La autora nacía un 29 de enero de 1895 en la localidad de San Pablo, provincia de San Luis. A lo largo de su trayectoria escribió obras destacadas como su tesis “Juan Crisóstomo Lafinur: una cátedra de filosofía”.

Se cumplen 121 años del nacimiento de Delfina Varela Domínguez de Ghioldi.

Se cumplen 121 años del nacimiento de Delfina Varela Domínguez de Ghioldi.

Delfina Varela Domínguez de Ghioldi nació en San Pablo el 29 de enero de 1895. Delfina realizó sus primeros estudios en San Francisco y los secundarios en la Escuela Normal de Mercedes, provincia de San Luis, donde egresó como maestra. Luego completó su formación docente en la Escuela Normal de Profesores Nº 1 “Presidente Roque Sáenz Peña” y la universitaria en la Facultad de Filosofía y Letras, ambas en la ciudad de Buenos Aires. En esta última institución fue discípula de Coriolano Alberini, Ricardo Rojas y Alejandro Korn, entre otros.

Ejerció la docencia desde 1917 hasta 1949, año en el que perdió su trabajo por razones políticas. En este período fue profesora del Colegio Nacional “Bernardino Rivadavia” y, en la universidad, ganó por concurso la cátedra de Historia del Pensamiento y la Cultura Argentinos.

También publicó obras vinculadas a la educación como: “Algunas consideraciones sobre la enseñanza práctica y regional”, “Educación y Régimen Municipal”, “Educación Científica”, “Bases para la Reforma de la Enseñanza secundaria y normal”, y “La escuela profesional”, entre otras. Asimismo, destacamos en el orden geográfico: “Geografía de San Luis”, “Las Salinas del Bebedero” y “Toponimia puntana”.

En 1926 se casó con Américo Ghioldi, político y educador de reconocida trayectoria dentro del socialismo argentino.

La autora tiene entre sus obras más representativas: “El momento pedagógico actual”; “Filosofía argentina: los ideólogos”; “El canónigo doctor Juan Ignacio Gorriti”; “Vico en los escritos de Sarmiento”; “Las Ideas de Progreso y Libertad en la Filosofía de Alejandro Korn”; “El filosofar de Sarmiento”; “La Enciclopedia en el pensamiento del siglo XVIII”; “La generación argentina del 37”; “Un filósofo argentino en el siglo XIX: Juan Bautista Alberdi”; y “Ricardo Rojas en la historia del pensamiento y la cultura argentina”.

Alejandro Korn, uno de sus docentes, tomó sus ensayos filosóficos sobre la ideología y su tesis “Juan Crisóstomo Lafinur: una cátedra de filosofía”, en particular, para la construcción de su obra: “Influencias filosóficas en la evolución nacional” (1936).

Para el Río de la Plata, Delfina Varela Domínguez reconocía las siguientes etapas evolutivas en las primeras décadas de su historia intelectual: primero, un momento de claro dominio religioso (vinculado a la escolástica), en el que destacaba la influencia de jesuitas y franciscanos; Segundo, la difusión del pensamiento de enciclopedistas e ideólogos franceses y sus discípulos españoles; tercero, el establecimiento de la ideología y el sensualismo, que vinculaba al hombre con la naturaleza, alejándolo de la esfera divina.

Al respecto, Delfina sostenía, en referencia a los primeros ideólogos del Río de la Plata, que se trataba de una pléyade de hombres cultísimos, humanistas, y ligados todos por el  común esfuerzo de sacar a la ciencia de su estado metafísico. En efecto, una de estas corrientes filosóficas fue la Ideología que, promocionada escolarmente por Juan Crisóstomo Lafinur, fue continuada, más tarde, en la cátedra de la naciente universidad por Fernández de Agüero y Diego Alcorta.

La popularidad de sus clases, entre sus discípulos, por un lado, y las ideas de la Ideología, por el otro, fueron determinantes de su exilio. En efecto debió abandonar Buenos Aires y buscar refugio en Mendoza, donde seguiría, impenitente, luchando por las mismas ideas.

En fin, un siglo después, Delfina Varela Domínguez recuperaba las ideas de Lafinur, como instrumento de un pensamiento filosófico que se difundió por el Río de la Plata en las primeras décadas del siglo XIX. Sosteniendo también, que el Contrato Social de Rousseau debió influir notablemente en la concepción de “justicia” del joven puntano, quien llegó a edificar una escala de bienes y valores (materiales y espirituales) tendientes al máximo bien humano: la libertad.

Del mismo modo adhirió al “psicologismo” de los ideólogos, en cuanto se aceptaba la existencia del alma humana, que consideraba inmortal, en lo que se reconocía la influencia de Descartes. Ella, además, igual que Alejandro Korn, sostenía el eclecticismo filosófico de Lafinur y el giro metafísico que dio a la Ideología nacional. Y sostenía que la vida puramente animal queda en los bajos fondos de la escala que recorre el hombre.

La autora destacó el empeño de Lafinur por conducir la mente argentina hacia una vida nacional de perfección y destino ético. Pero, sobre todo, subrayaba su interés por establecer las bases de una moral laica.

Por último, Varela Domínguez concluía que, al ser un precursor, Lafinur fue un protagonista agitado y desafortunado que debió soportar la persecución y el exilio.

 

Nota y contenidista: Pablo Lucero.

Foto: Archivo.

Corrección: Mariano Pennisi.