Luis “Verdugo” Ávila derrotó por sumisión en el segundo round a Carlos “Látigo” Leppez, en el Battle Cage que se disputó en el Estadio “Vicente Polimeni”, de la provincia de Mendoza. El evento de artes marciales mixtas mostró la evolución del hombre del Casca Grossa Team, que a pesar de ser un experto stricker, pudo finalizar a su rival en el piso. Ávila, pupilo de Alejandro Ledesma, dio un importante paso en el mundo del MMA.

Luis “Verdugo” Ávila derrotó por sumisión en el segundo round a Carlos “Látigo” Leppez.

Luis “Verdugo” Ávila derrotó por sumisión en el segundo round a Carlos “Látigo” Leppez.

Hasta la vecina provincia de Mendoza viajó el equipo puntano Casca Grossa Team, ya que uno de sus gladiadores, el campeón argentino de kick boxing de la WKMA, Luis “Verdugo” Ávila de 31 años, se subiría nuevamente a la jaula para enfrentar al local Carlos Leppez. Una vez más quedó demostrado el poderío y nivel técnico de los sanluiseños que se entrenan bajo las órdenes de Alejandro Ledesma, quien el 18 de junio irá a buscar el título latino de la ULLAMP, ante el brasilero Marcelo Barreira.

El “Verdugo” luchó el domingo contra su rival, y también el público local al que, finalmente, se supo ganar con su destreza dentro de la jaula. “Carlos Leppez fue un oponente muy fuerte. Él venía de una preparación junto al equipo de Rogelio Ortiz, que es parte del Arena Tour, uno de los eventos más grandes en Latinoamérica de MMA. Además era la primera vez que me enfrentaba con alguien casi de mi estatura”, relata “Lucho” Ávila, un hombre que combate en la categoría hasta 93 kg, pero que en la balanza registró 89 kg y mide 1,97 m.

Un dato importante tiene que ver con la finalización que le dio el “Verdugo” a la velada. “Sabíamos que la pelea iba a ser estudiada arriba, ya que los dos somos stricker, por eso entrenamos piso ya que si no nos iba bien de pie, teníamos que llevarla a la lona”, explicó el hombre que nació en Córdoba, pero ya se siente puntano, debido a que hace 14 años que vive en San Luis.

Ávila relató el paso a paso de la pelea, en primera persona: “Empezamos con intercambios de patadas y piñas, tratando de ralentizar al oponente con las low kick, y una vez que empezó a faltar el aire, Carlos me quiso llevar contra las rejas con un derribo. Ahí logre ponerme en posición de montado, donde gastamos mucha energía por los mismos nervios y la adrenalina, y terminé el primer round casi sometiéndolo por llave americana, pero con la transpiración se me zafó y culminó el primer round”.

El remate llegó en el segundo asalto. “Salimos con un poco más de intercambio, ya desde la esquina le dijeron que no fuera al piso, pero por instinto, cuando no tienes más aire para tirar golpes, o piernas para moverte, abrazas. Entonces me llevó nuevamente contra las rejas, fuimos al piso, me quiso tomar la espalda, lo invertí, logré la posición de media guardia, luego salí y le agarré el cuello. Cuidó bastante el cuello hasta donde pudo, pero comencé a presionar la mandíbula, lo que hizo que le quedara poco aire, y no le quedó otra, o dormirse o tapear, y gané por sumisión por ahorcamiento”.

Luis Ávila, contrario a la mayoría de los artistas marciales, comenzó a entrenarse hace cinco años. “Para muchos es muy poco el entrenamiento que tengo, pero fue una carta que me jugué y salió bien. Empecé en el kick boxing con Alejandro, y pasado unos meses, ingresé a las artes marciales mixtas. Necesitaba sacar el estrés cotidiano, por eso me metí a hacer deporte de contacto como recreativo, y me gustó y entre en la competición”.

Para la pelea, el “Verdugo” tuvo dos meses de entrenamiento duro en triple turno, y fines de semana, con el ingrediente de tener que dividirse entre su trabajo, la familia y el alto rendimiento deportivo. Vive desde hace 14 años en San Luis, donde formó su hogar, junto a su esposa y sus dos hijos, el mayor de 8 y la más pequeña de 6 años. “Entrenamos fuerte y Ale (Casca Grossa) nos prueba, se da cuenta de si entrenamos o no. A mis hijos les encanta que el papá este con ellos y que además pelee y gane, pero para eso el papá tiene que entrenar, es sacrificado pero ellos lo entienden”.

 

Nota y foto: Prensa Secretaría de Deportes.

Corrección: Mariano Pennisi.

Contenidista: Pablo Lucero.