La cita fue en la escuela Nº 317 “Eleodoro Francisco Vila”, donde los chicos y sus familias se congregaron desde temprano para disfrutar de la fiesta del fútbol. No faltaron los colores celeste y blanco, la alegría y la comida bien argentina.

 

“Los parajes en nuestra provincia tienen mucha importancia y son un gran motor. El trabajo de los docentes rurales tiene mucho compromiso y siempre que visitamos el interior nos da mucha alegría”, dijo la ministra de Educación, Natalia Spinuzza, minutos antes de compartir la inauguración y el primer partido del Mundial.

En los últimos días las temperaturas bajo cero dominaron esta zona habitada por alrededor de cien personas. Pero las familias se olvidaron del otoño para preparar tortas fritas, quince docenas de empanadas, ollas de mate cocido, cortar el pasto y acompañar a los más pequeños en la ilusión nacional.

Ángela Rojo, la directora, se emocionó al compartir en pantalla grande y gratis el evento deportivo junto a una autoridad educativa, por primera vez. “Nos sentimos mimados por el Gobierno”, expresó.

“Veníamos trabajando el proyecto del Mundial desde abril. Es muy interesante porque estamos aprendiendo de otras culturas sin obligación. Los chicos están usando los celulares para investigar, en vez de estar en las redes sociales”, aseguró.

Una centenaria institución

Rojo es directora hace veinte años. “Cuando vine los cardos estaban altísimos, había vidrios rotos, el mesón estaba con muchísimos yuyos, hacían el mate cocido en el aula porque esta cocina no se usaba, era un descuido total”, describió sobre el panorama que le tocó enfrentar a sus 28 años.

La escuela funciona desde 1911. “Primero estuvo en un ranchito, cerca de Villa Larca, y después se fue trasladando porque alquilaban un rancho y se caía, hasta que en 1962 se fundó acá”, describió Rojo el terreno actual, que fue incluso un almacén de ramos generales.

En el 2006 se hizo la refacción y ampliación del edifico: cierre perimetral, salón de usos múltiples y playón deportivo.

La centenaria institución está rodeada por varias estancias. Una cerca de Ojo del Río, a ocho kilómetros, y otras en un radio de veinte o treinta kilómetros, y de la planta recicladora de El Jote.

Desde la ruta hasta las tizas hay doce kilómetros de tierra. Asisten 27 estudiantes. “Desde el año pasado conseguimos el transporte porque antes los niños se venían a caballo”, agregó.

La vecina Juana Flores tiene una sonrisa de oreja a oreja. “Vine hace 35 años acá. Mis hijos vinieron a esta escuela”, contó la beneficiaria del Plan de Inclusión Social.

“Acá hice mi vida”, explicó emocionada “Juanita” con las manos llenas de harina y sombrero con los colores argentinos.