Tiene 16 años y tiene su primera experiencia en Estados Unidos, donde ganó un torneo. Empezó en esta actividad a los 7 años y tiene como ídolo a Rafael Nadal.

Santino José es un apasionado del tenis, deporte que abrazó a los 7 años. Hoy, con 16 años, juega en Estados Unidos y ya ganó un torneo. Tiene como ídolo a Rafael Nadal, pero cuando comenzó en esta actividad lo hizo porque lo sedujo la magia de Guillermo Coria. Santi tenía un cuadernito donde anotaba todos los resultados. Miraba todos los partidos. Se pasaba horas frente al tele y observaba los golpes y la genialidad de Coria. Sus papás, Rodrigo y Andrea, se sorprendieron ver tanta pasión en un nene de siete años y lo llevaron a “El Ave Fénix”. Allí estaban Daniel Sánchez y Agustín Alessio, que fueron los profes que le enseñaron y lo formaron.

El presente lo encuentra sin un profe fijo y entrenando en La Strega. Los buenos resultados conseguidos le abrieron los ojos a Javier Viccia, un mendocino que lo invitó a que participe de una gira por Estados Unidos. Santi aceptó el desafío y se encuentra con chicos de varias provincias para jugar distintos certámenes.

Este pibe puntano que se destaca por el juego sólido del fondo de cancha, por defender mucho –por algo lo tiene como ídolo a Nadal- ahora le tomó el gustito a jugar en cemento. Ahí la estrategia es otra, y apunta a meter saques más profundos para ir más a la red y jugar puntos más cortos. Santi tiene la mirada más allá, no sólo vio esta oportunidad como una mera casualidad. Además de entrenar, estudia inglés porque la idea es entrar en alguna universidad americana en 2019.

Entre su palmarés tiene un quinto puesto en los Binacionales, un título sudamericano en Paraguay y hace unos días festejó en Estados Unidos. Sabe que son los primeros pasos de un deporte que tiene muchos jugadores de elite, pero no se desespera y sabe ir paso a paso, su momento llegará cuando tenga que llegar.

Pasó a sexto año en el San Marcos. Sueña con ser tenista profesional y entrena todos los días. Entre tenis y gimnasio le dedica tres horas y medias diarias. Disfruta mucho estar con sus papás y con su hermano Martino (14), y degustar en familia de la ricas milanesas con papas fritas que le hace mamá. Es fanático de Juventud, le gusta ir a la cancha con sus amigos.

Dejó de lado muchas salidas por el entrenamiento. Pero no reniega de eso, porque cuando tuvo una raqueta en la mano y le comenzó a dar a la pelotita se dio cuenta que el tenis era su gran amor. Y así lo vive día a día. Con pasión y mucha responsabilidad. Ese mismo respeto que le inculcaron sus papás es el caballito de batalla que tiene para encarar cada partido. Extraña, pero sabe que todo sacrificio tiene su recompensa.

Dice que va a estudiar administración de empresas o economía. Seguramente se recibirá, pero, por el brillo que hay en sus ojos cuando habla de tenis, el futuro de Santi se ve entre saques y voleas. Defendiendo duro en el polvo de ladrillo y atacando en el cemento.