EDUCACIÓN
“Siento un profundo honor y un orgullo de pertenecer a esta comunidad, que me abrazó y adoptó”
Alicia Mattus, directora de la escuela del paraje El Tala, es un ejemplo del amor y compromiso que todos los docentes de la ruralidad entregan, muchas veces en soledad, a sus queridos alumnos.
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“Y aunque llorando por dentro, masticando soledad en aquel lejano sitio, puso firmeza en el paso y fue a buscar el amor de aquel puñado de niños, que hace mucho la esperaba en la escuelita de campo…”, versa uno de los pasajes de la hermosa obra de Luis Landrisina, ‘Maestra de campo’.
Este lunes, en el acto central por el inicio del ciclo lectivo 2025, Alicia Mattus, directora de la Escuela N°277 ‘Crucero General Belgrano’, incluyó a la soledad como uno de las condiciones propias de su labor; pero no en un sentido negativo, si no necesario para ser parte activa dentro de una comunidad que la abrazó hace diez años y que la sostiene y ayuda en todo.
Hace una década que la docente llegó a El Tala, “un pequeño y bello paraje del noreste puntano, sobre la ruta 22 que une Naschel y Villa del Carmen”. “Esta institución es pionera, desde hace 42 años, en ser malvinizadora. Estoy unida a ese tema y orgullosa de poder impartir ese legado a mis alumnos”, sostuvo.
A pesar de que la institución tiene 115 años de historia, en 1982, el directo de entonces, Jorge Mario Rodríguez, decidió renombrarla como ‘Crucero General Belgrano’ en honor a los caídos en el hundimiento de la embarcación en la Guerra de Malvinas.
Si bien originariamente la escuela siempre fue de personal único, eso cambio con la implementación del nivel Secundario y la llegada de otros docentes. Aun así, Mattus destaca que quienes siempre la acompañaron hasta hoy fueron los pobladores: “Siento un profundo honor y un orgullo de pertenecer a esta comunidad. Me abrazaron, me adoptaron y ahora vivo acá. Siempre digo que estos gringos llevan la escuela en el alma, la sostienen, porque a cada llamado que el docente o el director hace diciendo ‘por favor, ayúdenme’, viene alguien y todos están prestos a limpiarla, arreglarla. Realmente son los guardianes de la escuela”.
Ese compromiso y amor colectivo tiene un ejemplo puntual. Desde hace décadas la institución mantiene una relación con representante de la empresa automotriz Ford, que en 1970 donó bancos y sillas que aún hoy están impecables. “Eso es consecuencia del cuidado de toda la comunidad, porque los alumnos que recibieron aquellas sillas hoy son los abuelos de los alumnos que vienen acá. Ellos desde la casa les inculcan ese cuidado, y no tienen ningún rayón ni chicles como decimos nosotros. Van a cumplir 55 años y todavía persisten. En el año 2022 Ford volvió para aportar otra refuncionalización y puesta en valor y se asombraron de encontrar el mismo mobiliario del año 70. Ahí está el ejemplo de cariño que la comunidad tiene por su escuela”, contó.
Sobre el maestro de campo, Mattus reflexionó que “el que no siente entrega, pasión por la ruralidad, no debe ser. Y otra cosa. Esa soledad de la cual hablé tiene sus pros y sus contras. Yo la rescato y la hago propia porque nos permite ser partícipes necesarios en la comunidad. Porque si no estuviéramos en soledad o más acompañados sin duda no nos encontraríamos, por eso lo voy a tomar como una ventaja siempre, porque si nos quedamos en el aislamiento y en el ostracismo no evolucionamos”, cerró emocionada.