BEI 2026
Con el BEI, el traslado de la familia de Estela dejó de ser una preocupación financiera
Estela Pérez es personal no docente y madre de cuatro hijos en edad escolar. Viven en Cruz de Piedra y viajan diariamente a la ciudad de San Luis. Su historia refleja cómo el Boleto Educativo Interurbano se transforma en un ahorro real y en la garantía de que la educación esté siempre en movimiento.

En el Observatorio de Transporte, ubicado en la EDIRO, el movimiento es constante. De lunes a viernes, entre las 9:00 y las 15:00, el equipo de la secretaría de Transporte recibe a cientos de personas que buscan activar o solicitar su beneficio para este 2026. Entre las más de 450 personas que ya pasaron por las oficinas, se encuentra Estela Pérez, cuya rutina diaria es un ejemplo de esfuerzo y organización.
Estela vive en Cruz de Piedra, Juana Koslay, y trabaja como personal no docente en el nivel Inicial del Instituto Santo Tomás. Pero no viaja sola: sus cuatro hijos, que cursan los niveles Primario y Secundario en la misma institución, la acompañan todos los días. Hasta hoy, coordinar el traslado de cinco personas implicaba un desafío logístico y económico enorme.
Antes de contar con el beneficio, la jornada de Estela empezaba con una presión extra. “Yo ingreso a trabajar a las seis y media de la mañana. Como el primer transporte pasa a las seis, muchas veces tenemos que viajar en Uber para llegar a tiempo”, relató. Con una jornada extendida que termina a las 16:00, el costo de movilidad para una familia numerosa se vuelve un peso difícil de sostener.

Hoy, la realidad es distinta. Tanto Estela, por su rol de personal no docente, como sus cuatro hijos, son beneficiarios del BEI. Esto significa que el traslado diario desde Juana Koslay hasta la ciudad de San Luis dejó de ser una preocupación financiera para convertirse en un derecho asegurado por el Estado.
La historia de Estela no es un caso aislado. Es la validación de un eje de gobierno que busca eliminar las barreras económicas para que los alumnos estén en el aula y los trabajadores de la educación en sus puestos. “Mis cuatro hijos también son beneficiados con la tarjeta”, comentó Estela con alivio. Ese agradecimiento que se percibe en su testimonio es el motor que impulsa al equipo de Transporte a seguir recorriendo la provincia.
Al finalizar la jornada, Estela y sus hijos regresan a Cruz de Piedra con la tranquilidad de saber que, en este Año de la Educación, el transporte es el puente que les permite estudiar, trabajar y progresar sin obstáculos.
