Con tan sólo 18 años tiene innumerables logros. Su especialidad son los 50 y 100 metros pecho. En el deporte admira a Adam Peaty.

Juan Ignacio Zapata es una de las grandes promesas que tiene la natación. Posee innumerables logros, pero no solamente los podios ilusionan de este pibe, sino también su personalidad. Su especialidad son los 50 y 100 metros pecho. Las medallas no le nublaron la vista. Fue campeón nacional en 50 metros pecho y segundo en 100. Es bronce en 100 pecho. En la V Copa Internacional Orense SC fue primero en los 50, 100 y 200 pecho y tercero en 50 libre. Además, lo nombraron el mejor nadador extranjero. También brilló en la Copa España en Chile, un certamen donde van los mejores exponentes. En el último Nacional que se hizo en el CeNARD, quedó cuarto en 50 pecho. Ahí compitió con rivales más grandes. A pesar de dar ventaja, les hizo fuerza a competidores de más experiencia y recorrido.

Egresó del San Agustín. Estudiará administración empresarial, aunque tiene dos sueños: uno es recorrer el mundo con la natación, el otro es ser actor.

Cuando recuerda cada podio se le vienen a la mente mamá Fanny y papá Jorge. Tiene también un papá del corazón, Juan Pascual y dos hermanos: Emiliano y Juan Manuel. Todos ellos son su pilar y lo que le da fuerza en cada entrenamiento, en cada partida, en cada brazada. Cuando se tira a la pileta, se le cruzan miles de imágenes, entre ellas, las de su familia. En lo deportivo, admira a Adam Peaty.

Juan Ignacio abrazó este deporte de muy chico. A los ocho años tuvo prediabetes y necesitaba empezar un fuerte régimen de actividad física para salir adelante. Justo entró al equipo de competencia, lo cual lo ayudó y hoy en día está curado. Así fueron las escalas de “Juani”. Cuando entró en contacto por primera vez con el agua lo hizo como recreación. Después, para curar su problema de salud. Y cuando empezó con la competencia, nunca más paró. Los distintos escenarios de Argentina y de otras partes del mundo lo tuvieron siempre como protagonista. Siempre con una medalla colgada.

Ahora, en 2018, va a empezar un régimen de entrenamiento mucho más fuerte, lo hará todos los días en doble turno. Quiere entrenar veinte horas semanales. Sabe que el trabajo es la gran base para que lleguen los réditos, esos mismos que lo visitaron seguido en estos años. Podios y más podios.

“Me levanto bien temprano, tomo un buen desayuno energético, entreno, vuelvo a casa, más tarde almuerzo y a entrenar de nuevo, así se repiten los días de un nadador”, dice este pibe que divide su tiempo entre la natación, sus incursiones en el mundo actoral, la familia, los amigos y, como si esto fuera poco, se hace espacio para la gran previa de lo que vendrá: comenzar a cursar Administración Empresarial.

Cuando le preguntan si dejó cosas de lado por la natación, Juan tiene una respuesta firme y sin dudas: “Siempre hay que hacer sacrificios cuando uno desea algo que de verdad vale la pena, pero lo lindo del esfuerzo es la recompensa, no es sentir que dejás cosas de lado, es hacer lo que te gusta y sólo vivir en eso”, afirma. Tiene una frase que lo acompaña, su preferida: “Hay que esforzarse por las cosas que valen la pena, no sirve de nada estar sin moverse, empezá, empezá aunque estés paralizado de miedo, aunque no sepas muy bien cómo, pero empezá”.

Juan Ignacio Zapata habla con la experiencia de un hombre, pero es un pibe que recién sale del secundario. Es familiero. Ama lo que hace. Disfruta cada instante, ya sea con los amigos, en casa o en la pileta. Entrena duro. Su profesor Gabriel Rivero sabe que tiene una verdadera joyita. Lo lleva de a poco. El 2018 puede ser el año en el que “Juani” pegue otro salto de calidad. Lo mejor está por venir.