Toda su oferta educativa estará basada en este paradigma educativo. La nueva metodología propone formar profesionales capaces y competentes. De este modo, la ULP busca convertirse en una “universidad diferente”.

La secretaria académica de la ULP, Marcela Magallanes

La secretaria académica de la ULP, Marcela Magallanes

Por estos días, cientos de jóvenes sanluiseños deciden qué carrera estudiar y dónde hacerlo. En estos momentos en que el “qué” y el “dónde” resultan dilemas cuasi existenciales, el “cómo” se transforma en una nueva variable a tener en cuenta. La Universidad de La Punta (ULP) ofrecerá a partir de 2014 un “cómo” innovador: los planes de estudio de todas sus carreras -tanto las nuevas como las existentes- estarán basados en la enseñanza y aprendizaje en competencias.

Pero, ¿qué implica educar y aprender en competencias? Según Marcela Magallanes, secretaria Académica de la ULP: “Formar en competencias significa apostar a nuestros alumnos para que puedan desenvolverse en ambientes educativos cooperativos. Implica pasar de una instrucción e información de contenidos a una formación en capacidades, habilidades, destrezas y competencias”.

De esta manera, se apuntará a formar futuros profesionales capaces y competentes, y no meros receptores de saberes y datos. Para Magallanes, esta es la base de una “universidad diferente” (sic.): “La ULP se convertirá en una universidad que brinda conocimientos y herramientas para que los alumnos sean capaces de resolver situaciones problemáticas en tiempo real, trabajar en proyectos y crear sus propios portfolios con sus alcances y aprendizajes”.

Esto hace pensar en un proceso de enseñanza-aprendizaje centrado en un “pensar haciendo” y en un “hacer pensando”. “El proceso comprende tres principios: el ´Saber´, el ´Saber Hacer´ y el ´Ser´. Todos ellos buscan una educación integral, dentro del marco de un aprendizaje autorregulado”, explicó la secretaria académica.

Desarrollar competencias en los alumnos

¿Qué y cuáles son estas competencias?

El sociólogo Philippe Perrenoud propone como noción de competencia “la capacidad de actuar de manera eficaz en un tipo definido de situación, que se apoya en conocimientos pero no se reduce a ellos” (Perrenoud, 1999:7).

Este concepto también es tratado por Adriana Aristimuño en su trabajo “Las competencias en la educación superior: ¿demonio u oportunidad?” Según la autora: “La complejidad del problema es patente para la educación superior: se trata de formar estudiantes que tendrán que saber hacer determinadas cosas apoyados en determinados conocimientos, pero no solo en ellos” (Aristimuño, 2004: 3).

Sobre este punto se puede mencionar, además, el estudio realizado por el Comité Nacional de Investigación sobre la Educación Superior de Londres, que habla de “habilidades llave”. Estas se definen como aquellas habilidades personales e intelectuales que están conectadas con el trabajo y que permiten aprender a aprender. Entre ellas se destacan:

• Comunicación.

• Aplicación de números.

• Tecnología de la información.

• Mejora del propio aprendizaje y desarrollo.

• Trabajo en equipo.

• Resolución de problemas.

El desafío de los docentes

La nueva metodología plantea un desafío a los docentes, ya que, el pasaje de la adquisición de conocimientos al dominio de una competencia, no es algo lineal o unidireccional. Según Magallanes: “Requiere de un proceso de aprendizaje apoyado en determinados conocimientos y el desarrollo de contenidos enriquecidos con experiencias, debate de opiniones, iniciativas, proyectos y otros”.

En este sentido, los docentes asumirán la tarea de acomodar cualquier iniciativa de enseñanza al contexto del alumno, para hacerlo sentir protagonista y constructor de su propio aprendizaje. “La óptima realización de una tarea académica depende no solo de las capacidades de los alumnos sino de su motivación y su evaluación”, aseguró la secretaria académica.

Nota y Foto: Prensa ULP