Donald Trump reconocerá este miércoles a la “Ciudad Santa” como capital de Israel, y romperá con décadas de diplomacia estadounidense e internacional. El statu quo de Jerusalén es un tema clave en el conflicto palestino-israelí. Temen un estallido de violencia.

Francisco durante la audiencia general de este miércoles.

Tanto Israel como Palestina reivindican a la ciudad como su capital. Desde 1995 los presidentes estadounidenses decidieron dejar la sede diplomática en Tel Aviv, como la mayoría de las naciones del mundo, y no trasladarla a Jerusalén.

Los palestinos, y gran parte del mundo árabe y musulmán, no aceptan que sea capital israelí porque, además del tema territorial en disputa (sector este), también en Jerusalén se encuentra el tercer lugar más sagrado del islam: la Mezquita de Al Aqsa.

El papa Francisco no es ajeno a esta situación y se mostró “profundamente preocupado por la situación que se ha creado en los últimos días”. “Hago un llamamiento desesperado para que todos se comprometan a respetar el statu quo de la ciudad (Jerusalén), en conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas”, agregó durante su tradicional audiencia general de los miércoles.

Naciones Unidas, China y Reino Unido también sumaron sus voces a este pedido, mientras que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, evitó toda referencia a la cuestión en su primer discurso desde el anuncio de la Casa Blanca.

Todo reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel es un “motivo de guerra” para los dirigentes palestinos, que estiman que Jerusalén Este, ocupada y anexionada por Israel, debe ser la capital del estado al que aspiran.

Los grupos palestinos convocaron manifestaciones en los próximos días.

El rey Salmán, de Arabia Saudita, advirtió a Washington que semejante decisión puede provocar “la ira de los musulmanes”. “Es un paso peligroso”, dijo el rey según la televisión estatal Al Ekhbariya.