Llegó al Windsurf de casualidad y hoy está entre los diez mejores de la Argentina. Viene de salir 48º en el Mundial de España, entre 78 timoneles.

Tomás Correa tiene 19 años y está entre los diez mejores windsurfistas de la Argentina. En su primera experiencia mundialista terminó en el puesto 48, entre 78 participantes. Tiene unas condiciones bárbaras. El agua es su hábitat natural.

Sus inicios fueron en el longboard, pero su papá no estaba muy convencido que practicara esta disciplina. Un día fue con la familia a pasear a La Florida, vio como algunos chicos hacían windsurf, miró de reojo, no muy convencido, se metió a probar. No fue amor a primera vista, pero después se dio cuenta que era su deporte favorito. Lo abraza desde 2011. Nunca más dejó de practicar. Le vieron pasta. Y comenzó a hacerlo más profesional. Es el número uno de San Luis.

Tomi compite en raceboard. En esta divisional se puede navegar con cualquier tipo de viento. Es una categoría muy técnica. Este pibe, de 18 años, sabe que el entrenamiento es de vital importancia. Se las ingenia para dividir su tiempo. Practica tres veces a la semana. Apunta alto. El buen resultado en el Mundial de España fue una inyección de ánimo. Se dio cuenta que puede dar ese salto de calidad que necesita para competir a nivel internacional. Tuvo que adaptarse al mar, ya que acá lo hace en agua planchada. La diferencia se nota, pero a pesar de eso, Tomás se dio mañas para estar en la pelea entre casi 80 timoneles de varias partes del mundo.

El Mundial fue el primer paso de muchos que seguramente dará. Tiene a favor el potencial de la edad, el peso y la fuerza. Mide 1,68  y pesa 64 kilos. La otra gran ventaja es que empezó de chico y esa experiencia adquirida a tan corta edad  jugará siempre a su favor.

Es muy estratega y estudia mucho cada competencia. Sigue por internet distintas pruebas para sacar cosas que lo puedan hacer crecer. Es muy observador. Está en todos los detalles. Un deportista que quiere estar en la élite no puede dejar nada librado al azar, ni descuidar el más mínimo detalle, y en todo eso está Tomás.

Nunca soñó con un Mundial. De chico era feliz haciendo longboard, hasta que se enamoró del windsurf. Empezó tímidamente, hasta que un día se lo tomó en serio y se dio cuenta que tenía capacidad para llegar. Ser el mejor de San Luis y el número de diez de Argentina no le nubla la vista. En su horizonte está ir a otro Mundial. Mejorar el puesto 48, y demostrar y demostrarse que está para grandes cosas.

El agua le da paz. Se mezcla el deporte con la naturaleza. Un lindo cóctel para disfrutar haciendo lo que más le gusta. Tomás Correa, que llegó al windsurf de casualidad, ahora es un diamante en bruto que busca más gloria de la que tiene.