El primer tomo de su obra poética y narrativa es un necesario viaje por los temblores y misterios del paisaje.

El volumen fue publicado por San Luis Libro.

“Todas las arterias me unen a la sangre/ de los mineros muertos y de los que no llegaron”, así se presentó ante la comunidad don Tobares en 1962 con el poemario “Cerro Blanco” hoy, entrañable para él y muchos lectores.

El autor prefiere el nosotros como tono dominante en sus versos. Música y pinceladas fluyen, martillean o dinamitan en más de 300 páginas que reúnen cuatro obras, con algunos poemas inéditos, más los relatos campestres de Río Grande (2003).

“Cerro Blanco está frente a mi pueblo, es un tótem prácticamente sagrado”, expresó el escritor oriundo de San Martín durante la presentación de este primer volumen de sus obras completas.

Cada tanto, cuando la investigación histórica le daba algunos respiros, Tobares se sumergía en su convicción estética. Así surgieron los poemarios “Gente de mi pago” (1991) y Calandrias de Septiembre” (1994).

“Creo que escribir poesía no es un mero pasatiempo; una gimnasia intelectual cuyo último objetivo sea acertar consonantes y asonantes, sino un acto serio, trascendental en la vida del hombre. Lamentablemente hay gente que escribe poesía porque quiere alcanzar lo que considera un título: el de poeta”, dijo en la conferencia titulada “El hombre y la poesía”, ante el Rotary Club en 1963.

“Cuando un artista olvida que a su lado otros hombres luchan y sufren; trabajan y cantan, aman y sueñan, en una palabra, viven; evidencian falta de responsabilidad. Más aún, está ausente en él el sentimiento de fraternidad que nunca puede estar ausente en el arte porque es el hilo secreto que hace vibrar la sensibilidad de los hombres a través del tiempo y la distancia”, señaló en este documento que abre el tomo cuya importancia destacó el poeta Gustavo Romero Borri: “La edición revisada de todas sus obras viene a prevenir el peligro que implicaría su dispersión y también, por qué no decirlo, la posibilidad de que su tarea sucumba en el olvido o la invisibilidad. Estas palabras distintas significan, en este caso, lo mismo porque ambas dañan la vigencia de la memoria”.

Borri describió que el estilo de Tobares, su amigo, es de frases cortas y muy científico. “Pero a su vez el poeta se le filtra en sus exactitudes, y entonces sus frases o conferencias terminan con la levedad de la metáfora”, destacó el curador de estas obras completas.

Con Liberato caminamos por laberintos de piedra. Y hay peligro de derrumbe. El autor acepta estas detonaciones. Cada verso funciona como un intersticio. Tal vez para que después de la lectura podamos respirar el aire fresco de la poesía bajo un sol de justicia.

Nota: Matías Gómez.

Fotos: Jésica Flandes.