Los procesos de integración son largos y con vaivenes. ¿Conviene a la Argentina? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden? Veinte años negociando y esto recién empieza.

Un largo proceso que lleva veinte años, dio este fin de semana un nuevo paso. Se acordó el libre comercio entre la Unión Europea y el Mercado Común del Sur.

Hay diversos niveles de integración entre estados, desde la cooperación a la unión, en medio el mercado común. La historia de la humanidad está llena de vaivenes en estos procesos de integración-desintegración. Temprano vemos las integraciones por conquista del imperio romano o griego y la desintegración por caída.

Con la conformación de los estados modernos, luego de la Revolución Francesa, es un proceso de integración a través de enfrentamientos armados. Baste con pensar en Argentina, distintos estados provinciales formaron Argentina después de las batallas entre unitarios y federales, o los Estados Unidos de Norteamérica luego de la guerra de secesión.

Más recientemente y luego de la segunda guerra mundial, vinieron procesos de integración regional. En donde diversos países comenzaron a integrarse. Las pioneras fueron la Unión del acero y el carbón entre Alemania y Francia y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética. Aquél pacto de alemanes y franceses dio origen posteriormente a la Unión Europea y sabemos que luego de la caída del muro de Berlín la URSS se desintegró.

La Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay dieron el primer paso en América del Sur, con un nombre no tan ambicioso: Mercado Común del Sur (Mercosur), el mercado común tiene un grado mayor de integración que un tratado de cooperación entre países, pero menos que una unión.

Los procesos de integración tienen ganadores y perdedores. Tienen marchas y contramarchas. Traen consigo oportunidades y amenazas. Lo curioso de este principio de acuerdo entre dos bloques regionales, el Mercosur y la Unión Europea, es que se propone una gran zona de libre comercio en momentos en que en el mundo, las dos principales potencias, EEUU y China, están elevando sus protecciones comerciales, a lo que se ha dado en llamar guerra comercial. Veinte presidentes de países europeos remitieron una carta el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, donde reconocen esta situación y fijan posición al decir “la creciente amenaza del proteccionismo” tiende a “debilitar el sistema de intercambio basado en las reglas del multilateralismo y socava el sistema de cooperación internacional que necesitamos preservar”.

Si es bueno o malo para Argentina, a qué sectores beneficiará y a quiénes perjudicará, son cuestiones que se podrán ver con mayor claridad cuando se conozcan los términos del acuerdo, que comienza ahora con el proceso de traducción en los diferentes idiomas, que llevará entre 6 y 12 meses, luego la firma de los diversos ejecutivos, de allí a la aprobación o no de los diversos parlamentos. Festejar o rechazar en estos momentos es apresurado.

Hay que revisar lo acordado, ver si es conveniente y para quienes. Por ahora parece que hay consenso en que las industrias perderían y los sectores vinculados a las agroexportaciones ganarían. Aquí si hay coherencia en las políticas de esta gestión de Macri que benefició a los exportadores de productos primarios y está logrando el cierre de las industrias.