Tiene 17 años. Integra la Selección Argentina y fue convocado para las Copas de Italia y Alemania. También para el Panamericano de Colombia.

Nicolás Lucero representa a la UPSAL, y con 17 años es una de las jóvenes figuras del patín argentino.

Nicolás Lucero empezó patín por casualidad. Una amiga lo invitó a probar una clase y ahí se dio cuenta de que era su lugar en el mundo. Hace doce años que lleva este deporte en la piel. Con tan sólo 17 años, es una de las grandes promesas que tiene la disciplina. Integra la Selección Argentina. Fue convocado para las Copas de Italia y Alemania, además para el Panamericano de Colombia. Tiene un enorme potencial. Representa a Unión de Patinadores de San Luis (UPSAL). Su especialidad es la modalidad libre (salto, trompos, coreografías). Es dueño de un rico palmarés. Es campeón nacional y sudamericano. Monarca provincial y regional. Fue elegido tres veces consecutivas como el mejor deportista del año.

Este presente no es producto de la fortuna. Es por el sacrificio que hace Nico. Se levanta todos los días a las 6:30 para ir al colegio. A las 13:30 sale y se va rápido a su casa para almorzar. Ahí nomás va al gimnasio en La Punta. Después parte hacia el club para entrenar cinco horas de patín. Y por la noche, los libros lo esperan para estudiar. Cursa el último año en la “Bartolomé Mitre”. Quiere ser arquitecto, pero por el momento desea construir su sueño de patinador.

Su gran ídolo es Luca Lucaroni. Tuvo la suerte de conocerlo. Sueña con llegar a un Mundial, pero también desea estar en alguna de las Copas en las que se ganó el derecho por sus grandes actuaciones (Copa Italia, Alemania y Panamericano de Colombia).

Mamá Paola y papá Guillermo hacen magia para que a Nico y a su hermano Gonzalo no les falte nada. Tiran todos para el mismo lado. Acompañan a Nico a los torneos. En cada trompo, en cada salto o en cada coreografía de este gigante del patín, está el esfuerzo de la familia. Cuando sale a escena para mostrar toda su jerarquía, cierra los ojos y ve a los viejos, ahí cerquita, en la platea preferencial, con los ojos llenos de lágrimas, emocionados al ver al hijo feliz.

Es un pibe de bajo perfil. Agradecido. Familiero. “Todo lo que hago se lo debo a mi familia. Sin ellos sería imposible. Son todo para mí. Mi sostén. Mi vida”, dice Nicolás. Se le infla el pecho cuando habla de los viejos y de los compañeros del colegio, que también le dan una gran mano, como así también su escuela, donde se organizan bingos para recaudar fondos.

Dice que le gustan todos los deportes, pero que siempre hizo patín. Fue y es tan fuerte el lazo con esta disciplina, que cuando la abrazó a los cinco años no la soltó nunca más. Vive por y para el patín.

A pesar de que en todos los torneos siempre hizo podio, no tiene un certamen preferido. “No tengo un mejor campeonato, siempre son buenos y de cada uno se aprenden cosas y experiencias nuevas”, aseveró.

Disfruta del patín y de los ñoquis que le hace mamá. Sabe que tiene mucho camino por recorrer. Cuando apoya la cabeza en la almohada, después de una jornada agotadora, sueña que está en lo más alto del podio de un Mundial. No quiere despertar. Pero sabe que a los sueños, para alcanzarlos, hay que perseguirlos. Y los va a perseguir, porque nadie le regaló nada. Todo lo hizo y lo hace a pulmón. El sacrificio que hace, algún día tendrá su recompensa; y ese mimo al alma, puede ser el Panamericano de Colombia, el primer gran objetivo de Nicolás, la figura que tiene el patín puntano.

 

Nota y foto: Daniel Valdés.