Arcor, la empresa alimenticia más grande del país, perdió más de $6.200 millones.

Cuando el Gobierno nacional pifia en materia económica, los ciudadanos lo padecen. También las empresas. Las pequeñas y medianas, con menos espalda, directamente cierran. En la actual gestión, han bajado sus persianas, 9.500, y si se tiene en cuenta a las no registradas, ese número asciende a 10.700 según la Asociación Pyme. Los datos oficiales (INDEC) dicen que desde diciembre de 2015 a junio de 2018, cerraron 7.800. Información similar si se tiene en cuenta que el tercer trimestre de este año ha sido de los peores.

Pero la malaria no es sólo de los ciudadanos y las pymes, también las grandes empresas la sufren. Arcor, la empresa alimentaria más importante de Argentina, cierra uno de los peores balances de su historia. Pierde, a septiembre, más de $6.200 millones.

¿Se le puede achacar la culpa a su gestión comercial? No. Sus ventas aumentaron un 40 %, es decir acompañaron la inflación. El problema está en la fuerte devaluación de la moneda y en las altas tasas de interés para su financiamiento. En julio, agosto y septiembre, trimestre donde impactó la devaluación y las tasas del Central estuvieron en torno al 70 % anual, la empresa perdió $3.700 millones. Sus gastos financieros, pasaron de casi $2.000 a poco más de $13.000 millones en un año.

¿Las tarifas y el precio de la nafta tuvieron que ver? Sí. Los gastos de administración y comercialización le crecieron un 33 % en términos reales y pasaron de 30 a 40 puntos en su estructura.

¿Cómo influyeron las tasas de interés? Las grandes empresas usan de la financiación pues si bien su capital es grande, no siempre está disponible para las actividades cotidianas. Los gastos en préstamos le crecieron al doble en un año y sus pasivos financieros pasaron de 30 a 57 mil millones, entre balances.

Así, difícilmente Argentina sea el supermercado del mundo. No es el camino para ser la fábrica de alimentos.