Elena Correa (53), quien realiza tareas de limpieza en la escuela de Papagayos, se inscribió en el nuevo plan universal de terminalidad educativa para concluir el secundario. Con los temores propios de iniciar una nueva etapa y la esperanza de ver cumplida una meta, asegura: “Nunca es tarde para aprender”.

Elena (der.) junto a Alexandra (izq.), la facilitadora que la motivó a inscribirse en el Plan de Inclusión Educativa

Elena (der.) junto a Alexandra (izq.), la facilitadora que la motivó a inscribirse en el Plan de Inclusión Educativa

El lunes 3 de noviembre, a las 8:00, abrieron las inscripciones para el Plan de Inclusión Educativa en más de 200 sedes de toda la provincia. A las 8:05, Elena Correa (53) decidió animarse a esta segunda oportunidad y anotarse en el plan de terminalidad educativa que le permitirá terminar el secundario. Sin saberlo, se convirtió en la primera inscripta.

“Cuando me dijeron que era la primera no lo podía creer. Fue una gran sorpresa pero, también, una gran emoción”, asegura Elena, quien desde hace cinco años realiza tareas de limpieza en la Escuela N° 225 Maestro Pío Rosario Flores de Papagayos, donde concretó su inscripción.

Elena llega a la escuela todos los días a las 6 de la mañana. En apenas una hora, deja listas las aulas para que cuando los chicos lleguen, a las 7:30, todo esté en perfectas condiciones. “La mañana que me anoté me había cruzado con Alexandra Ortiz, la facilitadora de la ULP que trabaja en la escuela. Cuando vio que estaba indecisa, me dijo ‘¡Véngase, Elena!’ y me acompañó a completar el formulario. Sin su empujoncito, no habría dado el gran paso”, relata entre risas.

Para esta humilde trabajadora de Papagayos, volver al aula después de 39 años será todo un desafío. “Siempre pensé lo lindo que sería terminar mis estudios pero nunca se me había dado. Ahora que tengo esta oportunidad, pienso aprovecharla lo más que pueda”, destaca.

La posibilidad de tener a su disposición a las maestras y profesoras de la escuela, quienes ya le adelantaron que la ayudarán en lo que necesite, y ver a los entusiastas chicos que se forman en sus aulas, serán una motivación para Elena, quien por estas horas vive una mezcla de nervios, temor y esperanza.

“En nuestra época todo era mucho más complicado; había pocas herramientas, sólo teníamos el lápiz y la goma. Hoy, la educación de San Luis cuenta con muchos recursos. Agradezco a Dios tener esta posibilidad”, afirma. Y añade: “Nunca es tarde para aprender. Sin educación, no queda nada por delante”.

Superarse para ir por más

Oriunda de Villa Larca, a sólo 9 km de su actual lugar de residencia, Elena abandonó el secundario cuando tenía 14 años. “No contaba con los medios para seguir estudiando. A mis padres se les hacía difícil mandarme a estudiar a otras localidades”, recuerda.

De esta manera, aprendió a trabajar en el campo codo a codo con su familia. Con el correr de los años, se casó, se mudó a Papagayos y fue mamá de su único hijo, Nelson (25), quien está a pocos finales de recibirse de farmacéutico en la ciudad de San Luis.

“Trabajo para darle a mi hijo todo lo que yo no tuve. Hoy, está a pocos pasos de llegar a la meta. Fue un esfuerzo muy grande para nosotros como familia, pero cuando vemos todo lo que ha alcanzado nos llena de orgullo —afirma-. Demostró que aun viviendo en un pueblo tan chiquito, uno puede ser alguien en la vida”.

Este mismo anhelo perseguirá Elena en los próximos meses cuando retome la escolaridad por medio del Plan de Inclusión Educativa. Y, si bien dejó abierta la posibilidad de seguir estudiando una carrera terciaria y/o universitaria, tiene en claro el próximo paso: terminar el secundario.

 

Nota y foto: Prensa Universidad de La Punta