Tiene 14 años y desde los seis  juega al básquet en Sociedad Española. Es ayuda base y sueña con jugar en la Selección Argentina.

Verla jugar te llena los ojos. Con apenas 14 años hace maravillas en una cancha de básquet. Es la ayuda base de Sociedad Española y, a pesar de su corta edad, habla como una adulta. Con la misma seguridad que encara hacia el aro, dialoga y encara la vida. Sueña con jugar en la Selección Argentina. Se llama Martina Guadalupe Prado y es una de las máximas promesas que tiene esta disciplina deportiva. Es chiquita, pero a puro dribbling, se hace gigante y ridiculiza a sus rivales.

A los seis años practicaba danzas clásicas. Un día su mamá, Eugenia, le pidió que la acompañara a un Torneo Argentino de Maxi Básquet. Desde ese día se dio cuenta que la “naranja” era su vida.

Cursa el tercer año en la escuela Santa María. Habla todo el día de deportes y no es para menos, su mamá juega al básquet y al hockey. Su abuelo “Pelusa” era boxeador. Se crió con fanáticos del deporte. Así, dejó los pasos elegantes de la danza para meter triples.

Si bien es cierto está dando sus primeros pasos, juega en la Liga Provincial y entrena diez horas semanales. Reparte el tiempo entre la familia, los amigos, la escuela y las prácticas. Y se las ingenia. “Cuando uno ama lo que hace no siente el esfuerzo”, dice con firmeza esta nena rubia de mirada tierna que es muy feliz con la pelota de básquet. “Nada que ver las danzas clásicas con esto, pero cuando jugué por primera vez me di cuenta que era lo mío”, repite una y otra vez Martina ante la mirada enamorada de su mamá, que la apoya en todo esto.

Tiene como referente en el básquet a Andrea Boquete. Seguramente algún día será una “gigante” igual que ella. Tiene todas las condiciones para llegar. Primero por su calidad, después por su amor por este deporte. Entrena duro y mucho. Sabe que esa es la única forma de alcanzar su sueño.

Come rápido la tortilla de papas que le prepara su abuela Rosa, se pone a hacer los deberes, se saca las dudas con la ayuda de mamá. Después, prepara el bolso para ir a Española. Allá la esperan sus compañeras para un día más de entrenamiento. Es una de las primeras en llegar y la última en irse. Mira atenta las órdenes del DT y sigue al pie de la letra todo lo que le dice. La llevan de a poco, pero en el entorno saben que hay materia prima. Habrá que pulir algunas cosas, no apurarla para que pase por todas las etapas, para que esté preparada para el día que tenga que pegar el salto de calidad.

Mientras sus compañeritas miran novelas, Martina se “come” todos los partidos de básquet que pasan por la tele, sea femenino a masculino. Sigue muy atenta las jugadas y los movimientos de esos grandes jugadores y después lo pone en funcionamiento en cada cotejo. Tiene mucha frescura a la hora de jugar. Improvisa mucho y se siente cómoda en el perímetro. Tiene buen lanzamiento de media y larga distancia, pero sabe jugar en equipo.

Como su abuelo “Pelusa” esquivaba los golpes de sus adversarios, Martina deja rivales en el camino. Tiene un sueño de Selección. Y lo va a conseguir. Es una pequeña gigante que crece día a día. El básquet, agradecido.