CONEXIÓN CON LA HISTORIA
Renca, cuna de los granaderos puntanos que forjaron la libertad de América
Historia, fe, naturaleza y memoria se encuentran a orillas del río Conlara, en uno de los pueblos más emblemáticos de San Luis. Renca invita a recorrer mucho más que un destino turístico: propone adentrarse en la memoria de San Luis y en las páginas de la historia argentina.

Caminar por Renca es encontrarse con la huella de Juan Pascual Pringles, recordar a los granaderos puntanos que acompañaron al general José de San Martín y reconocer el legado de hombres y mujeres que hicieron de estas tierras un escenario fundamental de la gesta independentista. No es casual que Renca sea considerada un pueblo histórico. Hacia 1810 era una de las poblaciones más importantes de San Luis y una de las más relevantes de Cuyo. Desde aquí, sus habitantes hicieron un enorme aporte a la Guerra de la Independencia, entregando hombres, sacrificios y esperanzas a una causa que terminaría cambiando para siempre el destino de América.
La historia de Renca está íntimamente ligada a los Granaderos a Caballo. Entre sus hijos se recuerda especialmente a Basilio Bustos, José Gregorio Franco y Januario Luna, quienes participaron de la gesta sanmartiniana y dieron su vida por la Patria en la batalla de San Lorenzo. También está presente la figura de Juan Pascual Pringles, máximo héroe militar de San Luis, cuyo nombre atraviesa la identidad histórica y cultural de la provincia.

La memoria de aquellos hombres permanece viva en el corazón de la localidad. La Plaza de los Granaderos Puntanos, ubicada en el centro urbano, es uno de los principales espacios para comprender ese legado. Allí, bancos de madera tallados llevan los nombres de los granaderos, mientras una gran fuente acompaña un espacio concebido para el encuentro y el descanso. Es una plaza que funciona como un libro abierto, cada nombre invita a preguntarse quiénes fueron aquellos hombres que dejaron sus hogares para emprender un camino de sacrificio, lejos de su tierra natal.
- Una historia que nació junto al río Conlara
Renca hunde sus raíces en tiempos coloniales. Durante la época virreinal era un punto de referencia de la región y su templo tenía una importancia que trascendía lo religioso. Lo que hoy conocemos como el santuario fue durante aquellos años una parroquia a la que llegaban familias desde distintos puntos de la región. Niños y jóvenes provenientes de lugares como El Zapallar, Las Lagunas, Potrerillo o Las Chacras recibían allí los sacramentos.
Como explicó el historiador Martín Baca, en una época en la que todavía no existía el Registro Civil, el bautismo tenía también un enorme peso en la identificación de las personas. Muchos habitantes de la región quedaron registrados como naturales de Renca simplemente porque allí habían recibido el sacramento. La historia, de este modo, no solo está en los monumentos. También aparece en los antiguos registros, en las familias, en las tradiciones y en la memoria transmitida de generación en generación.
- La iglesia que custodia una profunda devoción
Frente a la Plaza de los Granaderos Puntanos se encuentra la Iglesia de Nuestro Señor de Renca, uno de los templos más antiguos de San Luis. Su construcción se remonta a 1732, vinculada a una comunidad de jesuitas provenientes de Chile. El templo constituye uno de los principales símbolos de la religiosidad popular de la región y guarda entre sus imágenes al venerado Cristo del Espino, que logró sobrevivir a los enfrentamientos con las tribus ranqueles que intentaban ocupar el territorio.

La iglesia es, además, un punto fundamental para comprender la identidad de Renca. Cada año, la devoción al Señor de Renca reúne a miles de peregrinos y convierte al pueblo en un importante centro de fe, tradición y encuentro. Así, el turismo religioso se entrelaza con el patrimonio arquitectónico y con una historia que continúa viva.
- La casa donde nació un gobernador
Otra de las paradas imprescindibles para quienes recorren Renca es la Casa Natal de José Santos Ortiz, el primer gobernador de la provincia tras declararse su autonomía en 1820, ubicada en una de las esquinas de la plaza principal. La antigua casona fue el lugar donde nació y creció Santos Ortiz. Su valor excede ampliamente el ámbito provincial, allí se firmó el pacto de reorganización federal, un acontecimiento que forma parte de los procesos políticos que contribuyeron a definir la organización del país.
Renca también dio a la historia provincial otros cuatro gobernadores: Toribio, Heriberto y Gerónimo Mendoza y Lindor Quiroga.
En el Mausoleo de José Santos Ortiz, inaugurado en 2010, descansan sus restos junto a los de su esposa, Inés Vélez Sarsfield.
- Naturaleza para completar el viaje
Renca no vive solamente de su pasado. Su presente turístico se proyecta también sobre un paisaje privilegiado. El Valle de Conlara, hacia el sur, se extiende entre el río y las Sierras de los Comechingones, ofreciendo postales naturales que complementan el recorrido histórico.
A unos ocho kilómetros de la localidad aparece el Dique San Felipe, construido sobre el río Conlara durante la década de 1950. El espejo de agua y su entorno serrano conforman otro de los atractivos para quienes buscan combinar descanso, naturaleza y actividades al aire libre.
El Balneario Municipal de Renca es, especialmente durante el verano, uno de los espacios preferidos por vecinos y visitantes. El río, sus aguas templadas, los sectores para acampar, asadores, sanitarios y servicios básicos convierten al lugar en una alternativa ideal para disfrutar de una jornada en contacto con la naturaleza.

A pocos kilómetros también se encuentra El Diquecito, un pequeño embalse de aproximadamente 20 metros de ancho y seis de altura. Aunque de dimensiones modestas, el lugar sorprende por la belleza del paisaje que lo rodea.
- Ventana al pasado prehispánico
Piedra Pintada, es un sitio de particular interés arqueológico, tras transitar unos cuatro kilómetros por la ruta provincial Nº40 y seguir el curso del río Conlara, el visitante puede acceder a un campo particular y continuar a pie hasta el lugar donde se conservan vestigios de uno de los últimos asentamientos aborígenes de la zona.
Sobre una superficie de granito aparecen pinturas rupestres atribuidas a la cultura michilingüe, un testimonio silencioso de quienes habitaron estas tierras mucho antes de la llegada de los españoles.
La visita permite ampliar la mirada y comprender que la historia de Renca no comenzó con la Independencia: sus raíces se hunden mucho más atrás, en las culturas originarias que dejaron sus huellas sobre el paisaje.
- Entre la vida rural y las tradiciones
Para quienes buscan conocer la identidad productiva y rural del Valle de Conlara, El Tambito de Renca ofrece la posibilidad de acercarse a las labores cotidianas del campo.
El establecimiento rural, al que se accede desde la ruta provincial N°40, permite descubrir otra dimensión de la cultura local, que se construye alrededor del trabajo de la tierra, las costumbres campesinas y las tradiciones que todavía forman parte de la vida cotidiana. Es allí donde el turismo cultural encuentra una de sus expresiones más genuinas, cuando el visitante deja de ser simplemente espectador para acercarse a las formas de vida que construyeron la identidad de un lugar.
- Renca, un destino para viajar con memoria
En Renca, la historia no está guardada en una vitrina. Está en la plaza, en los nombres de los granaderos tallados sobre la madera, en la iglesia que resiste el paso de los siglos, en la casa donde nació Santos Ortiz, en las aguas del Conlara, en las sierras que rodean el valle y en las historias que todavía cuentan sus habitantes.

Es también una puerta de entrada al Valle de Conlara, donde la cultura, la naturaleza y la aventura pueden convivir en un mismo viaje. Recorrer sus calles es imaginar aquellos años en que hombres como Basilio Bustos, Gregorio Franco y Januario Luna dejaron atrás sus hogares para marchar junto a los granaderos de San Martín. Es recordar a Pringles y a los gobernadores que marcaron la historia provincial. Es detenerse frente a una iglesia construida hace casi tres siglos y comprender que detrás de sus muros existe una memoria colectiva que todavía respira, una invitación permanente a viajar por la historia de San Luis.
