Se trata de una enfermedad zoonótica que afecta a la salud pública, con presentaciones comúnmente en invierno cuando la faena casera de autoconsumo es más frecuente.

El Gobierno de la provincia realiza campañas de prevención contra la enfermedad y acerca herramientas útiles para su detección temprana como es el caso de los Laboratorios de Digestión Artificial. El último avance fue la habilitación de un laboratorio de triquinosis en Candelaria.

Este espacio cuenta con la supervisión del Ministerio de Producción, lo que garantiza -a quienes lleven carne de cerdo para detectar la enfermedad- que se trata de un espacio con todos los avales que puede ofrecer el Estado. El laboratorio funciona en la Municipalidad y, por ahora, realiza gratis el estudio, por lo que los productores no tienen excusas para asegurar la inocuidad.

Ni siquiera pueden argumentar que las distancias y los costos de traslado conspiran contra la intención de evitar la propagación de la triquinosis, que es una de las más peligrosas zoonosis (son enfermedades que se transmiten de los animales a los seres humanos) que giran alrededor de la industria alimentaria artesanal.

El Ministerio de Producción, en conjunto con la comuna local, les acercó un laboratorio que será un faro para todo el norte provincial y que beneficia no solo a los criadores de Candelaria, sino también a los de Quines, Luján, Leandro Alem, San Francisco y todo el departamento Ayacucho.

De la res es posible la extracción desde cuatro lugares diferentes para el diagnóstico de triquinosis. Estos son: el diafragma, la zona entre las costillas, bajo la lengua o la quijada. De allí, dependiendo el proceso que se le haya realizado a la carne, será la cantidad que habrá que separar para ser colocada en cualquier envase limpio. Cuando se trate de carne recién faenada se pedirán solo 45 gramos con la menor cantidad de grasa posible. En cambio si la carne ha sufrido algún proceso, varían las cantidades pero no la calidad de la misma. Para embutidos se requiere un modelo de 200 gramos, mientras que para salazones y ahumados bastará con 100 gramos.

El diagnóstico puede tardar a lo sumo dos horas en estar listo, por lo que tampoco se pierde tiempo en la espera. Otra variante útil es faenar los cerdos en frigoríficos habilitados, donde los exámenes de triquinosis son obligatorios y ayudan a certificar todo el proceso de elaboración. Si la triquina ingresa en el cuerpo humano, el plazo para la curación es corto, ya que hay que ingerir medicación antes de que pase del estómago a músculos. A partir de allí, puede dejar secuelas de por vida. Por eso es vital comprar chacinados o carne fresca certificada por los organismos sanitarios.

Por supuesto que todo comienza con una cría responsable y bajo condiciones higiénicas lógicas. Un porcino seguro es aquel que cumple con las condiciones mínimas de salubridad, no solo dentro del lugar que habita sino también en lo que a su alimentación se refiere. En la actualidad existen personas que crían a sus chanchos con sobrantes de comida de restaurante, por ejemplo. En otros casos, la alimentación proviene de basurales, donde las ratas son una constante. Cuando los porcinos se comen a los roedores, que son huéspedes ideales de la enfermedad, a partir de ese momento lo más probable es que se contaminen. Una vez que el chancho se infectó, no tiene retorno, por lo que la única alternativa posible es el sacrificio.

Los productores que quieran averiguar más sobre su funcionamiento deben llamar al 2664-569952, o bien a la Autopista de la Información (4452000) interno 4124.

Nota y fotos: Prensa Ministerio de Producción.