La directora de la banda marcial Pancha Hernández, encontró en “Sueños del Arte” la posibilidad de compartir sus conocimientos y ayudar a otros a crecer en el ámbito de la música.

Ada Amaya nació en San Luis hace 44 años, está casada y tiene cuatro hijas y un hijo. En septiembre de 2017 comenzó a dictar clases de teoría y solfeo en el sistema de bandas, coros y grupos de danza “Sueños del Arte”. Cinco meses después, cuando se conformaron las bandas marciales fue elegida para dirigir la agrupación “Pancha Hernández”, que está integrada por mujeres.

Una vida dedicada a la música

En la vida de Ada, la música es una integrante más. Sus padres eran músicos, por lo tanto, creció en un ámbito donde la ejecución de instrumentos y los sonidos siguen siendo parte de lo cotidiano.

Desde 1993 comenzó a capacitarse formalmente y en 1997 obtuvo su título otorgado por el conservatorio Galvani. Luego continuó perfeccionándose en otras áreas, lo que le permitió trabajar como docente de música en algunas escuelas públicas, pero también formó grupos musicales, estuvo en coros, participó de distintos concursos y en festivales de diferentes provincias argentinas.

Una oportunidad que ayuda a cumplir sueños

Ada destaca la tarea formativa y de inclusión que caracteriza al Sistema Sueños del Arte: “Lo mejor que tiene el sistema es la inclusión que se le da a todas las personas que les gusta cualquiera de las disciplinas y la posibilidad de aprender, porque ayuda a cumplir sueños. Es una experiencia única, todos pueden cumplir el sueño de ser un verdadero artista en diversas disciplinas del arte”.

Continuar enseñando en tiempos de pandemia

Si bien las capacitaciones de “Sueños del Arte” continuaron a través de medios digitales, Ada explica que reorganizaron los contenidos y ahora enseñan por familia de instrumentos. Sin embargo, extrañamos las tareas diarias que realizaba de forma presencial. “Se extrañan muchas cosas. La parte humana y el compañerismo. Se extraña disfrutar de hacer música en grupo, ese sonido que era protagonista cada día. En mi caso trabajaba cada día con 30 personas. Nos reuníamos en una sala para ejecutar instrumentos de viento, percusión y eso era maravilloso. Se extraña el trabajo que también hacíamos fuera del aula; tenemos el gran anhelo de seguir creciendo como grupo para continuar compartiendo nuestro trabajo y el arte con la comunidad”.

 

Nota y foto: Prensa Cultura.