, a través del maestro Juan Carlos Frank.

Participaron 85 deportistas provenientes de Costa Rica, Chile y de las provincias argentinas de Entre Ríos, Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán, San Juan, La Rioja y San Luis. Fueron tres extensas e interesantes jornadas de clases teórico-prácticas, de 19:00 a 21:00.

Dentro del karate surgido en Okinawa (Japón), el sensei Higa, 10° Dan Hanshi, representa lo que Maradona y Pelé son para el fútbol, con la diferencia de que Higa sigue vigente.

Hanshi significa “persona ejemplar”, y en la categoría magistral se refiere a Maestro en el amplio sentido del término: es el grado más alto de karate. El título es equiparable a un doctorado universitario. Oscar Higa nació en la Argentina, vive hace 25 años en Italia, recorrió 53 países y acredita 1.700 vuelos llevando la escuela a todo el mundo.

Higa, descendiente de samuráis, viene a San Luis desde hace 32 años y dice sentirse como en su propia casa.

¿Cuánto hace que viene a San Luis?

Hace 47 años que conozco a Juan Carlos Frank, y desde que se radicó en San Luis, hace 32 años, empecé a venir. Conozco a San Luis como si fuese mi casa.

¿Cómo ve a la provincia?

Pareciera un simbolismo, una ciudad muy evolutiva. Yo conocí al San Luis de otras épocas, no tenía ni el desarrollo ni la cantidad de habitantes de hoy. En su momento el Parque Industrial atrajo mucha gente y se desarrolló. Pero, últimamente, he visto obras, nuevas rutas, iluminación, y el ejemplo es la ciudad de La Punta que en poco tiempo tiene un gran crecimiento. Tuve la oportunidad de conocer el Cabildo y me pareció genial. No es la síntesis del que está en Buenos Aires, es el Cabildo completo. San Luis es una de las ciudades argentinas de mayor desarrollo. Y en karate también, San Luis es de las filiales más grandes del país, aquí ya practicaban con mi padre y con mi hermano.

“Conocí al San Luis de otra época, no tenía el desarrollo ni los habitantes de hoy. Ha evolucionado”, dijo Higa.

¿Qué impresión se lleva del Campus?

No lo conocía y está dentro del desarrollo permanente de la provincia; la tecnología que utilizaron para este complejo, el Campus y el albergue para los estudiantes, todo muy bien logrado y cuidado. Para nosotros es un lugar ideal por el piso flotante de madera, en otras superficies en los giros se traba el pie, en Okinawa, la cuna del karate, los dojos son todos de piso flotante de madera, como acá.

Me doy cuenta de la importancia que tiene este lugar. Esto es a nivel internacional, está impecable. Europa tiene sus grandes centros, pero un europeo acá se asombraría, allá muchas veces minimizan a Sudamérica y siempre digo que tienen un concepto equivocado.

Usted es argentino-japonés.

Ciudadano japonés y vivo en Europa, pero yo nací en Buenos Aires, y Argentina es la filial de karate más antigua del mundo. Vivo en Italia hace 25 años, ahora en Palermo, antes viví en Milano, en Padova y luego en Roma.

Cuando me fui de Argentina a Okinawa, me nombraron director técnico mundial de la escuela y dije ‘no voy a colgar el diploma, voy a difundir la actividad’. Estuve tres años en Los Ángeles, introduje la escuela en Estados Unidos y luego fui a Europa, un continente chico que me permite recorrer los países con traslados cortos, más allá de que voy y doy seminarios en todo el mundo.

¿Dónde hay que situar la historia del karate?

Durante siglos Okinawa fue independiente. En 1609 fue invadida por Japón y durante más de 260 años estuvo sometida, y entre las penas se le prohibió y sacó el uso de todo tipo de armas a sus habitantes. Allí, el okinawense dijo ‘No tengo armas y tengo que hacer de mi propio cuerpo un arma’, y así fue que creó un sistema para defender a su familia y  su integridad física. Con el fin de la guerra, Japón liberó a Okinawa con la condición de que sea una provincia más de Japón, pese a que los antiguos okinawenses no sienten ser japoneses. Yo aún tengo familia que vive en Okinawa.

“Este Campus es importante, es de nivel internacional. Europa tiene grandes centros, pero un europeo acá se asombraría”.

¿Qué representa ser descendiente de samurái?

Sólo los integrantes de la clase aristocrática y las familias samuráis podían practicar karate, el resto lo tenía prohibido. Ser de familia samurái no es un mérito, fue el destino. Sí me jacto con orgullo de decir que para llegar a un nivel elevado fue mi sacrificio de entrenarme, y cando a ese sacrificio le agregas amor, lo haces con gusto.

Hay pocos samuráis en Argentina, pero repito que eso no es mi caballito de batalla, me tengo que superar, tengo esa responsabilidad, tengo el mismo talento que cualquiera. La diferencia es que estoy más preparado, si alguien hizo mil veces un movimiento yo llevo haciéndolo un millón de veces. Éste es mi trabajo. Jamás enseñé algo porque leí o escuché, primero lo experimento yo. Hay que tener cuidado de tantos chantas y piratas, está lleno de esos. El karate es una escuela sobre una base ética y filosófica.

¿Cuál es la receta para llegar a los 72 años entrenando a diario y dando clases magistrales?

Mi trabajo es este y me ayuda a mantenerme en forma. Una cosa debe ser innata, genética, y después hago dieta, no puede hacer 365 días dieta, si me tengo que comer dos pizzas y tomar unas cervezas lo hago (risas); pero consumo mucho carbohidratos, pastas sin salsa y con aceite de oliva; ensaladas, frutas, pan tostado y agua mineral. Mucho pescado y poca carne roja. No soy vegetariano. Ningún exceso, pero si tengo una fiesta me despacho con todo (más risas), hay que cuidarse dentro de los lineamientos y necesidades de cada uno. El karate es un sistema para llegar a la armonía.

¿Armonía…?

Armonía de cuerpo y espíritu, es la filosofía de muchas artes marciales. El karate es más práctico que teórico, que es parte de la filosofía oriental. No entra lo racional, el análisis viene después. Primero la emoción, el sentimiento y la espiritualidad. El karate pensado está cerca del teórico, el karate sentido cerca del práctico, y al karate hay que sentirlo, no pensarlo. Ojo, no niego la razón, porque la razón es importante, pero no se debe meter donde no corresponde.

En la iniciación al karate, la mente debe funcionar al ciento por ciento; la mente le enseña al cuerpo los movimientos hasta que llega un momento, un período de práctica, en que el cuerpo como si fuese un diálogo le dice a la mente ‘gracias por enseñarme, de hora en más no te necesito’, es ahí cuando el cuerpo piensa solo. Y lograr poner la mente en blanco, que surja espontáneamente. En karate, el que pensaba y tenía miedo de la muerte, ya estaba muerto. Hay que hacer el vacío, la mente en blanco.

¿El enemigo del karate?

El yo en karate es el peor enemigo. Hay que exterminar a ese falso yo que todos tenemos dentro. La libertad del hombre es cuando logramos abatir, matar a ese falso yo; en ese momento y por primera vez dejaremos de ser esclavos y prisioneros de nosotros. El yo es el que provoca los miedos y la inseguridad.

 

Nota y fotos: Prensa Campus ULP.