Tiene 7 años y está dando los primeros pasos en la categoría escuela. Hizo básquet y atletismo, pero cuando se subió a un karting no se bajó más.

Juan Pablo Ríos Bona, un apasionado del karting con tan sólo 7 años.

Juan Pablo Ríos Bona es un apasionado del karting. Con tan sólo 7 años se anima a correr y participa del Provincial. Hizo básquet y atletismo, pero cuando tuvo la chance de subirse a un karting, se dio cuenta que ese era su hábitat natural.

Eligió este deporte por su papá Rolando, un gran amante de los fierros. Es fanático de Boca, pero los domingos cuando hay pruebas, no escucha los partidos. Cursa el segundo grado en el Instituto “Araipi”. “Me levanto feliz. Mamá me lleva todos los días al cole y después me va a buscar mi papá. Me voy al taller a ver a mis amigos. Aprendo mucho de mi papá cuando arma los autos”, dijo Juampi, que a pesar de su corta edad está bien seguro de lo que quiere.

Su mamá Verónica hace atletismo, deporte que abrazó Juan Pablo, pero después se inclinó por el karting. Su papá Rolo es el encargado de entrenarlo. “Es mi ídolo”, dijo el pequeño gigante del volante. “Mi primera carrera fue un poco difícil porque nunca antes había corrido, pero lo importante es que me divertí”, aseveró.

Es familiero. Tiene una sonrisa amplia. Disfruta cada momento. Con los papás. Con su hermana Macarena. Con los amigos. Con los compañeros del colegio. Le gusta pasar mucho tiempo en el taller. Ver cómo le arman el karting. Sentir ese “aroma” a automovilismo. La adrenalina de la previa. Es un piloto que se siente contento en la pista, pero también en la antesala de cada carrera.

El karting es como un amigo para él. Es increíble verlo cuando termina una prueba, con qué emoción relata y describe todo lo que vivió. Sueña con salir primero en el campeonato, pero también quiere que en ese momento, y siempre, esté su familia junto a él.

No siente miedo cuando corre. Es un nene que asimila rápido los consejos que le da su papá, que en la antesala de cada competencia le habla como papi y como preparador. Una especie de doble rol, que Juan Pablo sigue al pie de la letra.

Cuando termina de correr, sea cual fuere el resultado, se baja feliz. Y le pide a mamá esas ricas milanesas con puré que le hace.

Los papás lo acompañan a todos lados. Siempre le dicen que disfrute y se divierta. Eso es lo más importante. El resultado es secundario. Si llega, bien. Si no llega, es bueno saber que dejó todo, que a veces se puede y otras no.

En el colegio los compañeritos siempre le preguntan cómo le fue. Y él les cuenta alegre cada anécdota de la carrera. Le encanta matemáticas e italiano. Dos materias que disfruta.

Eligió el número 333 para su karting. “Por la edad de Cristo”, contestó con voz firme y segura. Con ese número se siente más seguro. Cuidado. Tiene la inocencia lógica de un nene de 7 años, pero en la carrera se concentra como un grande y el horizonte son la recta y las curvas. Son sus primeros pasos. Recién comienza a acelerar. Pero si sigue con esta pasión y con el apoyo de su gente, tendrá la chance de meter quinta a fondo por mucho tiempo más. Un pequeño gigante. El Juampi.

 

Nota: Daniel Valdes.

Foto: Marcelo Lacerda.