Mientras las innovadoras escuelas puntanas son reconocidas en el mundo, Argentina ajusta en ciencia y técnica. Menos investigadores para el Conicet.

Los que transitamos la escuela en el siglo XX, fuimos a una institución pensada en el siglo XIX y para atender sus necesidades. La Revolución Industrial que trajo las fábricas y la producción en serie, requería obreros que pudieran compartir un espacio, que respetaran las jerarquías y los tiempos, que entendieran de turnos, etc. Por ello, las aulas, el timbre, director, subdirector, secretaría, preceptor, alumno (el orden jerárquico), las filas, el orden, etc. La escuela daba respuesta a esa sociedad.

La sociedad que estamos transitando y cuyos cambios, promovidos por las nuevas tecnologías, son cada vez más acelerados, requiere una nueva forma de pensar la escuela o mejor aún, la educación. Lo que en la Edad Media tardaba siglos en modificarse, hoy en la vida de una persona ha cambiado varias veces. Quienes hoy tienen 70 años, no tenían televisión de niños, vivieron la carrera espacial y les cambió la vida la píldora anticonceptiva, la calculadora les duró un tiempito, hoy están con la tablet. La escuela siguió con sus bancos y sus timbres.

Las escuelas generativas, públicas y gratuitas, son un intento de dar respuesta a los requerimientos de los nuevos tiempos y los que vendrán. Miran las aptitudes personales, acceden al conocimiento a través de sus inquietudes, no reniegan de la tecnología, es más las incorporan. Innovan.

El tiempo dirá si son la respuesta. Lo seguro es que son un novedoso intento de dar cuenta a su tiempo y a su sociedad.

Paralelamente nos enteramos que la Nación, debido al ajuste y al presupuesto aprobado el año pasado, ha reducido el ingreso de investigadores al Conicet. El monto anual destinado a este organismo equivale a lo que en los próximos diez días el BCRA pagará a los bancos por los intereses que les rinden las LeLiq.

Un país con aspiraciones, no puede no invertir en ciencia y tecnología, en educación. Sobre el tema hace uno días, Jorge Aliaga, de extenso currículum en la vida universitaria y la gestión, dijo: “Si hay pobreza, no te podés dar el lujo de no invertir más en CyT”.

Ingresaron 450 en vez de los 1251 prometidos. Hubo 2595 postulantes y solo ingresó el 17,3%. En 2015 ingresaron 943, tres años después menos de la mitad.

Mientras San Luis es premiado internacionalmente por su búsqueda de caminos innovadores en educación, la Nación se ajusta también en ciencia y técnica.