Tres alumnos privados de la libertad, pertenecientes a la Escuela Nº 443 “Islas Malvinas”, grabaron un demo en la Casa de la Música, en Villa Mercedes. Su proyecto se presentará este lunes durante la Feria Nacional de Educación, Arte, Ciencia y Tecnología, que se llevará a cabo en Iguazú, Misiones.

“Me están dando una mano terrible para que cambie y no les voy a fallar. Me prometo a mí mismo que ya fue”, contó Ramiro Camacho, quien junto a sus compañeros privados de la libertad Iván Arrieta y Luciano Castro grabaron un demo en la Casa de la Música, ubicada en el Complejo “Molino Fénix” de la ciudad de Villa Mercedes.

“Nunca me había imaginado estar acá. Esto me despeja, me hace pensar de otra forma. Y les doy las gracias a todos los que me apoyan, a los profesores, al director”, agregó Luciano, el baterista.

Los alumnos de la Escuela Nº 443 “Islas Malvinas” participan en un proyecto que ganó en la Feria de Ciencias provincial y será presentado en la instancia nacional este lunes en Iguazú, Misiones. “Está basado en la música como forma de autoliberación”, lo presentó Franco Amaya, quien es profesor de Música en el Centro de Actividades Juveniles del SPP. Los internos cuentan con instrumentos para formar su banda. “Son chicos que empezaron de cero”, dijo Franco, quien cada tanto toca, compone y afina junto a los músicos de la Unidad 3 donde hay en total 10 alumnos.

“Lo tomaron como un instrumento de expresión que los incentivó a crear sus letras y música propias. De alguna forma es como que sacaban muchas cosas de adentro suyo. Esto los ha cambiado. Salen de las clases muy motivados. El director de la Unidad dice que la conducta les ha mejorado increíblemente. Es como que tienen una meta para seguir”, señaló Amaya.

Por su parte, la directora Viviana Abraham, detalló: “Este proyecto nace en 2003, a través de los talleres artísticos del Ministerio de Educación. La música para estos alumnos resignifica el espacio donde están. Para ellos, en cierta manera, los libera y protege de muchas cosas. El derecho a la educación de los internos es muy importante. Apuntamos a la educación, el trabajo y la reinserción social”.

Abraham indicó que además cuentan con talleres de artesanías, teatro y educación física. “Terminan la secundaria en tres años y la primaria también. Salen preparados para afrontar la vida social”, explicó.

“La educación en contexto de encierro se basa en la esperanza de que hay un futuro mejor y veo cómo los chicos van superando obstáculos”, sostuvo la profesora de Ciencias Económicas, Vanesa Ruau, quien colaboró en la redacción del proyecto. La docente describe que se predispone a los alumnos para afrontar un difícil proceso cuando salgan: la condena social.

En primera persona:

Ramiro Camacho nació en Mendoza pero se crio en Villa Mercedes. “A los cinco años venía a cazar palomas acá y ahora estamos en la Casa de la Música. Es la primera vez que entro a un estudio así, con esta tecnología”, aseguró emocionado el interno quien agradeció también a las autoridades penitenciarias por la oportunidad única.

“Uno cuando se encuentra en libertad no valora las cosas de la forma que las tiene que valorar. Nadie me podía dar un consejo a mí porque, según yo, la tenía re clara. Cada vez que golpeaba las puertas se me cerraban todas. Ya había cambiado definitivamente y para mal. Cuando me arrepentí era tarde. Estuve viviendo dos años en la calle. Dormía donde se me cansaran los pies. Fue feo pero gracias a eso pude entrar en razón. En la calle me di cuenta que estaba totalmente equivocado”, reflexionó Camacho, que lleva tres años en el Servicio Penitenciario.

“Pensé: ¿Por qué le voy a ‘chorear’ la moto a uno, si él no tiene la culpa de que yo no me ponga las pilas?”, expresó Ramiro quien luego reveló que antes de estar preso era adicto. “La marihuana es peor que el cigarro porque además de los pulmones te estás quemando las neuronas. Llega un momento en que te ponés a hablar solo, te agarran ataques de abstinencia, sos capaz de agarrar un puñalada por una ‘sequita’”, expuso.

Ramiro está aprendiendo guitarra y es autor de dos canciones. A una romántica la compuso en su celda durante una noche. “Por lo menos tenemos algo en qué entretenernos, en vez de ponernos a pensar qué fierro romper o a quién levantar para arriba, como decíamos nosotros”, afirmó. “Esto significa un orgullo para mí mismo porque por primera vez pude hacer algo que no lastime a nadie. Y aunque no me salga bien, lo intento”, dice.

Camacho prometió que apenas salga le pedirá perdón a su familia por no haber escuchado sus consejos y dejó un mensaje para todos los privados de la libertad del país: “Que se pongan a ver lo que tienen al lado, empiecen a valorar la vida porque aunque uno no lo crea, es cortita”.

Luciano Castro nació en la ciudad capital y tiene 19 años. Está en el Servicio Penitenciario hace un año y cinco meses por robo calificado en un domicilio.

“Nadie me obligó a nada. A los doce años empecé a consumir marihuana por las juntas. Estoy arrepentido. Tengo pensado salir, cambiar y ser alguien el día de mañana. Estos años me hicieron reflexionar, acá se sufre mucho, me alejé de mi familia y mis amigos”, testificó.

Para el baterista, la música es su cable a tierra. “Cuando salga en libertad va a ser todo distinto. Voy a mostrar lo mejor de mí”, subrayó.

Mientras sueñan con reinsertarse socialmente, los alumnos aun buscan un nombre para su banda. A pesar del encierro, gracias al esfuerzo mancomunado, sus palabras puntean la convicción del profesor Amaya: “La música no discrimina a nadie”.

 

Nota: Matías Gómez.

Entrevistas y fotos: Jorge Castro.

Corrección: Mariano Pennisi.

Contenidista: Cecilia Sosa.