La actividad industrial cayó 8,8% en un año, y un 10,6% si se comparan los primeros cuatrimestres del 2018 versus 2017. Paralelamente más de 1 de cada 2 niños son pobres y el 13% pasó hambre.

Los índices que publica el INDEC sobre Producción Industrial Manufacturera, aparecen la más de las veces como lejanos, ajenos y que no se relacionan con nuestro cotidiano vivir. Pero se transforman en tragedia si llega el telegrama de despido. Todo se trastoca. La habitualidad cambia. Llevar el pan a la mesa se transforma en una odisea.

Argentina, sin políticas económicas que tengan en su agenda la producción y el trabajo, acaba de completar un año de caída. Son doce meses consecutivos, en que si se compara un mes cualquiera con el mismo mes del año pasado, hubo menos producción. Frases como “brotes verdes” o “lo peor ya paso” caen en saco roto.

Abril fue un muy más mes para la industria. Cayó 8,8% su producción interanual. Pero el primer cuatrimestre fue peor, la merma en la actividad fue del 10,6. Si bien se mejora abril contra marzo, no alcanza para decir, por ahora que hemos tocado fondo.

Esto números tienen amplias consecuencias en la desocupación, el consumo, los salarios, etc. Más me detendré en un reciente informe de la Universidad Católica Argentina, que desde su Observatorio de la Deuda Social Argentina, publicó “Pobreza, derechos e infancias en la Argentina (2010-2018)”.

Los datos son escalofriantes: 51,7% de los niños, niñas y adolescentes argentinos es pobre, desde una mirada monetaria. Más de la mitad. Casi 52 de cada 100 chicos. En el conurbano bonaerense, donde más niños hay, la situación es peor, son 63,6% los pobres. Dos de cada 3 niños. Empeoró más de 9 puntos en un año, cuando medía 54,2%.

La indigencia monetaria, es decir, los niños que pasan hambre, paso de 9,9 a 10,9 en un año. Más de uno de cada 10 chicos pasa hambre en la argentina. Un 29,3%, casi 3 de cada 10 chicos, no come bien. Terrible, incomprensible, doloroso.

Pero los adolescentes cuyas familias están más acomodadas, también sufren la realidad del país. Si bien existe una tendencia a la baja del trabajo infantil urbano, hay un crecimiento se incrementó un 15,5% en el último año. En el informe se lee: “Lo notable es que dicho incremento se advierte en las infancias y adolescencias de estratos medios y altos”.

 

Si no existe un drástico cambio de políticas nacionales, esto empeorará.