Lorena Galarza, docente facilitadora de Carpintería y autora de uno de los mejores ensayos del simposio “Construyendo Roles”, propone transformar el rol docente para dar respuesta a la realidad que viven los alumnos. “Debemos acompañar el cambio y brindar una educación de calidad”, asegura.

- “20/30 fue un aprendizaje mutuo: no sólo los alumnos aprendieron, yo también lo hice”, expresó la facilitadora de Carpintería.

“20/30 fue un aprendizaje mutuo: no sólo los alumnos aprendieron, yo también lo hice”, expresó la facilitadora de Carpintería.

El plan 20/30 significó para muchos docentes concebir la profesión desde otra perspectiva, desde una mirada más integral. Y es que dentro del aula no sólo facilitan el conocimiento sino que acompañan en el proceso a alumnos con distintas realidades y tiempos de aprendizaje. Este desafío fue analizado por Lorena Galarza, docente facilitadora de la localidad de Carpintería, en el ensayo “La construcción de roles en el plan 20/30. Impacto para la mejora del rol del facilitador”.

“El mundo que nos rodea se transforma día a día. Los alumnos tienen nuevas necesidades e intereses y, para poder insertarse en la sociedad, en el mundo laboral o continuar con sus estudios terciarios o universitarios, nosotros como educadores debemos acompañar ese cambio y brindar una educación de calidad”, asegura Galarza, cuya ponencia fue reconocida en el 1° Simposio del plan 20/30 “Construyendo Roles”.

Para dar respuesta a esta realidad, la facilitadora propone repensar el rol docente: “Debemos transformar las prácticas áulicas, reconocer nuestras fortalezas y debilidades, y ser capaces de motivar y estimular el proceso de enseñanza-aprendizaje teniendo en cuenta las características de cada alumno”.

Un rol que presenta desafíos diarios

Tal como describe la facilitadora de Carpintería, una vía para lograr esta transformación es la metodología de las Escuelas Públicas Digitales (EPD): un esquema que se centra en la educación autorregulada y personalizada, y en el uso de las nuevas tecnologías.

“Nuestra labor como facilitadores implica guiar de manera personalizada a cada alumno dentro de este nuevo proceso educativo, para que pueda alcanzar progresivamente la realización personal y la autonomía de aprendizaje”, asegura Galarza. Y añade: “Todo nuestro accionar debe estar orientado a que se conozca a sí mismo y aprenda a reconocer sus fortalezas y debilidades”.

En este sentido, resalta cuatro aspectos clave que pueden contribuir a esta tarea. “Los docentes tenemos que ser capaces de conocer al otro, entablar una comprensión recíproca sostenerlos para evitar que abandonen, destacando su grado de esfuerzo, y ser constantes, sinceros y auténticos”, enumeró.

Aprender del otro

Oriunda de la provincia de Buenos Aires, Lorena comenzó su carrera docente hace 16 años. En 1996 obtuvo el título como Maestra Especializada en el Nivel Inicial y 15 años más tarde se mudó a la localidad sanluiseña de Carpintería. Fue en San Luis donde encontró oportunidades y desafíos únicos.

“El plan 20/30 fue mi primera experiencia como docente de adultos. El primer día de clases sentí como si recién me hubiera recibido. Era algo totalmente nuevo para mí”, recuerda. Y describe: “Fue un aprendizaje mutuo: no sólo los alumnos aprendieron; yo también lo hice. Logramos formar un hermoso grupo que, en muchas oportunidades, traspasó los límites del estudio. Entre mates y charlas escuchábamos sus problemas, les dábamos fuerza para enfrentar problemas personales y que no dejaran sus sueños librados al azar. Les transmitimos que con esfuerzo, uno puede lograr la meta que se proponga”.

Nota y foto: Prensa Universidad de La Punta