TURISMO Y CULTURA

Tiburcia Escudero, ‘La Cautiva’, un ejemplo de coraje, temple y memoria viva de la historia puntana


La historia de San Luis está marcada por mujeres y hombres que, en contextos extremos, forjaron con su vida el carácter de una identidad profundamente arraigada al coraje y la dignidad. Entre esas figuras emerge, con una fuerza conmovedora, doña Tiburcia Escudero, mujer puntana admirable cuyo temple y valentía la convierten en un símbolo de resistencia y fortaleza espiritual.

La figura de Tiburcia Escudero es memoria viva, patrimonio cultural e inspiración.

Fue en el año 1850 cuando un violento malón de alrededor de 200 ranqueles irrumpió en la localidad de El Morro, por entonces un poblado próspero que contaba con cerca de 3.000 habitantes. El ataque dejó muerte, saqueos y un dolor profundo que marcaría para siempre a la comunidad. Entre las víctimas de aquel episodio se encontraba Tiburcia Escudero, una joven de apenas 20 años, capturada en su propio hogar, al pie del cerro, y llevada cautiva a las tolderías ubicadas en lo que hoy es la provincia de La Pampa.

El cautiverio de Tiburcia fue largo y brutal. Atada, maniatada y casi sin alimento, soportó un viaje de tres días a lomo de caballo que solo fue el inicio de años de padecimientos. Sometida a un trato inhumano y a castigos físicos reiterados por resistirse a los abusos, jamás doblegó su voluntad. Su espíritu rebelde y su dignidad intacta la llevaron a intentar tres fugas, aún sabiendo que cada intento podía costarle la vida.

Las represalias fueron feroces: golpizas que la dejaban inconsciente, amenazas de muerte y torturas que pusieron a prueba los límites humanos. Sin embargo, ni siquiera cuando le desollaron las plantas de los pies lograron quebrar su determinación. Tras cuatro años de cautiverio, Tiburcia protagonizó una hazaña extraordinaria: logró escapar robando caballos y, aprovechando la nieve que cubría los campos, eludió a sus perseguidores hasta regresar a su pueblo natal. Allí la esperaba otra tragedia: su madre había sido asesinada durante el malón.

Lejos de quedar atrapada en el dolor, Tiburcia reconstruyó su vida con la misma fortaleza que la había sostenido en el cautiverio. Vivió más de 100 años, y aún en su vejez conservó una vitalidad admirable: montaba a caballo, enlazaba y pialaba con destreza, desafiando los estereotipos de su tiempo y dejando un ejemplo imborrable de entereza.

Su historia, basada en su propio testimonio, fue rescatada y puesta por escrito por Humberto Silvera, maestro rural y vecino ilustre de El Morro, permitiendo que esta memoria no se pierda en el olvido. Hoy, la tumba de doña Tiburcia se encuentra casi a la entrada del viejo cementerio de El Morro, como una presencia silenciosa que invita a recordar.

En una localidad que hoy no supera los 100 habitantes, la figura de Tiburcia Escudero adquiere una dimensión aún mayor: es memoria viva, patrimonio cultural e inspiración. Su vida representa el coraje de las mujeres puntanas y la resistencia de un pueblo que, aún en los momentos más oscuros, se mantuvo en pie.

Recordar a doña Tiburcia es también reafirmar la identidad sanluiseña y valorar una historia que merece ser contada, preservada y transmitida a las nuevas generaciones. Su nombre, su lucha y su ejemplo siguen vivos en la memoria de San Luis.

Fotos: Daniel Osses

Texto: Félix Quiroga



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