La judoca puntana está entre las mejores 38 del mundo y sueña con estar en un Juego Olímpico.

Keisy en el podio en el Open de Senegal.

Keisy Perafán es una judoca de élite que está entre las mejores 38° del mundo. Compitió y compite con las más grandes. Tiene un sueño: estar en un Juego Olímpico. Acaba de ganar un Open en Senegal. De ahí se fue a Francia para seguir vuelo a Camerún, donde participó en otro Open; y otra vez fue oro. El martes pega la vuelta para la Argentina. Así es la agenda de esta sanluiseña que es una máquina de ganar.

 En la casa de los Perafán se respira judo. Empezó con esta arte marcial a los 7 años. Un día pasó en frente del Club Pringles y vio un cartel que decía que daban clase de judo. Ahí empezó el romance; y a eso hay que sumarle que papá Jorge también practicaba. Un tiempo más tarde Jorge rindió para cinturón negro y comenzó a ser el instructor de su hija.

Cuatro años seguidos practicó. A los 11 años dijo basta. Por distintos motivos se cansó y se alejó hasta los 16 años. Y el regreso fue con gloria, porque de ahí en más no paró más. Fue una máquina de ganar. Tiene medallas de todos los colores. De todo tipo de torneos. Recorrió el mundo. Ganó y perdió con las mejores. Subió a muchos podios. La convocaron a la Selección Argentina. Hoy defiende los colores de la celesta y blanca. Entrena en el CENARD. Con 21 años vive por y para el judo. Está radicada en Buenos Aires. Estudia kinesiología. Por el entrenamiento, los viajes y el estudio, sólo ve a la familia tres veces al año. Es duro. Muy duro. Pero keisy se propuso llegar bien lejos y no va a parar hasta lograrlo. Mamá Elena, a pesar que la extraña, apoya esta iniciativa de su hija. Sus hermanos Marcelo, Gisel, Amira y Emir son sus principales fans.

Combate en la categoría -48 kilogramos. La misma divisional donde Argentina tiene a la mejor del mundo: Paula Paretto. En los pasillos del CENARD se rumorea que es la sucesora de “La Peque”. Keisy  no dice nada, es perfil bajo. Un poco tímida. Es dueña de un gran talento. Tiene mucha técnica. Los logros conseguidos y la disciplina que tiene hicieron que la inviten de varios lugares para ir a entrenar. Francia e Israel fueron dos países que la contactaron para que vaya a perfeccionarse.

Tiene como ídola a “La Peque” Paretto. Disfruta un asado de papá, pasear por las calles de San Luis, gritar un gol de Boca, juntarse con las amigas, pero sabe que el judo le consume mucho tiempo, porque ella es una deportista de elite, y a ese nivel, las exigencias son muchas.

Sus entrenadoras Daniela Krukover y Laura Martinel pelean mucho para que ella tenga las herramientas necesarias, que no le falte nada. Son dos leonas que le transmiten esa condición de guerrera a esta puntana que extraña San Luis, pero que poco a poco se va acostumbrando al departamento de Belgrano que comparte con otra una amiga.

Cuando dio sus primeros pasos en Pringles soñó con llegar, pero nunca se imaginó que el presente le regalara tan lindos momentos. El deporte le dio muchas oportunidades. Conoció muchos países. Innumerables competidoras. Se le abrieron muchas puertas. Tiene la meta puesta en un Juego Olímpico, la avalan sus condiciones y la edad. Es presente y futuro. Una piba de barrio que un día abrazó el judo para no soltarlo nunca más.

Nota y foto: Daniel Valdés.