Las niñas sirias que llegaron este sábado a la provincia asistieron a su primer día de clases en la escuela generativa.

De a poco, los miedos ante el encuentro con una cultura diferente se esfuman. Para las dos nuevas familias sirias fue cálida la bienvenida porque estuvieron acompañados por sus compatriotas ya adaptados al suelo puntano.

Este miércoles a la mañana, los nervios por el primer día de clases también se evaporaron. Con un cordón humano, todos los estudiantes recibieron a Nataly, Lina y Senti, de entre 10 y 12 años, bajo un clima festivo. Hubo un acto y juegos para facilitar la integración. Sus padres, Amani y Hussam, quienes vinieron desde El Líbano, y Silvia y Jan, procedentes de Horms, Siria, mostraron unas sonrisas imborrables apenas se abrieron las puertas del club. Hermandad, a pesar de la guerra.

“Vemos las estadísticas sobre los niños refugiados y muy pocos tienen acceso a la educación”, señaló Liliana Scheines, coordinadora del Comité de Refugiados de San Luis.

Majb, el primer refugiado, esta vez ofició de traductor. “Es genial para ellos. En Siria no tenemos este tipo de escuelas”, dijo Jan. “Primero, aprender el idioma. Por ahora tranquilos y todo será para mejor después”, agregó Silvia.

“Los ayudaremos con la escuela, la casa y a estudiar español”, expresaron Mikl y Joseph, los niños refugiados que viven hace más de un año en la provincia.

Por su parte, la directora Mabel Domínguez expresó que es un día histórico para la institución que ya cuenta con la experiencia de integrar pedagógicamente a siete refugiados.

“Hacemos un proceso de alfabetización porque no conocen el idioma. Tenemos un sistema que nos dio muchos resultados el año pasado. En tres o cuatro meses los chicos ya leen, escriben y hacen las operaciones matemáticas”, explicó.

“El sistema de las escuelas generativas es muy bueno para ellos porque es personalizado y cada niño va según su ritmo”, destacó Scheines.

 

Nota y fotos: ANSL.