TENGO MI CASA
“Luché y esperé mucho para tener un hogar para mis hijos”
La casa de Inés Páez es nueva, pero ya tiene color y aroma a hogar. Sobre la heladera están las estampitas de los santos a los que se encomienda. En el modular, una colorida y nutrida colección de pequeños juguetes de sus hijos, Mayra y Dilan Gauna, y la bolsa con pan fresco. En la mesa, el mate que acompaña sus días. Y junto al pequeño, un gatito que recorre la vivienda y seguramente todo el vecindario de El Trapiche.
En mayo pasado, Inés y sus hijos recibieron la vivienda que anhelaban desde la primera gestión del gobernador Claudio Poggi y que por la desidia de las autoridades que lo sucedieron en el Ejecutivo provincial, no pudieron disfrutar a su debido tiempo. Fue una promesa incumplida, una injusticia que la actual gestión se propuso reparar.
Hoy, a dos meses de ese hito en su vida, Inés y los chicos han llenado los ambientes de todos esos pequeños símbolos de su historia y presente. Es decir, han hecho propia esta casa y le han dado calidez y calor humano.
Sentada en la mesa del comedor, con mates de por medio, Inés contó un poco sobre su recorrido vital y de lo que significa tener un techo propio. “Nací y me crie en Balde de la Isla. De ahí volví, me vine a La Florida a vivir. Ahora estoy en El Trapiche. Siempre fui ama de casa. Hace como cuatro años, más o menos, entré a trabajar en un negocio, de lunes a viernes por la mañana”, relató.
En la anterior gestión del gobernador Poggi, cuando abrieron la inscripción a los planes ‘Progreso’ y ‘Sueños’, “se anotó mi exmarido; a él le adjudicaron la vivienda, después pasó a nombre mío. No teníamos hijos. Cuando entregaron las primeras casas en La Florida, nosotros salimos preadjudicados y pagamos 72 cuotas. Quedábamos siempre en la dulce espera. Siempre iba, preguntaba y preguntaba y pasaba notas. Me decían ‘todavía no hay novedad, hay que saber esperar un poquito, algún día irán a salir las casas’. Siempre tuvimos paciencia”, aseguró.
Cada vez que viajaba a San Luis, iba a Casa de Gobierno a consultar. Y nada. Ya en 2015 o 2016, cansada y con la sospecha de que la vivienda era un sueño irrealizable, bajaron los brazos. “No luchamos más, no golpeamos más puertas, no preguntamos más”, expresó. Dejó de pelearla, no quiso ilusionarse más. Pero sus conocidos, entre ellos su madre, compañeros de trabajo o Nancy Páez, una vecina a la que ella cuidaba y que ya falleció, le aconsejaron a Inés que no perdiera la esperanza. Pensó que si, en efecto, algún día se la daban, iba a ser una alegría muy grande.
Sin un techo propio, Inés debió buscar otros lugares donde vivir. Cuando nació Mayra, estaban en la casa que les había prestado el patrón de su pareja, al tiempo que trabajaban en un campo de su propiedad, en Balde de la Isla. Después se mudaron a La Florida. “Construimos una casita ahí, la dejamos a la casita esa ahí, y luego mi exsuegro me prestó una casa en un campamento. Y ahí era donde estábamos”, contó.
Ella se separó del padre de los chicos y se fue a vivir con su mamá. “Vivía con ella primero. Y después, al tiempo que falleció mi expareja, me vine a la casa que me prestó mi exsuegro. Y ahí estuvimos. Después llegó la oportunidad de la casa. Me dice mi mamá ‘gracias a Dios, hija, vas a tener tu techo para vos y tus hijos’, dijo.
En 2024, después de que el Gobernador anunciara en el Ave Fénix que se iban a construir las casas de las personas que se habían anotado entre 2011 y 2015 y que habían pagado un importante porcentaje de cuotas, Inés sintió que el sueño podía concretarse. La llamaron para que volviera a presentar documentación y una vecina, de apellido Villegas, también le dijo que lo hiciera. Ni comió ese día: salió de trabajar, se subió al auto y fue a llevar los papeles. “Con esto dije ‘ya está’. Hice los papeles que me pidieron, fui y presenté todo. Cuando me llamaron dije ‘Gracias Dios’”, evocó.
En ese exacto momento pensó: “Llegó la oportunidad para estar con mis hijos. Luchaba por ellos, siempre. Fue una vida muy sufrida para mí. Sufrí mucho. Y ahora estoy más tranquila. Y así como he dicho, voy a luchar hasta el fin del mundo. Soy la única que lo hace por ellos, soy mamá y papá a la vez”, dijo Inés con la voz quebrada por la emoción, agradeciendo a quienes la acompañan en su rol, entre ellos, su madre y su hermana, única familia que tiene más cerca, y sus amistades.
“La alegría es tan grande para ellos…”, expresó Inés sobre el sentir de sus hijos, y recordó con alegría la emoción de sus pequeños en cada etapa de este proceso, entre ellas, las visitas a la casa mientras estaba en construcción.
Una o dos veces a la semana iban a ver cómo la vivienda iba tomando forma. A veces impaciente y un tanto ofuscado, Dilan le preguntaba cuándo iba a estar lista. Inés le decía que tuviera paciencia, la misma que ella tuvo y que, por suerte, la llevó a buen puerto. “Después, cuando vino y la vio con puerta, ventana y revoque por fuera, estaba contento. Decía ‘esta va a ser mi pieza, la otra es tuya’. Hacían planes para una cosa, para la otra, para ir a la escuela, porque ellos van a la escuela de La Florida. Y le digo ‘este año a La Florida y el año que viene se cambian a la de El Trapiche”, comentó.
Cuando le preguntan si ya siente esa casa como su hogar, sin margen a dudas, Inés responde que sí. Juntan y cortan leña, entre los tres se distribuyen las tareas de limpieza, alguno tiende la ropa. A veces, el más chiquitito se va a jugar a la cancha un rato, o Mayra sale a pasear, mientras Inés hace alguna labor, o va a charlar un rato con su vecina. O reciben la visita de su madre o su hermana.
“Es otra vida, otra tranquilidad, una paz. Acá estamos y estamos tranquilos. Vamos, venimos, nos levantamos, siempre pensando qué más hacer, qué más poner”, contó la vecina, que de a poco embellece su casa con plantas y proyecta, en el futuro, hacer un dormitorio más.
“Es la alegría de estar acá, vamos a seguir siempre con la familia que tengo, unida. Siempre contenta de esta gran noticia, que esperamos que llegara y llegó. Es felicidad nomás”, cerró.