Muchos de los que transitan a diario por la zona de la ex Casa de Gobierno no imaginan siquiera que adentro conviven cientos de historias donde el sacrificio, la perseverancia, la lucha, la superación y los desafíos son casi moneda corriente. Lucía y Adriana, por azar y no tanto, coincidieron en el segundo piso del edificio administrativo, un par de aulas las separan, muchos sueños las juntan. Madre e hija, pronto serán egresadas PIE.

Lucía y Adriana, madre e hija asisten a clases del PIE en la ciudad de San Luis.

Lucía y Adriana, madre e hija asisten a clases del PIE en la ciudad de San Luis.

Son cerca de las 10:30 de la mañana, vienen del recreo, el bullicio de a poco comienza a apagarse, entran a las aulas, es hora de continuar. Adriana Luna, pide permiso y nos concede una entrevista, estamos ansiosos por escucharla. “Estoy emocionada y con todas las ganas de seguir estudiando, es una iniciativa muy importante para mí”, se apresura a decir. Hace diez años que esta mamá y ama de casa dejó de estudiar. Hoy, tiene 33 años y transita el último año del secundario en el PIE.

A la vuelta, en el otro pasillo, en el aula 5 una mujer de 54 años tiene el cuadernillo en sus manos, manos que también acreditan el paso del tiempo. Lucía Blanco no se rinde, volvió a estudiar. “Para mí fue muy lindo, me gusta, al principio era algo distinto, nuevo, pero me di cuenta que es fácil, el libro tiene contenidos que ayudan. Nunca es tarde para empezar”, remata, desde atrás hay alguien que la escucha, en su mirada hay admiración, es su hija Adriana.

“En casa estudiamos entre las dos, mi hija me ayuda un montón porque hay cosas que son muy nuevas para mí, mi mente estuvo mucho tiempo quieta y ahora volvió a estar en funcionamiento”, cuenta Lucía quien también es madre de  Yesica de 21 años que “está en primer año de enfermería, ella también me enseña”, desliza con tono de madre orgullosa.

Adriana tiene dos hijos, cuando vino Marcos, hace diez años atrás, debió dejar de estudiar: “No podía llevar a mi bebé a la escuela, se hizo realmente imposible seguir. Ahora, con el Plan de Inclusión Educativa, está todo muy adecuado a cada uno, yo vengo a la mañana y mi hijo más chico, Caled de 2, queda con la niñera, además los profesores acá te aconsejan y te ayudan mucho”, añade.

Lucía además de estudiar en el PIE, y ser ama de casa y madre, por las noches cuida a una señora. “Ahí también aprovecho en mis tiempos libres y repaso las tareas para el otro día”, dice.

“Estoy emocionada, contenta, mi hijo más grande me dice ‘mami estoy tan orgulloso de vos, porque a pesar de todo lo que haces en casa, de trabajar, vas a estudiar igual”, afirma Adriana y es contundente “ahora toda la familia va a poder terminar la escuela”.

Los alumnos del PIE no sólo incorporan conocimiento, “venir acá todos los días me llena de vida, comparto con mis compañeros, nos ayudamos”, narra Lucía y es que todos tienen un sueño en común: quieren cerrar un círculo, una etapa.

Lucía se anima a soñar un poco más y ya averiguó donde se dicta una carrera universitaria que le gusta, quiere ser locutora. Esto también las une, por destino o por azar, Adriana, concluye: “siempre quise ser locutora, desde chica”. Quizás en un mañana madre e hija también sean compañeras de estudio en la universidad, porque quien persigue sus sueños logra atraparlos.

Nota: Cecilia Sosa.

Video: Sergio Nieto.

Fotos: Cristian Bastías.

Edición: Maximiliano Bravo de Laguna.