MALVINAS, EL LEGADO
miércoles, 03 abril de 2024 | 13:47

“Nosotros ya cumplimos, ahora les toca a ustedes”

Carlos Sager se incorporó con apenas 16 años a la Armada Argentina y tan solo ocho años después embarcó rumbo a Malvinas para participar del conflicto armado como técnico electrónico. Si bien considera que reviviría otra vez todos los calvarios de la guerra con tal de defender su patria, también reconoce que la violencia no es la solución y llama a las futuras generaciones a comprometerse con la causa a través de la vía diplomática.

Carlos Alberto Sager nació en un pequeño pueblo de Santa Fe, pero hace más de 35 años que vive en San Luis y se considera un puntano más. ‘El Turco’, como lo llaman sus vínculos afectivos más cercanos, integró la delegación del ‘ARA Bouchard’ en la guerra del Atlántico Sur, cuya misión era escoltar al crucero General Belgrano. El excombatiente viajó en condición de técnico electrónico con especialidad en la rama sonar, y su papel consistía en la reparación de los equipos a bordo.

Cómo cualquier otro veterano de guerra, Carlos tiene una infinidad de experiencias para contar, casi todas negativas. Podría hablar sobre cómo no tuvo oportunidad de despedirse de su familia porque le habían comentado que era una navegación de ejercicio. Tal vez podría resaltar que en su regreso al país pesaba 15 kilos menos, producto de pasar días sin comer. O como cada vez que el calendario marca el 2 de abril, él se siente nuevamente en el barco y se acuerda “de todo lo que hice y hasta de lo que no hice”.

Pero, antes que todo eso, el excombatiente hace un foco especial en un concepto que se reitera en muchos de sus compañeros: la malvinización. Esto es, la importancia de no dejar que el paso del tiempo deje secuela en la memoria del pueblo argentino, especialmente entre el estrato social que, por pertenecer a un rango etario menor, no vivenció aquellos tiempos y sólo puede conocer las historias a través del estudio o la palabra de quienes sí sintieron aquel lejano 1982 en carne propia.

En definitiva, hablamos del legado. Y el legado que desea dejar Carlos para las generaciones venideras de jóvenes argentinos puede parecer contradictorio, pero en su aparente contradicción acapara valores que todos ponderamos, como el amor, la valentía, el orgullo, la vocación y la sensatez. Por un lado, insiste en que, con tal de defender a su país, permitiría nuevamente que su mirada se desvíe hacia un costado para reposar finalmente en un amigo abatido en medio de un combate. También volvería a bajar al subsuelo del ‘ARA Bouchard’ para hacer uso del baño, aun sabiendo que el espacio está rodeado por una pila de cadáveres que pertenecieron a sus compañeros.

Pero al mismo tiempo implora por el cese de la violencia, en cualquiera de sus dimensiones. Pide que en las escuelas no haya más peleas por una lapicera, una boligoma o un asiento. Sabe que la guerra no sirve para nada, y por eso reitera su deseo de que la juventud no abandone la causa Malvinas, pero que la persiga desde otro lugar. “Recuerden lo que les dejo: nosotros ya cumplimos, ahora les toca a ustedes”, cierra el veterano.