Bajo la consigna “San Luis Libro te publica tu primer libro”, el ejemplar obtuvo el primer premio en el género narrativo cuentos. La obra refleja historias que fueron inspiradas desde la infancia del autor en Villa Mercedes, donde plasma aventuras de un grupo de niños que con el paso de los cuentos se convierten en adolescentes. La actividad tuvo lugar en el Antiguo Templo de Santo Domingo.

De der. a izq.: Pedro Bazán, jefe del Subprograma San Luis Libro; Nicolás Teté, autor de “Plaza Seca”, y Marina Lara, colega y amiga de Nicolás.

De der. a izq.: Pedro Bazán, jefe del Subprograma San Luis Libro; Nicolás Teté, autor de “Plaza Seca”, y Marina Lara, colega y amiga de Nicolás.

En la fría tarde del lunes, pasadas las 19:00, cuando la temperatura alcanzaba los 5ºC, San Luis Libro llevó adelante una nueva presentación. En esta oportunidad, se expuso “Plaza Seca” de Nicolás Teté.

El jefe del Subprograma San Luis Libro, Pedro Bazán, detalló que es la tercera semana consecutiva que se realizan presentaciones de libros: “Es muy importante cumplir con estos concursos que son de 2013, 2014 y 2015 antes de abrir la agenda de nuevos certámenes”.

Destacó que el templo está abierto para toda la comunidad: “En lo personal y los que me conocen saben lo que significa para mi ver que un libro ve la luz. No puedo dejar de recordar a Irving Stone en ‘La agonía y el éxtasis’ donde cuenta la historia maravillosa de Michelangelo Buonarroti y lo que siente el autor a la hora de volcar sus palabras en un papel, o lo que sentía Buonarroti cada vez que tallaba el mármol o pintaba un fresco; es la agonía y el éxtasis. La agonía por sentir muchas veces que el camino creativo que se está eligiendo es un camino que con la mirada de los otros no lo van a interpretar con la profundidad que uno lo vive, y el éxtasis por ver la obra concluida”.

En este sentido, Bazán explicó que “cada vez que presentamos un libro yo tengo esa sensación de agonía y éxtasis que finalmente ve coronado el esfuerzo, las horas de trabajo; estoy muy feliz por este nuevo nacimiento, por esta nueva aparición que tiene lugar aquí en el Antiguo Templo de Santo Domingo”.

Marina Lara, colega y amiga de Nicolás, fue la encargada de presentarlo, describió que el autor es de Villa Mercedes, San Luis, tiene 26 años y es licenciado en Dirección Cinematográfica. Desde niño estuvo ligado al arte, estudió teatro en el TIM de Villa Mercedes, luego incursionó en radio, en talleres de fotografía y en cortometrajes. Rodó su primer película “Últimas vacaciones en familia” a los 21 años, la cual fue premiada; luego vino “Ónix”, su última producción cinematográfica que fue reconocida en New York y en el Festival de Cine de Mar del Plata, uno de los más importantes del país y de Latinoamérica.

Lara contó también que “Nicolás se acercó a la lectura por su abuela ‘Porota’ y a la escritura por un taller que realizó en Buenos Aires donde pudo plasmar toda su actividad. El libro de cuentos tiene que ver con la descripción de una atmósfera que solamente él ha podido registrar en esas palabras con la historia de chicos pequeños hasta la adolescencia, pasando por vínculos familiares; tiene personajes absolutamente entrañables pero en algún punto esa ternura se transforma en situaciones dolorosas de la vida, donde él sale muy airoso en su remate final”.

Nicolás Teté, quien estuvo acompañado de sus padres Ester y Mauro en la presentación, detalló que el libro surgió de esa necesidad de contar historias: “Está bueno sentarse, trabajar un cuento y ya cuando tenés una primer versión sentís que estas más cerca del final. Participé de distintos talleres donde iban apareciendo estos cuentos hasta que en uno de los talleres se armó ‘Plaza Seca’ y decidí darle unión a todos los cuentos. En el ejemplar, todos dialogan entre sí, son varias historias contadas por los mismos narradores”.

“Plaza Seca” posee 14 cuentos que reflejan la historia de un grupo de niños que se juntan a jugar en la plaza seca de un edificio de Villa Mercedes, relato a relato se van narrando sus aventuras, las cosas que le suceden y sus problemas también. El ejemplar está compuesto por “La señora que hacía llover caramelos”, “Yo, un crack”, “La Maldición”, “Dos veces feliz cumpleaños”, “Protagonista”, “No me gusta la verdad”, “Un plan perfecto”, “Golosinas del Free Shop”, “Dame mi primer beso”, “Todo cambió”, “Gaby”, “Yo tengo un secreto”, “Última vez en la plaza” y “El momento”.

“Son cuentos que quiero mucho y está bueno poder presentarlos ahora, me gustaría que lean el libro y que después me cuenten que les parece porque es importante para mí”, agregó el autor.

Adelantó también que se trata de historias simples, sencillas donde uno también se puede sentir identificado, con una mirada más juvenil, más moderna y sencilla a la hora de lectura.

Teté detalló que el libro surgió de esa necesidad de contar historias:

Teté detalló que el libro surgió de esa necesidad de contar historias:

Al concluir su exposición, Teté compartió el primer cuento de su libro:

“La señora que hacía llover caramelos”

Mamá me despertaba a las cuatro de la siesta, a esa hora daban Los Pitufos en la tele y yo tomaba la leche mirándolos. Al rato sonaba el timbre. Eran los chicos del edificio, era la hora de ir a jugar a la plaza seca.

Siempre viví en un edificio, algo muy raro para mi pequeña ciudad ya que sólo había tres en Villa Mercedes. Hoy debe haber varios más. En ese momento vivíamos seis chicos ahí: las mellizas Paulita y Laurita, José, Martín, la nieta gorda del portero y yo.

En el segundo piso, arriba del estacionamiento, estaba la plaza seca. Se llamaba seca porque no tenía plantas, en lugar de pasto había baldosas de piedra, sillones de cemento, ningún juego, todo gris… pero era lindo para correr en lugar de nuestros balcones. Ahí saltábamos, jugábamos al huevo podrido y a la escondida, bailábamos, actuábamos las novelas y hasta algunos días nos quedábamos a merendar, aunque nuestro momento favorito era cuando jugábamos a la mamá y al papá. Yo hacía del papá y Paulita de la mamá; nuestra parte preferida del juego era la siesta, donde los que hacían de hijos dormían y nosotros nos besábamos.

Cuando terminaba la hora de la siesta, a eso de las cinco de la tarde, se abrían las cortinas del departamento del piso tres B, que tenía su balcón hacia la plaza seca, y desde ahí la Señora Visconti nos observaba sonriente. Nosotros seguíamos corriendo, no queríamos que se diera cuenta de que la estábamos esperando, no queríamos que pensara que éramos unos interesados. Después, salía al balcón con un batón rojo y una bolsa de caramelos donde metía la mano, y nos tiraba un puñado. Nosotros corríamos a agarrarlos y ella nos observaba mientras sonreíamos ante la lluvia de caramelos, le dábamos las gracias y le pedíamos más, pero ella nos respondía que si nos tiraba todos se quedaría sin ninguno para el día siguiente. Y sonreía con sus dientes blancos manchados con lápiz de labios rojo.

No sabíamos mucho de la señora Visconti, solo algunas cosas que les escuchábamos decir a nuestros padres. No tenía marido, ni hijos, ni nietos, ni nada. Había venido de Italia hacía varios años y hablaba mitad en italiano, mitad en español. Su vida nos intrigaba, nosotros la amábamos. Laurita un día dijo que la señora Visconti había sido una actriz de cine en Italia. Ella estaba segura de eso y a nosotros nos pareció posible, entonces decidimos que la señora Visconti era una estrella del cine italiano, por eso le pedí a mamá que alquilara películas italianas viejas. Capaz en alguna actuaba ella. Vi dos y no pude descubrir a la señora Visconti, pero muchas mujeres de las películas se le parecían.

Una tarde no hubo caramelos y a la tarde siguiente tampoco. Algo estaba pasando. Desde la plaza nos trepábamos para poder espiar por el balcón de la señora, pero no se veía nada, las cortinas seguían cerradas y no se movían. Después de una semana sin caramelos, las plantas del balcón de la Señora Visconti se secaron. Mamá me contó que la Señora se había enfermado, eso le comentó el portero, que había hablado con la vecina de la señora, que se encontró con el médico que fue a atenderla. Con los chicos nos reunimos para ayudar a la señora Visconti, si estaba enferma seguro se sentía mal. Entonces decidimos darle una alegría. Después de varias propuestas, lo mejor nos pareció visitarla.

Ese día no fuimos a la plaza seca, fuimos a la puerta del departamento de la señora Visconti. Intentamos entrar de forma normal pero la puerta estaba cerrada, entonces Paulita se fijó si la llave estaba puesta y, después de ver por el agujerito de la puerta, festejó y pidió un papel. Yo le di una nota de reunión de padres que tenía en el bolsillo y ella la metió por debajo. Dijo que lo vio en una película de espías. Entonces, con un invisible, empujó la llave, que cayó en el papel, y lo sacó por debajo de la puerta. Con mucho cuidado abrí la puerta y entramos sin hacer ruido. Llevamos un paquete de vainillas, una Cindor, la película Jumanji y el cassette de Natalia Oreiro con la canción de Muñeca Brava.

Estaba todo oscuro, no queríamos prender la luz. Había muchos adornos que brillaban, un sillón blanco gigante, un cuadro de unos pájaros de colores y una estatua de un angelito en medio del living. Todo muy italiano. Sobre la mesa del televisor estaba la bolsa de caramelos, quisimos agarrar algunos pero pensamos que sería robar y no queríamos problemas.

El departamento tenía la misma forma que el mío que quedaba justo arriba, pero este era más ordenado y blanco. La escuchamos toser. Estaba en el dormitorio. Nos acercamos a la habitación, la puerta estaba mitad abierta, mitad cerrada. La espiamos. Estaba leyendo, no tenía los labios rojos como siempre, no tenía maquillaje, no paraba de toser. Nos miramos y decidimos entrar. ¡Hola, señora Visconti!, dijimos a coro. ¿Qué hacen acá? Nos contestó mientras intentaba arreglarse el pelo desteñido. Venimos a visitarla, trajimos para merendar, contesté. No pueden estar acá, no me siento bien, nos dijo. Trajimos Jumanji, dijo Paulita. Pero no la pudimos convencer, se tapó con la sábana y nos terminamos yendo.

Pasamos las siguientes tardes esperando que la señora vuelva al balcón y que vuelvan las lluvias de caramelos, pero eso no pasaba. José nos hacía rezar para que se ponga bien y le preguntábamos al portero si sabía algo de la señora. Nos tenía preocupados. Le hacíamos dibujos que le pasábamos por debajo de la puerta, llevábamos el grabador portátil de Laurita para ponerle la música de Julio Iglesias que les gusta a las abuelas, cambiamos la plaza seca por la puerta de su departamento, queríamos que se mejore.

Un día, cuando me desperté, mamá tenía cara de preocupada, me abrazó y me dijo que ya no habría lluvia de caramelos, que la señora Visconti se había vuelto a Italia, eso le dijo el portero. Pero yo siempre imaginé que me estaban mintiendo, mamá me mintió. Con los chicos sabíamos muy bien la verdad, con los chicos sabíamos que la señora Visconti había muerto. Y que un día van a volver a llover caramelos, pero no desde un balcón sino desde el cielo.

Nicolás Teté, autor de “Plaza Seca”

Nota: Cinthia Agüero Patafio.

Fotos: Jesica Flandes.

Video: Guillermo Ramón.

Edición: Martín Micali.

Corrección: Berenice Tello.