La mirada multidimensional de la pobreza permite poner en la agenda pública la necesidad de generar políticas que ataquen estructuralmente a este flagelo.

“La pobreza es más que la escasez o insuficiencia de ingresos”, así comienza la introducción del informe de UNICEF sobre Pobreza Monetaria y Privaciones no Monetarias en Argentina. Para decir de manera contundente en su segundo párrafo: “Vivir en pobreza durante la infancia significa no ir a la escuela ni aprender, saltar una de las comidas o ir a dormir con hambre, no tener zapatos o vestimenta digna, estar privado de atención médica y expuesto a enfermedades, vivir en un hogar sin agua potable, electricidad, en espacios inseguros y en condiciones de hacinamiento o enfrentarse a muchas otras carencias”.

Con este concepto de pobreza, es que la UNICEF presenta su informe, basado en la Encuesta Permanente de Hogares, que es la investigación socioeconómica más importante que realiza el INDEC. Los datos corresponden al primer semestre de este año y en vista de lo ocurrido en el segundo, el próximo informe será peor.

El primer dato impactante del informe es que el 48% de los niños y niñas son pobres desde una perspectiva multidimensional no monetaria.

¿Qué significa? Que a casi 1 de cada 2 niños y niñas, se les priva el ejercicio de al menos uno de estos derechos: educación, protección social, vivienda adecuada, saneamiento básico, acceso al agua segura, o un hábitat seguro. La pobreza monetaria, tipo de medición oficial en Argentina, muestra un 42% de niños y niñas pobres, un 6% menos que este otro modo de mirar la pobreza.

Mientras el último informe de pobreza del INDEC, que es el utilizado por UNICEF, marca un porcentaje de pobreza general del 27,3%, utilizando esta mirada multidimensional, ese guarismo se eleva a 38,1%.

Si comparamos por regiones el nivel de pobreza no monetaria, tiene su pico más elevado en Gran Buenos Aires, Cuyo se encuentra por debajo del promedio nacional (la más baja si consideramos la pobreza extrema), siendo el sur el punto más bajo. Hablamos de 58,5%, 33,6% y 29,7%, respectivamente.

 

Como justificando este tipo de medición de la pobreza, el informe expresa: “Un 22,3% de niñas y niños no son pobres por ingreso, pero experimentan al menos una privación en los aspectos no monetarios. Esto implica casi 3 millones de niños y niñas que no aparecen como privados si solo se consideran como privaciones monetarias”.

La importancia fundamental de estos datos, es que ellos posibilitan al decir de UNICEF “establecer prioridades en la formulación e implementación de políticas públicas”.