Para huir de la violencia de la guerra, llegó desde Siria hasta San Luis el 13 de marzo del año pasado con toda su familia.

“La gente en San Luis es muy amable, estamos muy felices aquí; estoy casado con María hace 17 años y tenemos tres hijos: Jouni, de 16 años; Mikl y Fadi, que tienen 10 y 7”, describió George a más de un año de haber dejado atrás una angustiante realidad.

Jouni y Mikl van a la Escuela Generativa “Corazón Victoria” y Fadi, a una escuela digital. Todas ubicadas en la ciudad de San Luis. Desde que llegó a la provincia, George trabaja en la reparación de todo tipo de marcas y modelos de máquinas de costura, un oficio que trajo desde Siria y que hoy le permite abrirse camino para sostener a su familia.

El 7 de febrero de 2017, la primera familia de refugiados arribó a tierras puntanas en el marco de las políticas que desarrolla el Gobierno provincial como Estado Llamante e integrante del Corredor Humanitario Internacional. El 13 de marzo, lo hicieron George y su familia.

La salida de su país no fue sencilla. Venían desde Alepo, una de las zonas más castigadas de Siria, desde donde, para salir, debieron trasladarse en vehículo por vía terrestre para entrar a Damasco, pero no lo hicieron porque la situación era muy peligrosa y entonces debieron ir a la frontera de El Líbano, y desde allí hasta Beirut, donde tomaron el vuelo para Argentina.

Hoy están adaptados a la vida en San Luis, pero la nostalgia a veces los invade y extrañan lo cotidiano de su anterior vida. “Traemos el café del supermercado y lo mezclo en la máquina; lo pongo en la jarra sobre la hornalla hasta que hierve y lo servimos”, explicó George. Es muy especial y delicioso nuestro café, el que teníamos en Siria, y amamos la preparación y su sabor”.

Separarse de otros seres queridos para refugiarse en San Luis también deja su marca: “Estamos muy lejos de la familia; pero estamos muy felices aquí, aunque estar lejos te pone triste, por eso quiero decirle a la gente de San Luis muchas gracias por recibirnos”.