RECUERDOS DEL 2 DE ABRIL

“Quédate tranquilo viejo, que no me voy a una guerra”


El abuelo y el padre del excombatiente de Malvinas, Luis Eduardo Brescia participaron en conflictos bélicos. Cuando salió sorteado para cursar el servicio militar obligatorio, su familia no imaginó que le tocara pasar por lo mismo.

Para el padre de Luis Eduardo Brescia, la noticia de que iban a enviar a su hijo a Malvinas fue desgarradora y a su vez, una ironía del destino. El hombre, de origen italiano, pasó seis meses prisionero de los alemanes en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial y su padre, como él, logró salir vivo de la Primera Guerra Mundial. “Mi papá se agarró la cabeza y me dijo ‘los argentinos no saben lo que es estar en guerra’. Esa frase fue demoledora. Me pidió por favor que me cuidara, pero como cualquier padre, la verdad que la vivió muy mal”, cuenta el veterano, que hace 16 años eligió Merlo como su nuevo hogar. Como muchos otros excombatientes, hoy dedica parte de su tiempo a malvinizar y construir un legado para sus nietos.

En diciembre de 1981 Brescia, con 18 años, acababa de terminar el secundario y tenía planes de convertirse en guardaparques, ingeniero agrónomo o hasta médico. “Nada de eso sucedió y hubo que seguir por otros caminos”, reflexionó.

Tras salir sorteado para realizar el servicio militar obligatorio, el 4 de febrero de 1982 ingresó a la Escuela de Ingenieros en Campo de Mayo como soldado conscripto. Momentos antes de viajar, en la terminal de ómnibus, le dijo a su padre “quédate tranquilo viejo, que no me voy a una guerra”.

Brescia se enteró de la recuperación de las Islas Malvinas por los medios de comunicación, el 2 de abril de 1982. Ocho días después se embarcó en un avión de Aerolíneas Argentinas en el aeropuerto de El Palomar hasta Río Gallegos. Desde allí partió en un avión Fokker hasta Puerto Argentino, donde le asignaron la tarea de controlar y asegurar el suministro de agua potable a pobladores y soldados.

“Con 18 años en un lugar inhóspito, estábamos… no sé, contentos, orgullosos te diría. Sentíamos que estábamos haciendo historia. Cierto fervor patriótico de estar en Malvinas sin pensar en todo lo que vendría después. Creyendo que íbamos a estar 15 ó 20 días y volvíamos a Argentina. Pero después hubo que cambiar el chip como se dice ahora, y empezar a encarar los días de otra manera”, recuerda.

El viento, el frío, la adrenalina y el temor calaron tan hondo que incluso hoy, a más de 40 años del conflicto, esas sensaciones aún lo inundan. “Nadie sabía que tenías estrés postraumático. De noche me despertaba y tenía que prender una luz porque me encontraba perdido. No sabía dónde estaba. Me faltaba el aire. Despertaba y tenía que prender una luz para ubicarme”. “Yo vine a sanarme acá hermano”, dijo sobre Merlo.

El 14 de junio de 1982 a la tarde, tras un acuerdo entre las naciones parte del conflicto, el excombatiente cayó prisionero de los ingleses hasta el 21 de junio, cuando abordó el Buque Hospital ‘ARA Bahía Paraíso’ rumbo a Trelew. Ya en el continente fue trasladado nuevamente a la escuela de suboficiales en Campo de Mayo. “Nos tuvieron tres o cuatro días encerrados, sin contacto con nadie. Mi familia no sabía que había vuelto, pero como un grupo de padres se había enterado de la llegada de un contingente de soldados iban todos los días a la base a meter presión hasta que, no sé cómo, lograron entrar y ahí me encontró mi papá. Ése momento, el abrazo con mi viejo, de esos abrazos que se dicen ‘del alma’, fue el mejor día de mi vida”, señaló el excombatiente.

Luis vive hoy una vida diferente en la Costa de los Comechingones, y por supuesto malviniza. “Siempre que puedo comparto mi experiencia en Malvinas en algún colegio o en alguna charla con amigos o hijos de amigos. Hay compatriotas argentinos que dieron su vida por un pedazo de tierra argentina y eso es lo más sagrado: dar tu vida por la Patria, por el juramento ‘juremos con gloria morir’. Los compatriotas que lo honraron, la gente del (crucero ARA) Belgrano, los de la Fuerza Aérea que se subieron a un avión sin saber si volvían, me impulsan y llevan a defender el tema Malvinas”.

“El día de mañana, si Dios quiere, ojalá pueda mostrarle a mis nietos todo lo que tengo: mi casco, mis cartas, fotos y contarles mi historia como mi viejo lo hizo conmigo… mi familia tiene todo un legado que ellos necesitan conocer. A las nuevas generaciones les digo que estudien, que hablen con los veteranos, que honren el legado de Malvinas porque hay argentinos que dieron la vida por ellas”, pidió.


Agencia de Noticias San Luis

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