En el discurso ante la Asamblea Legislativa, Alberto Rodríguez Saá dijo que San Luis es un Estado que abraza a todos. Los vecinos de Balde de Azcurra, lo sienten.

Al norte de la provincia, bien al norte, la polvareda que levantan autos y camionetas que desde San Luis llevan a servidores públicos, llama la atención de los pobladores de un paraje periférico, Balde de Azcurra. Nombre que muchos, quizá la mayoría de los puntanos, no conocían. Allí, un puñado de personas hace patria, en silencio, a la distancia.

Las estadísticas nacionales sobre infraestructura y utilización de servicios, no los considera. Son pocos, están lejos. Seguramente, nunca los encuestaron para saber a quién van a votar, ni recibieron promotores ofreciendo fabulosos servicios o descuentos extraordinarios. Están solos. Pero, ese chivo que te comiste en un asado con tus amigos, pudo haber sido criado por allí y si no, seguramente fue en un paraje parecido.

Su economía se basa en la siembra y cosecha de sus huertas y en la venta de chanchos y chivos que crían en corrales; en alguna que otra oveja y las siempre nobles gallinas que aportan su huevo diario. Hasta la semana pasada, conservar los alimentos era una odisea. El tendido eléctrico domiciliario no llega hasta su casa. No es rentable. Las reglas del mercado, lo imposibilitan.

Un equipo de servidores públicos, les tendió una mano. Los abrazó. Instalaron en sus patios paneles solares, cablearon, colocaron los enchufes y en ellos enchufaron heladeras. En la escuela, una cuadrilla, hizo una huerta, llevaron los plantines y los plantaron. Los de Balde de Azcurra saben de la métie, pero unos consejos bienintencionados nunca vienen mal así que, se les brindó una capacitación.

Los representantes del Estado de San Luis vacunaron a los animales y certificaron su sanidad. Ahora los chivos valen un poco más y es más fácil venderlos. Y sí, también entregaron chapas o alambre olímpico, para que puedan mejorar las pequeñas instalaciones productivas, familiares y locales.

Mientras la humanidad acaba de fotografiar por primera vez un agujero negro a millones de años luz, aquí al norte, en un diminuto e imperceptible punto del universo, un puñado de puntanos, en Balde de Azcurra, se sintió abrazado y mejoró su calidad de vida.