Juega en Estudiantes y es mamá de una nena de 2 años. Cuenta cómo vive la pasión por el deporte que practica y sus responsabilidades.

Adriana con los colores de su club

Adriana con los colores de su club

Hace 16 años que juega al fútbol y representa a una de las tantas mujeres que acompañan la misión de ser madres con la pasión de practicar algún deporte. Se llama Adriana Barboza, es defensora y  la más grande de 11 hermanos con los que podría haber armado un equipo de fútbol. Por si fuera poco es, además,  madre de una nena de 2 años.

Su historia con el fútbol comenzó un día cuando unas chicas la invitaron a jugar en un barrio al que había ido de visita. Fue hace 16 años  cuando el femenino se jugaba poco y no tenía la importancia que tiene hoy. A partir de allí, nunca más pudo alejarse de una cancha. Después de eso, con otras jugadoras creó Las Pumas, el equipo con el comenzó a disputar los campeonatos barriales. Seis años después se pusieron en marcha los torneos de la Liga Sanluiseña y el grupo pasó a defender los colores del Club Estudiantes.

Su cariño por el fútbol no le impidió nada en la vida, pero sí le significó una mayor exigencia. Porque a esa pasión la tuvo que acompañar siempre con la responsabilidad de tener que trabajar en una rotiseria y ahora con la crianza de su hija. “Se me complica y este año iba a dejar. Trabajo en horario de comercio, tengo poco tiempo para mi hija y a veces me falta el tiempo para ir a entrenar. Es mucho sacrificio”, contó Adriana en la previa al día de la Madre. Y jugar, según aclara, implica también hacerlo con cuidados: “Tenemos que pensar que después tenemos que ir a trabajar y los riesgos de golpes siempre están”.

Dice que para jugar al fútbol, a las mujeres sólo tiene que gustarle: “Es lo que más me gusta, me divierto y me distrae. Ahora he bajado mi rendimiento pero antes estaba todo el día jugando”, reconoce. Su embarazo llegó en plena temporada de campeonatos, por eso la panza la acompañó como espectadora de todos los encuentros de su equipo. Y al mes de haber nacido su nena, Arantza Guadalupe, Adriana ya estaba de vuelta en los entrenamientos.

“El que más me apoya y me sigue es mi papá, Cruz. Tengo 4 hermanos varones pero ninguno juega al fútbol, la única futbolista soy yo y ahora mi hija”, cuenta. Hace dos años, Adriana les regaló a sus hermanos la alegría de traer a este mundo la primera sobrina y también la primera nieta: “Mis hermanas la cuidan y es muy mimada por todos”. En una fecha tan especial no se olvidó y le dejó el mensaje a su mamá Griselda: “La quiero mucho y siempre estará a mi lado”.

Resalta que forma parte de un plantel “fuerte y unido” que técnicamente es uno de los mejores cuatro de la Liga. Y reconoce que en estos años que pasaron el fútbol femenino encontró un lugar donde “es más reconocido”, porque antes estaba al margen. “Hoy hay muchos equipos y cada vez más chicas se suman. Y en nivel es muy parejo, cualquier equipo, sea que recién comience o esté desde hace años, te puede hacer partido”, dijo.

El Día de la Madre la encontró hoy haciendo lo que más le gusta: jugando al fútbol por el torneo oficial en la cancha del Ejército Argentino. Rodeada de sus compañeras; las chicas (son 20 en total) que conocen como ella el sacrificio de los cuatro días de entrenamiento, de las rifas y de las empanadas a la venta para cubrir los costos que exige la participación en un deporte que es amateur pero que no deja de crecer en San Luis.

Adriana representa a todas las mujeres que juegan fútbol en San Luis

Adriana representa a todas las mujeres que juegan fútbol en San Luis