En soledad ritual malvinense, Príncipe escribió cartas para sus seres queridos.

En soledad ritual malvinense, Príncipe escribió cartas para sus seres queridos.

Integrantes del primer y último contingente que regresaron a las Islas, describen cómo la escritura los iluminó para sobrellevar los horrores de la guerra.  

La guerra es uno de los grandes temas de la literatura. Algunos autores argentinos, desarticulando megarelatos patrióticos, se adentraron en el crudo escenario de Malvinas para recuperar no solo la memoria sino también el sentido.

Entre las novelas sobre el conflicto del Atlántico Sur pueden mencionarse “Kelper” (Raúl Vieytes), “Una puta mierda” (Patricio Pron), “Guerra conyugal” (Edgardo Russo), “Trasfondo” (Patricia Ratto), “Segunda vida” (Guillermo Orsi), “La flor azteca” (Gustavo Nielsen), “A sus plantas rendido un león” (Osvaldo Soriano), “Iluminados por el fuego” (Edgardo Esteban); “La balsa de Malvina”, (Fabiana Daversa), “Trasfondo” (Patricia Ratto) y relatos como “Historia argentina” (Rodrigo Fresán), “El ser querido” (Daniel Guebel) y “Nadar de noche” (Juan Forn), entre otras. La antología “Las otras islas”, reúne a plumas como Marcelo Birmajer,  Liliana Bodoc, Pablo De Santis, Juan Forn, Inés Garland, Pablo Ramos, Eduardo Sacheri, Patricia Suárez y Esteban Valentino.

Pero dos libros marcaron un antes y un después: “Los pichiciegos” de Enrique Fogwill y “Las Islas” de Carlos Gamerro.

Hasta 2012, la Biblioteca Especializada “Malvinas Argentinas” registró a 124 veteranos escritores o investigadores.

Malvinas también persiste en páginas puntanas, prontas a llenar nuevos libros.

Escribir para sobrellevar los horrores de la guerra

Nicolás Ferreyra (52) vive en Villa de Merlo. Es preceptor, fue enfermero y tripulaba el rompehielos, convertido en buque hospital General Irizar durante la guerra. Hace casi dos semanas regresó de Malvinas junto al último contingente formado por veteranos y nueve viudas.

Su primer libro se titula “Hemos regresado” y es una crónica autobiográfica de su experiencia en Malvinas. El segundo se llama “Vamos, hermano, vamos”. Aquí, en tono de autoayuda, Ferreyra narra cómo algunos veteranos superaron valientemente el síndrome posttraumático. Esta obra fue editada por la Universidad Nacional de San Luis y se agotó en la primera tirada. Además, durante la presentación, el autor difundió videos de los protagonistas.

En la actualidad, el excombatiente prepara su tercer libro que denominó  “De príncipes, hadas y otros amigos”, próximo a editarse en 2016, que contiene poesías con personajes de la infancia.

“Pensaba presentarlo este año pero no he podido editarlo y para esta presentación estuve estudiando violín para hacerlo con un tipo de música que ayude a relajar a todos los presentes”, cuenta Ferreyra.

_ ¿Cuándo comenzó a escribir y por qué?

_ Comencé a escribir en forma continua para hacer los guiones de las misas en la parroquia de la Villa de Merlo, esto se debía a que la hermana Cecilia no contaba con el tiempo para hacerlo y al integrar un grupo de la Juventud Franciscana, me preguntaron si me animaba a hacerlo y con mucha alegría, pero también con miedo, me animé a decirles que sí.

A esta tarea la desarrollé durante 15 años y me ayudó mucho a reflexionar sobre mi fe, que es la Católica Apostólica Romana.

_ ¿Qué descubrió a medida que escribía sobre lo que vivió en Malvinas?

_ A medida que escribía sobre Malvinas, valoré mucho la vida y la oportunidad que Dios nos ha dado para poder hacer muchas cosas y ser felices a través de lo que hagamos.

_ ¿Cuál fue el texto o el poema sobre Malvinas que más lo impactó?

_ Un texto que me llamó mucho la atención es el de la carta del maestro Julio Cao, porque era maestro y soldado, no pudo regresar y en el texto se aprecia el gran amor a la Patria y a sus alumnos.

_ ¿Tiene alguna rutina de escritura?

_ Cuando siento necesidad escribo en hojas sueltas para no olvidarme de la historia o poesía y cuando tengo tiempo para concluirla, escucho música instrumental, que me ayuda a concentrarme.

Al escribir, creo que uno no puede estar sujeto a rutinas, porque diariamente nos falta tiempo para cumplir con cuestiones de trabajo y en los momentos libres, uno encuentra un espacio para comenzar a llenar una hoja en blanco que con el tiempo no va a ser una hoja suelta, sino un montón de papeles, que intentarán llevar un mensaje positivo de paz y alegría.

“El buque inició su marcha con rumbo a Ushuaia, lugar donde descendería el gran batallón de Infantería de Marina Nº 5, que fue el último en rendirse”, se lee en uno de sus textos. “Al llegar a la mencionada ciudad, bajó un grupo numeroso de soldados y después continuamos la marcha con rumbo a Puerto Madryn. Fue durante ese trayecto que aprendimos algo muy importante y fue que contra la naturaleza, nada se puede hacer.

Al llegar a una zona conocida por su mar turbulento, nos afectó una tormenta, que provocaba olas de hasta siete metros sobre la cubierta y corríamos peligro de hundirnos, porque el buque no rolaba lo suficiente, es decir, no se movía al compás de las olas”, describe.

El relato finaliza con un encuentro místico: “Afuera la tormenta continuaba, en tanto mi espíritu se encontraba muy tranquilo porque, por una simple oración, llegué a conocer a María Santísima cuando la necesitaba”.

Ferreyra confía en el poder de la escritura. “Siento que si no hubiese escrito estos libros, me hubiese costado mucho superar los recuerdos de Malvinas y al hacerlo, pude ayudar a otras personas”, expresa.

“De niño me gustaba mucho leer sobre la mitología griega, recorrer el mundo con Julio Verne y visitar el planeta del Principito. Y a medida que fui creciendo, pude leer algunos otros autores que me hacían transportar a un mundo distinto y es el motivo por el cual cada escritor lucha por tratar de construir en cada persona que lea su cuento, historia o poesía. Me gustan mucho todos los géneros pero me inclino por la poesía y las novelas. Entre los poetas, me gustan mucho las poesías de los escritores argentinos (son muchos para mencionarlos) y entre las novelas, me gustan mucho los trabajos de Paulo Coelho”, indica para analizar luego: “Creo que el poder de la palabra es muy importante en la actualidad, tal como lo ha sido siempre a través de la historia. Lo que nos falta es tratar de ser instrumentos de paz y de contribuir al diálogo y al crecimiento de las personas con el don de la palabra que nos regala Dios. Con la palabra, podemos estimular a una persona o destruirla”.

Durante el acto de recibimiento al último grupo de veteranos, Ferreyra tomó el micrófono para agradecer públicamente. “Creo que mi regreso a Malvinas, sirve para tratar de escribir con más alegría, fe y esperanza, porque entendimos que el dolor que tuvimos ya pasó en nuestras vidas y ahora tenemos la oportunidad de cambiar nuestra historia. Y seguro que Dios y la Virgen nos guiarán y ayudarán a hacerlo”, apunta ahora.

Ferreyra regresó a Malvinas y va por su tercer libro sobre la causa.

Ferreyra regresó a Malvinas y va por su tercer libro sobre la causa.

Viuda de un veterano escritor

Entre los integrantes del tercer contingente estuvo además Rita Georgina Farías. Su marido, Julio César Ríos, nacido en Salta, fue suboficial segundo auxiliar comando durante la guerra. Hace un año y nueve meses murió por cáncer de riñón en la ciudad capital.

Las historias de las viudas de Malvinas están atravesadas por el forzado silencio tras la posguerra y la convivencia con el dolor.

“Estábamos en Río Grande, Tierra del Fuego, nos casamos en el año 80. Él integró el Batallón BIM 5. Teníamos a nuestra primer hija, Silvina, de un año y tres meses”, aporta Farías, oriunda de Candelaria. José se despidió de ella en abril de 82 pero sin decirle que combatiría en las Islas. “A los días me traen una carta diciéndome que estaba en Malvinas, que cuidara a la nena y que lo esperara porque en cualquier momento volvía”, relata.

Ríos peleó en Monte Tumbledown. Su batallón es famoso por continuar en combate aun concluido el conflicto. Varios comandos y subcomandos fueron tomados como prisioneros por los ingleses.

Rita cuenta que Ríos quedó muy sensible tras Malvinas, que era un ejemplo de padre y presenta una faceta poco conocida: “Él ha escrito mucho. Empezó a los tres meses después de la guerra hasta hace cuatro años. Todos los días iba escribiendo un poquito de su vida”. Sus tres hijos se encargarán de publicar el libro.

El excombatiente llegó a ser oficial mayor encargado de la base de Ushuaia, y en San Luis integró el Centro “2 de Abril”. Compartió su vivencia en diferentes escuelas de la provincia.

Ferreyra con su libro Hemos Regresado

Ferreyra, con su libro “Hemos Regresado”.

Cartas para iluminar la memoria

El año pasado, Alejandro Príncipe regresó a Malvinas junto a 19 veteranos más. Príncipe, nació en Capitán Sarmiento, provincia de Buenos Aires. Estuvo como camillero en el batallón de infantería 5 de Río Grande. Hace 29 años vive en San Luis. Días antes de partir hacia el suelo austral se le preguntó ¿qué buscará? Sostuvo: “El silencio y los olores de la Isla que no conocí en ese momento porque era todo ruido de helicópteros, aviones, bombas. Quiero estar en el lugar donde estuve con el silencio de poder escribir un par de cartas a gente que le escribí en ese momento allá. Reencontrarme con esa paz que me imagino debe tener el lugar”.

Durante el segundo día en el archipiélago, en soledad ritual malvinense, Príncipe escribió cartas para sus seres más queridos. Luego, al regreso, en Villa Mercedes, se fundió en un abrazo con su madre que cumplió 80 años, mientras él depositaba en el papel hondas emociones contenidas durante 32 abriles.

Con el retorno, el 22 de noviembre de 2014, se abrió un nuevo capítulo. “Nos encontramos con un pueblo muy ordenado, una cultura que tal vez nosotros admiramos, pero al tercer día empezamos a sentir que nos faltaba algo y era lo nuestro”, especificó durante el recibimiento Príncipe, al borde del llanto.

“Con las primeras cartas que comencé a escribir de joven, descubría que podía leerlas reiteradas veces y experimentar la misma sensación de la primera lectura, de las misma manera aquellas cartas que recibía, me gustaba imaginar a quien me escribía tomándose el tiempo para hacerlo y expresar sus sentimientos”, expresa hoy el veterano de 55 años.

“Escribir me produce una sensación agradable y de tranquilidad interna, aunque haya fracasado en el intento de terminar cada proyecto”, comparte Príncipe quien considera que el microrrelato “Juan López y Juan Ward” de Borges, es uno de los mejores textos publicados sobre la guerra. “López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer ‘El Quijote’. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender”, refiere Jorge Luis, con su entrañable y pulcra cadencia.

_ ¿Hubiera podido sobrellevar los horrores de la guerra sin escribir?

_ Más que con la escritura, a las cuestiones de lo vivido las canalicé con anécdotas contadas personalmente, pues con la palabra, si logro transportar a la persona al lugar del hecho, puedo lograr que se emocione intensamente. Con la escritura, me cuesta convencerme de que estoy trasmitiendo esas emociones, por eso tengo temor de compartir lo que escribo.

Príncipe es lector de novelas históricas. Su familia y allegados lo alientan a garabatear. “Si bien mucha gente afirma, que en la actualidad la palabra (como compromiso adquirido o promesa a cumplir) perdió valor, considero, que quien cumple cueste lo que cueste, con la palabra empeñada, se beneficia de la bondad de los demás y goza de confianza a la hora de necesitar de ella”, reflexiona.

_ ¿Por qué insistir con la escritura cuando parece todo ya contado?

_ Cada persona es una historia, por eso considero que cada anécdota (por ejemplo) debe ser contada por medio de la escritura, aunque no sea fácil hacerlo. Todas las personas, en todos los ámbitos tenemos cosas para contar aunque nos parezcan que no tienen valor o importancia. De cada relato se aprende.

_ ¿Cuánto cambió su escritura desde que regresó a Malvinas?

_ No tengo idea, de hecho no me considero una persona que escribe asiduamente, solo tengo muchas cosas en mi cabeza que quisiera escribir, desde algo de ficción hasta cosas reales, pero me cuesta, de hecho me recrimino por no hacerlo. Tengo temor de que lo poco que escribo no tenga aceptación, corrijo muchísimo y me pone ansioso el hecho de que lo que plasme en una hoja, ya haya sido escrito por otra persona.

“Lejos se escuchan las bombas, tengo tiempo pa´ escribir, tengo tiempo pa´pensar”, traza Príncipe. “Estoy acá en mi trinchera, abrazado a mi fusil, hace frío, no me importa, debo ser fuerte, debo aguantar. Cada vez que miro el mástil, pregunto siempre lo mismo ‘¿Qué estará haciendo mamá, qué estará haciendo papá, mis hermanos, mis amigos?’. Eres solo una bandera, un trapo celeste y blanco, por qué el verte me recuerda a todo lo que yo amo.

El silbido es más intenso, las bombas están llegando, gritos y tiros muy raros, tendremos que retirarnos.

Miro a mi izquierda y te veo, sigues firme flameando, debo apretar el gatillo, no pensar en lo que esta pasando.

¿Qué estará haciendo mamá, que estará haciendo papá?…

El enemigo llegó, su trofeo reclama, ansioso lo está esperando.

Sigues ahí en el mástil, los ingleses te están bajando.

Te arrugan, te tiran, se burlan; eres solo un trapo… un trofeo celeste y blanco.

¿Qué estará haciendo mamá, mi padre, mis hermanos y todo lo que yo amo?

Hoy tengo ya muchos años, y del recuerdo no lo he borrado, verte caer fue muy duro, pareció que todo fue en vano.

Que me importa quien mandaba, solo por ellos luchaba… por mamá, papá, hermanos, los amigos y todo lo que yo amaba. Todo eso es celeste y blanco.”, cuenta en el texto titulado “Un trapo celeste y blanco”.

 

Nota: Matías Gómez.

Fotos: Archivo ANSL / Gentileza.

Corrección y contenidista: Mariano Pennisi.