La artista que dirigió los tres ballets folclóricos provinciales repasa los tesoros de las danzas puntanas y sueña con volver a los escenarios.

Carmen Sosa dirigió tres ballets provinciales.

Carmen Sosa dirigió tres ballets provinciales.

La música más la danza, sostenidas en el tiempo, han imprimido en Carmen Sosa un gesto invaluable y espontáneo: la alegría.

Sus palabras, y hasta el tono con el que las hace bailar, testimonian tal regalo del arte. Y aunque no están sobre el escenario, sus manos -que dirigieron los tres ballets folclóricos provinciales y ahora cocinan con pasión- aún ensayan coreografías. Verla expresarse, entusiasma. Incluso a nosotros, “los pata de palo”.

“La danza me regaló todo”, dice Carmen. La artista sanluiseña nació el 8 de febrero de 1942. Inició en el Conjunto Folklórico Los Venados y, en 1959, fue primera bailarina de la Compañía Juvenil de Arte Folklórico. En 1961 ganó el Certamen Nacional de Danzas. Durante la década del 60, bailó además en el Nacional de Folklore de Mendoza, el Festival Internacional de Río Hondo, y el Nacional de Cosquín. En 1971 participó en el 1º Festival Latinoamericano de Danzas Folklóricas en Arequipa, Perú, donde obtuvo el premio mayor.

Carmen fue profesora de Danzas de la Escuela de Bellas Artes de San Luis, donde promovió la formación de importantes bailarines que integraron la Compañía Folklórica Samuckay de la cual fue directora. También dirigió el Ballet Folklórico de la Provincia de San Luis, con el que participó de innumerables giras, con presentaciones en el Teatro Nacional “Cervantes” y en la Sala “Martín Coronado” del Teatro “General San Martín”. El ballet fue invitado para presentarse en La Paz, capital de Baja California en México, y en EEUU en la Universidad de Búfalo.

“Desde los 4 o 5 años siempre estuve bailando tarantelas o folclore con mis primas. Mi abuela, que era peronista, nos llevaba a las unidades básicas para hacer la función”, comenta con risa.

Sosa estudió en la Escuela Normal de Niñas y luego en el Colegio “San Luis Gonzaga”. A los 13 años se volcó de lleno al baile. “Había que cruzar toda la ciudad para ir a clase y estudiaba todo lo que fuera danza: clásica, español. Héctor ´Chiquito´ Lombera hizo un ballet que era bastante fuera de época y yo era la primera bailarina. Hacía historias folclóricas pero llevadas a otro nivel”, repasa.

A los 18 años, mientras trabajaba en la casa de máquinas de escribir “Olivetti”, Carmen armó “Samuckay”.

Luego, la convocarían tres veces para dirigir. “A los tres ballets de la provincia que han existido los he dirigido yo”, asegura.

Carmen Sosa sueña con volver a dirigir ballets.

Carmen Sosa sueña con volver a dirigir ballets.

Con el primero bailaron en el “Cervantes” de Buenos Aires, en Bolivia, y en Perú, para el Festival Internacional de Arequipa. “Ahí ganamos la ‘Ojota de Oro’. Pegó el ballet de tal forma, no sé si fue el estilo o el vestuario. La gente se enloqueció. Yo era la pareja principal con Jorge Piquillén. Llevábamos la orquesta también. Actuamos un miércoles y nos pidieron para el sábado. Fue una ovación, nos tiraban flores y nos pedían autógrafos. Mandaron hasta un telegrama felicitando al gobernador”, recuerda.

Durante el Gobierno de Adolfo Rodríguez Saá, Carmen afinó el segundo ballet provincial. “Nos recorrimos todo el país, menos Mendoza. Éramos 34. En el año 94 hicimos más de cien actuaciones. También bailábamos en las inauguraciones”, expresa y comparte su experiencia durante la gira por el norte del continente: “Aparte del espectáculo, que era en la Universidad de Búfalo, armé grupos y los chicos iban a dar clases a todas las escuelas públicas y privadas en Norteamérica. Fue un éxito total. El teatro era una maravilla. Tuvimos más repercusión en Estados Unidos que en México. En ‘El Ave Fénix’, antes de viajar para allá, metimos 3500 personas. El ballet era muy querido”, indica emocionada.

El tercer ballet fue en 2005, hasta 2010. De Inclusión Social. “Un grupo hermosísimo. Hicimos la noche de gala en la Caja de los Trebejos”, dice.

_ ¿Le gustaría volver a dirigir?

_ Me encantaría. Hace unos días tuve un sueño en el que dirigía un ballet de niños con el nivel de los grandes. Soñé todo el espectáculo.

La danza en la Puntanidad:

En la actualidad, Sosa, madre de una hija, es jurado de Danza por segunda vez en los Juegos Intercolegiales Culturales. Además fue jueza en el programa televisivo “San Luis Baila”.

“El estilo mío es la igualdad. En las coreografías marcaba eso. Me decían que era muy exigente. Me gusta la prolijidad arriba del escenario. Pero también era transgresora para la época”, señala quien resultara ganadora del concurso para la publicidad de la yerba mate Safac.

Los cuadros de Carmen tienen derroches expresivos e intensos. “La mazamorra”, y “el latido de esta tierra”, eran algunos de los clásicos del ballet. Coya, litoral, cuyano y sureño, entre otros estilos regalaban. “Las excelentes versiones musicales elegidas, el vestuario atractivo, roles solistas de jerarquía, y una estética general uniforme, contribuyeron al éxito del estreno”, apunta una crónica periodística, tras el estreno de “Gritos del Alma”, en el cine Roma allá por noviembre de 1999.

“Se puede volar pero sin perder las bases. Por ejemplo, la zamba tiene que ser delicada. O en la coreografía “La mazamorra”, que se nota la Puntanidad y el mensaje del poeta Agüero. Nosotros al principio hacíamos un tradicional y después otro muy ‘volado’”, explica.

En su libro “Folklore puntano”, el historiador Jesús Liberato Tobares presenta las danzas puntanas tradicionales: gato, cueca, ranchera, vals, polca y la jota.

“Y el pajarillo también”, agrega Carmen. “La postura de la cueca tradicional en el puntano era agachado. La bailarina es tímida y se levanta la pollera como para no pisarla. Es como que dice ‘que sí, que sí, que no, que no’. En la danza está puesto eso”, detalla.

“En el gato está la idiosincrasia de San Luis, el ‘quiero y no quiero’; en la cueca el mensaje más importante es el pañuelo que si se pasa por detrás significa desprecio; el zapateo del cuyano también es completamente distinto, no se hace ni repique, ni pie “chabado” o de costado, acá el pie es en escobillado básico o largo; la ranchera es muy fiestera y regularmente se baila de a muchos; la jota puntana también es linda pero no está muy difundida”, enseña la profesora. Varios hijos de sus bailarines también bailan.

“Nosotros no tenemos un folclore más vasto, porque como acá era de paso, se iban dejando vestigios de distintas danzas y costumbres”, sostiene. Tobares describe que la cadencia musical puntana, reflejada principalmente en la tonada, es por la placidez de las serranías.

“En la planicie pampeana el payador enhebra sus coplas mientras va andando los caminos. Y acomoda el ritmo de su canto al compás que le ofrece el galope largo y tendido del caballo mientras atraviesa la infinitud de la llanura. En nuestro suelo, en cambio, la diversidad del paisaje, poblado de serranías y valles, obliga al puntano a recorrer las sendas cabalgando a veces con un trotecito corto y otras con un paso más bien desplegado y debe adaptar su canto al ritmo que le imprima su andar por los caminos. Es por eso que las trovas sanluiseñas no tienen ese sabor a distancias y a soledades, propio de la payada. Y es por eso que nuestros cantores populares, impregnando su espíritu con los encantos del paisaje puntano y con las sonoridades de la naturaleza que les rodea y amalgamándolos con la profundidad de su sentir, han sabido crear un folclore musical capaz de vibrar en el lirismo de la tonada, en el patriotismo del triunfo, en la picardía del gato, en la alegría de la cueca y en el ritmo de otras formas musicales que colmaron de bellos sones los pueblos y el ámbito rural de la provincia”, aclara María Teresa Carreras de Migliozzi, en su obra “El folklore musical de San Luis”.

El pasado 22 de agosto se conmemoró el Día Mundial del Folklore, en homenaje al creador de ese vocablo: William Thoms. Etimológicamente deriva de “folk” (pueblo, gente, raza) y de “lore” (saber, ciencia) y se designa con ese término el “saber popular”. La fecha coincide en Argentina, con el nacimiento de Juan Bautista Ambrosetti (1865-1917), reconocido como el “padre de la ciencia folclórica”. El Primer Congreso Internacional de Folklore se realizó en la ciudad de Buenos Aires en 1960. A dicho evento, presidido por el argentino Augusto Raúl Cortázar, asistieron representantes de 30 países que instauraron el 22 de agosto como Día del Folklore. El emblema que representa a los folcloristas argentinos -elegido por el 1º Congreso Nacional del Folklore (1948)- es el árbol, porque el folclore también hunde sus raíces en la tradición, sus ramas representan el pensamiento, el sentido y la imaginación por un lado y la obra de las manos, es decir la creatividad artesanal por el otro. Las escasas hojas representan la juventud primaveral de la ciencia. Las palomas, la unión de lo material con lo espiritual en la amplitud del folclore. El tronco y ramas están envueltas con una banda que dice qué y cómo el pueblo piensa, siente, imagina y obra. Este emblema fue ideado por Rafael Jijena Sánchez.

La danza me regaló todo, asegura Carmen Sosa.

La danza me regaló todo, asegura Carmen Sosa.

_ ¿Cómo describiría a ese árbol folclórico puntano?

_ Cuando hay respeto a las raíces, no se pierden; por más que se pongan otros instrumentos o se “vuele”. El folclore es una ciencia también. Y la unión entre lo material y lo espiritual sería, por ejemplo, como en “La mazamorra”, que estás viendo la pobreza por un lado, y por otro que la mazamorra dio de comer a tanta gente y se protesta contra la invasión.

Sosa indica que ante cada presentación ha estudiado las raíces puntanas. Para buscar la vestimenta tradicional, recuerda el aporte de María Delia Gatica de Montiveros. Y para el baile de “La salamanca” destaca la recopilación de Berta Vidal de Battini. “Caracterizarse de gaucho no es un disfraz”, enfatiza.

_ ¿Cree que hoy se puede vivir de la danza?

_ Hubo un momento glorioso de la danza que fue cuando se creó el coro, la orquesta y el ballet de la provincia.

_ ¿Esa vocación depende siempre de una decisión política?

_ Se puede lograr tener un ballet, pero hoy todo el mundo tiene sus ocupaciones. Si se les paga a los bailarines, se les puede exigir. Si no te dan una ayuda es muy difícil.

_ ¿Qué aprendió en cada faceta, es decir como bailarina y después como directora?

_Como bailarina tenía un estilo, una fuerza interna que gustaba y yo ni cuenta me daba. Como directora siempre mantuve a los grupos unidos.

Habitando aún su universo de luz y movimiento, la artista cuyos ballets representaron a la juventud puntana en diversas latitudes durante años, cuenta que disfruta ver la desenvoltura en los jóvenes danzantes de folclore actual. Y reflexiona: “Más que el aplauso, lo importante es el puente que hacen los bailarines con el público”.

Nota y fotos: Matías Gómez.

Corrección: Mariano Pennisi.

Contenidista: Cecilia Sosa.