Tiene 21 años y es una de las figuras de Sportivo Escobar, que milita en el Torneo Federal de Básquet. Sueña con jugar en Europa.

Agustín Más Delfino juega el Torneo Federal de Básquet para Sportivo Escobar.

Agustín Más Delfino respira básquet. Tiene 21 años y es uno de los pilares de Sportivo Escobar, que milita en el Torneo Federal. Tiene un sueño: jugar en Europa. Es un jugador con mucho potencial. Mide 1,93 y juega de alero. Es fuerte en la penetración y en el tiro exterior.

Siempre le gustó el deporte. De chiquito hizo fútbol y tenis. Un día papá Jorge le preguntó por qué no probaba con el básquet. Y le hizo caso. Fue a Universidad. Comenzó a tomarle el gustito a la “naranja”. Un fin de semana había un campus en Córdoba. La entidad puntana fue invitada y, por ende, Agus tenía la chance de mostrarse en otra provincia. Pero primero tenía que sortear un problema: no se había sacado una buena nota en el cole, y mamá Silvia no estaba muy segura de dejarlo ir. Después de una reunión familiar, decidieron no cortarle esa chance. Ni quitarle la ilusión de viajar con sus compañeritos. Y fue. Jugó en gran nivel. Los entrenadores de Atenas quedaron maravillados con el alero puntano. Llegó a casa con la noticia de que el “Griego” cordobés lo quería. Los papás, al principio, no querían saber nada. Hasta que sacaron fuerzas de donde no tenían y dejaron que el pichón volara. Córdoba lo esperaba. Sólo 13 años y un bolso lleno de ilusiones. Grandote, de buen porte, pero un nene. La inocencia en la mirada lo delataba. A su lado los padres, con los ojos llenos de lágrimas, pero había que dejarlo crecer.

Agustín hizo una gran carrera. Seis años tremendos en las inferiores de Atenas. Títulos provinciales, nacionales, campeonatos argentinos, convocatoria a la Selección Argentina, un logro sudamericano, un décimo puesto en un Mundial. En el haber había mucha cosas para destacar, pero para abrazar tanta gloria tuvo que irse a vivir solo a los 13 años; hasta cambiar de provincia. El primer tiempo fue duro. Extrañaba a los viejos, el cole, a los amigos, al barrio. Aguantó. Muchas lágrimas corrieron en sus mejillas, pero soportó todo por amor al básquet. Pedía a gritos un asado del viejo o un mimo de mamá, pero cada vez que se sentía triste, ellos estaban: con un viaje o al teléfono. Ese amor lo mantuvo vivo para aguantar la primera época.

En Atenas compartió equipo con Walter Herrmann, un basquetbolista de la Generación Dorada que fue medalla de Oro en Atenas 2004. Córdoba lo adoptó como un hijo más, pero un día tomó otra difícil situación: decidió emigrar del “Griego” para tener más minutos en cancha en un plantel de primera. Se fue a Hindú, a jugar el Torneo Nacional de Ascenso, equipo con el que llegó a instancias decisivas. Ahora está en Escobar, defendiendo los colores de Sportivo.

Es fanático de Vélez. Le gusta tocar la guitarra. “Las cosas pasan por algo”, es la frase de cabecera que lo acompaña. A pesar de que se fue a vivir solo desde muy chico, siempre está pendiente de los viejos. Es el típico grandote bonachón. Frontal. Habla con la misma seguridad que encara al aro. No duda en las respuestas. Es un pibe de barrio. El viejo es de Santa Rosa. Mamá, de Concarán. Su hermano Franco está a materias de recibirse de contador público.

Agustín Más, el pibe que a los 13 años se fue a Córdoba a perseguir un sueño, hoy tiene 21 y anhela jugar en Europa. En cualquier momento hace las valijas de nuevo. El Viejo Continente lo espera.

Nota y foto: Daniel Valdés.