En la Florida se desarrolla  la etapa previa de liberación. Habían llegado  desde Buenos Aires tras un decomiso realizado por la Dirección de Fauna de la Nación.

Llegaron a San Luis para ser rehabilitadas en el Centro de Conservación de Vida Silvestre de la Florida, a partir de un  convenio de cooperación firmado entre el Ministerio de Medio Ambiente y el Zoológico de Buenos Aires, teniendo en cuenta que se trata de una especie amenazada.

“En la Provincia contamos con disponibilidad de buenos ambientes para la recuperación de esta y otras especies, por esto las boas transitaron en el Centro de Conservación la última etapa de recuperación y fueron liberadas antes del comienzo del frío, para asegurar su adaptación y la obtención de un buen tamaño antes de la hibernación. Nuestros especialistas les colocaron un chip para poder realizar un seguimiento de los ejemplares en caso de que sean recapturados por el tráfico ilegal de especies”, detalló la ministra.

“Para nosotros es muy importante que nuestras especies autóctonas vuelvan a su hábitat a cumplir el rol que les fue arrebatado al ser capturadas para ser comercializadas en el mercado negro. San Luis tiene mucho para aportar en este sentido y lo estamos haciendo, espacios adecuados, personal capacitado y espacios protegidos por el Gobierno de la Provincia para que nuestra fauna pueda ser liberada y viva en su hábitat natural, resguardada por guardaparques, leyes y controles”, enfatizó la Ministra de Medio Ambiente.

Por su parte, el jefe de Programa Biodiversidad, Jorge Heider, expresó, “la provincia se incorpora como un importante eslabón en la cadena de recuperación e introducción de diversas especies autóctonas. Lo hicimos con las lampalaguas, con el águila coronada que recientemente liberamos y demás especies”.

¿Cómo fue la rehabilitación?

Para recuperar a las lampalaguas, los profesionales del Ministerio de Medio Ambiente alimentaron a las boas con roedores congelados que llegan desde Buenos Aires, especialmente para ese fin. “Las alimentábamos una vez por semana. Estos reptiles comen según la temperatura del ambiente, pueden permanecer meses sin comer, en el invierno hibernan y eligen para alimentarse los días de mayor calor, con hábitos crepusculares, es decir que al caer el sol registran el período de mayor actividad”, detalló el veterinario del Centro de Conservación, Agustín González.

Las lampalaguas fueron pesadas periódicamente para asegurar que lleguen a la liberación con un buen peso promedio, que para esta especie ronda los 3.5 kilogramos. Es importante liberarlas antes del comienzo del frío, para asegurar su adaptación y que tengan un buen tamaño antes de la hibernación.

“Cada uno de las víboras será devuelta a su hábitat con un chip, así en caso que vuelvan a ser capturadas nosotros podremos saber su historia y, fundamentalmente, conocer el punto de captura”, señaló González.

Se rehabilitaron cuatro lampalaguas o boas de las vizcacheras

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