PASIÓN Y DISCIPLINA

Es mamá, juega al hóckey y trabaja en el Hospital Central ‘Dr Ramón Carrillo’


Cuando la vida se convierte en un equilibrio perfecto entre el trabajo, la maternidad y los sueños. Dulce Lucioni relata una historia de superación.

Dulce Lucioni en las instalaciones del HCRC, su lugar de trabajo.

En los pasillos del Hospital Central ‘Doctor Ramón Carrillo’, entre números y planillas contables, trabaja una mujer de 32 años que ha convertido la organización en un arte. Dulce Lucioni no es solo una trabajadora más del área contable: es una madre guerrera, una atleta apasionada y un ejemplo viviente de que cuando hay voluntad, todo es posible.

“Soy mamá sola hace seis años”, cuenta Lucioni con la naturalidad de quien ha aprendido a convertir los desafíos en oportunidades. Su hija Guillermina es su compañera de vida y su motivación constante. “Mi familia somos mi hija y yo”, afirma. En esa sencilla frase, se esconde una historia de amor incondicional y determinación inquebrantable.

“Trabajo por la mañana, así que la llevo a la escuela, entro al hospital y cuando salgo del trabajo, la busco. Vamos para todos lados juntas”, relata con una sonrisa. La rutina diaria se ha convertido en una danza perfectamente coreografiada en la cual cada momento cuenta y cada decisión está pensada en función de su pequeña familia.

El Hospital Central: más que un trabajo, un hogar

“Me encanta trabajar aquí, he visto todos los avances y todo lo que se ha ido logrando. Ha ido creciendo a un nivel impresionante”, dice Dulce sobre su espacio laboral, donde ha sido testigo del crecimiento y la evolución de una institución que es orgullo de San Luis.

Sus compañeros de la oficina se han convertido en algo más que colegas: “Son mis amigos y son compañeros ya de vida porque ante cualquier cosa (un tema del club, de la casa o personal) nos acompañamos, nos preguntamos al otro día. Y cuando viajo a competir me preguntan cómo me fue”.

En el Hospital ‘Carrillo’, Dulce ha encontrado no solo estabilidad laboral, sino una segunda familia que la apoya en cada paso de su camino.

El hóckey: una pasión que nació en la escuela

“Juego desde los 13 años, empecé en la escuela y era la que me animaba a atajar. Desde entonces soy arquera y me encanta”, recuerda Dulce sobre sus inicios en el deporte que cambiaría su vida. Lo que comenzó como una actividad escolar, se transformó en una pasión que la define.

El destino la llevó al club La Torre de una manera casi mágica: “En un torneo vino una chica de Lomas y me dijo que yo estaba para jugar en un club, que no jugara más en la escuela y ahí empecé en La Torre”.

“Me probé, obviamente. Arranqué andando con palo y bocha como todas, pero un día había que jugar un partido y alguien se tenía que poner de arquera en el equipo. Yo me ofrecí y ahí quedé. Me encanta”, comentó sobre el momento que definió su posición en la cancha y, de alguna manera, su filosofía de vida: animarse a tomar el desafío cuando otros dudan.

La organización como arte de vida

“Para cumplir con todo el trabajo en el ‘Carrillo’, el hóckey y la maternidad, estamos muy organizadas con mi hija. Además, tengo unos padres que me súper acompañan”. Su rutina semanal es un ejemplo de planificación perfecta.

“El lunes voy al gimnasio. Los martes, mientras mi hija va a danzas clásicas, tengo pilates a tres cuadras. En esa hora entreno porque hay que compensar y hay que complementar con la elasticidad, ya que es clave para la posición que juego. Los miércoles voy a hóckey y entreno en el club. Los jueves son iguales que los martes, y el viernes entreno con el club para después ir al gimnasio”, contó.

“Para complementar el hóckey voy al gimnasio tres veces por semana y dos veces por semana voy a pilates, aparte de los entrenamientos del club”, explica demostrando que cuando hay pasión, siempre se encuentra el tiempo.

Los logros que van más allá de las medallas

“Los logros deportivos han sido muchos, he jugado muchos años. Pero el logro que más me llevo es la calidad de vida porque si bien es a nivel deportivo (a nivel físico), para mí el hóckey es un cable a tierra. Para mí, ése es mi logro”, reflexiona Dulce sobre lo que realmente significa el deporte en su vida.

Sus metas deportivas hablan por sí solas: “Con el club hemos ido a muchas finales y hemos jugado muchos torneos. En el verano, fuimos a competir un torneo en Mendoza y me eligieron como la mejor arquera”. Este año, el reconocimiento llegó también a nivel provincial: “Después participé en el torneo de San Luis, que fue un regional de clubes este año, y luego me fui a probar al seleccionado este año, quedé en el equipo mayor de San Luis y viajamos a Neuquén”.

Una final que marcó su vida

Hay momentos que definen a las personas, y Dulce tiene el suyo. “No he salido campeona con mi club desde que juego al hóckey. Hemos jugado muchas finales, y en una de las que más me marcó yo estaba embarazada de casi cinco meses, aunque estaba médicamente autorizada para jugar. Disputamos la final, fuimos a penales y perdimos. Fuimos subcampeonas un montón de veces, ojalá que este año se nos dé”.

La imagen de una mujer embarazada, defendiendo el arco de su equipo en una final, es la síntesis perfecta de quién es Dulce: una luchadora que no se rinde, que encuentra la manera de estar presente cuando su equipo la necesita.

El futuro y los sueños

“Ahora, queda continuar con los entrenamientos para poder avanzar y seguir creciendo para el año que viene, para ir mejorando”, dice Dulce sobre sus planes futuros, siempre mirando hacia adelante y siempre buscando crecer.

Su enfoque familiar también se refleja en el deporte: “Puedo ir a entrenar con mi hija al club. Me acompaña a los partidos y lo disfruto”, expresó.



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