Conocé de la carrera más importante de Latinoamérica desde adentro: la intimidad del pelotón, cómo los ciclistas hacen todo sin parar, desde hidratarse y curarse, hasta ir al baño, charlar e incluso golpearse. Las velocidades a las que corren, el trabajo de equipo, las caídas y las reglas de la caravana.

Los ciclistas no para ni para curar sus heridas

Los ciclistas no para ni para curar sus heridas

Las bocinas, silbatos y sirenas empiezan a sonar, el grito “vamoooo” se repite entre los comisarios, y la adrenalina pasa de cuerpo en cuerpo como una electricidad. El Tour de San Luis está en marcha y es imposible no sentir la emoción que genera ese instante en el que todos deben acelerar porque los 162 ciclistas largan a fondo mientras miles de personas a los costados de la calle gritan, aplauden y agitan banderas. Es EL momento y acá estamos adentro, subidos a una de las 15 motos que otorga la organización para seguir la mejor prueba de Latinoamérica desde la intimidad del pelotón.

Lo que primero impresiona es que los pedalistas hacen todo sin detenerse. O casi todo. En etapas que pueden durar 4h30 (para recorrer 180/190 kilómetros) hay que ir al baño y ellos sólo paran al costado de la ruta cuando la carrera tiene ritmo tranqui. Sino es impresionante ver cómo hacen pipí mientras corren. O como después de una caída van a la par de un auto y una médica los va curando mientras pedalean a 40 km. Tampoco paran para hidratarse o alimentarse. Les alcanzan bolsitas que tienen barras de cereal, geles y bebidas (incluso coca porque lo dulce ayuda).

El trabajo en equipo es permanente y no sólo en la definición. Los gregarios (o peones) salen del pelotón y van hasta atrás para recibir órdenes (en esta carrera no hay radios) o cargarse de caramañolas. Es sorprendente observar cómo son capaces de llevar 8 ó 10 botellas en sus mallas para repartir entre sus compañeros. Y en ese momento se ven algunas trampitas. Los ciclistas toman las botellas de las manos de los auxiliares y no las sueltan, así son impulsados algunos metros por el auto.

La caravana a todo ritmo

La caravana a todo ritmo

La caravana contiene 40 vehículos (26 de equipos, cuatro de auxilio extra, cuatro camionetas de Policía, tres ambulancias y tres de la organización) y 30 motos, además de los competidores. Por eso ir adentro requiere un extremo cuidado, concentración y respeto por las reglas. El que las inclumple, es sancionado y quizás expulsado. Sean fotógrafos o equipos. Se puede entrar y salir del pelotón pero sólo con la orden del árbitro principal, que es duro porque hay veedor UCI que puede penar al Tour. Los autos de los conjuntos son llamados por radio (hay dos: una del comisario con equipos y otra sólo para autoridades) cuando un pedalista sufre un desperfecto o pide una orden. Y ahí avanzan por la izquierda a toda velocidad, buscando el pelotón. Mejor no cruzarse…

 

Cuando uno se pone al costado del grupo (a veces con forma de víbora humana) es sorprendente ver cómo tantos ciclistas pueden ir en tan poco espacio. Van rueda con rueda (1/2 centímetros de distancia), tocándose con hombros o codos (hasta se pegan). Y, aunque cuando para ellos es ir “paseando”, la velocidad media es de 45km. Sí, todos juntitos, hablando y haciendo chistes. Hay códigos que muchos respetan y otros, no, como en todos los deportes. Por eso sobran las puteadas. Y los accidentes. En las rodadas se pegan feo, pero la mayoría sigue, aun magullado y sangrando. “Así es el ciclismo. Sólo abandonamos si hay quebraduras. Las lesiones más comunes son en la clavícula y muñecas”, cuenta Leandro Messineo, de San Luis Somos Todos.

Algunos se fugan y la mayoría sigue en el pelotón, donde se protege del viento y se hace menos esfuerzo. Se calcula que el primero de la fila va al 100%, el segundo ya el 75% y el tercero al 50%. Los demás, pasean. Pero también aceleran. Y cuando lo hacen llegan hasta 80 kilómetros en bajada. Hay que estar muy atentos en motos y autos porque todos deben acelerar porque se te vienen encima por más que vengan en bicis. Uno, sea arriba de un auto o en moto, termina la etapa muy cansado. Y ellos, luego de cada etapa, parecen que no lo estuvieran. La diferencia entre ser un periodista y un ciclista profesional.

Nota: Julián Mozo

Fotos:Agencia San Luis